Cobquecura alberga a una de las últimas tejedoras en bolillo

Por: Carla Aliaga 10:30 AM 2017-02-27

El mar y sus olas atemorizantes, dan la bienvenida aCobquecura, la comuna costera de Ñuble. Entre sus calles coloniales, vive una longeva mujer, que con 94 años realiza un arte en extinción. María Elena Alarcón es tejedora en bolillo.

“Este trabajo es muy antiguo, en vías de desaparecer. En Cobquecura lo hago solamente yo y nadie se interesa por aprenderlo”, comparte la artesana que teje a ratos y en otro lee, además de practicar otras técnicas de tejido.

La técnica

Esta mujer trabaja la difícil forma de tejer con un bolillo, alfileres, hilo y más de 20 palitos de madera para crear sus tejidos y figuras en las franjas que parecen simples, pero que esconden un trabajo complejo.

El tejido de bolillos es una técnica de encaje textil que consiste en entretejer hilos que inicialmente están enrollados en bobinas, llamadas bolillos. A medida que progresa el trabajo, el tejido se sujeta mediante alfileres clavados en una almohadilla, que se llama “mundillo”. El lugar de los alfileres viene determinado por un patrón de agujeritos en la almohadilla.

La técnica del entrelazado en bolillo es una de las más difíciles de lograr y lleva consigo una dedicación enorme en los detalles de entrelazado, teniendo un alto valor estético-simbólico en quien la crea y en quien la desea adquirir.

“El bolillo debe ser en un género con líneas para que el tejido vaya derecho, porque sino, para allá y para acá quedaría una cosa indecente. Todos se van cruzando a la derecha los palitos”, explica con detalle.

María Elena avanza diez centímetros por día, por eso elabora franjas que sirven solo de adorno para cortinas, manteles y otras creaciones.

Tradición familiar

María Elena Alarcón nace en 1923, en Seriche, una pequeña localidad ubicada entre Quirihue y Cobquera. Es ahí donde comienza el aprendizaje de la técnica textil de “encaje de bolillos”, mezclada entre sus juegos de niñez y su responsabilidad de crianza de sus hermanos menores. 

En su tradición familiar, el hilado y el tejido es una labor común, su abuela paterna y materna eran muy asiduas al tejido, siendo en ellas las que le enseñaron la técnica de bolillo, con lo cual tiene una experiencia de 80 años. María Elena es de las pocas personas que quedan en Chile que realiza este arte que practica desde la niñez, es por esto que ha sido reconocida en varias publicaciones como “Mujeres sabias del CNCA”, tesis de grado, revistas, artículos, entre otros.

“Yo lo aprendí mocosita, 14 años tenía, mi mamá lo sabía. De las tres mujeres que éramos, fui la única que lo aprendí, tal vez las otras no se interesaban, pero a mi me gustaba y veía a la mamá cuando trabajaba, después ella me empezó a explicar”, recuerda con nostalgia y agrega “ahora tengo 94 años y a mi siempre me ha gustado, hay cosas que se llevan en la sangre. Me gusta, me entretengo y de algo sirve”.

Otras habilidades

Ella no solo teje a bolillo, también lo hace en crochet y en otra técnica que “se hace también con un palito, pero con una aguja especial”, relata y se esmera por elaborar cada pieza a la perfección. 

Además elabora artesanías con conchas de mar y también se dedica a la lectura, “para agilizar la mente”, dice.

“Yo lo hago porque me gusta, me entretengo, pero no para vivir de esto. De vez en cuando se venden algunas piezas, es muy lento, muy esclavizante, como a mi me gusta lo sigo haciendo, no sé hasta cuando”, sostiene.

Efectivamente, sus piezas se venden de vez en cuando en las ferias que organiza el municipio de Cobquecura, logrando gran interés especialmente entre los veraneantes. 

Pero María Elena ha hecho vairas cosas. Durante el año 2008 publicó un pequeño libro de versos bajo el título “Con hilos tejo mis vivencias, con ellos hilvano mis versos”.

La publicación está dedicada a la naturaleza y a una de sus hijas fallecidas, a quien perdió producto del cáncer.

A su edad, dice no descansar y comparte que le encanta estar activa, que han llegado personas a preguntar por sus habilidades con el interés de convertirse en sus pupilos, pero que el impulso no prospera.

“Me gustaría dejar este legado pero noto que no hay mucho interés, creo que nos soy egoista en ese sentido. Yo lo encuentro tan bonito, porque se hacen diferentes diseños. Han venido varias prsonas, quedan de volver y no las veo más”, comenta esbosando una sonrisa.

La longeva mujer lamenta no traspasar sus dotes, puesto que “esta técnica es mas añeja, dicen que la trajo Inés de Suárez a Chile, este es un trabajo español”, asegura. 

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