El masivo desembarco de los partidos políticos

Por: Renato Segura 2017-02-27
Renato Segura

“El desprestigio de la política” es un concepto que ha convocado a prominentes centros de investigación en Latinoamérica para su análisis y evaluación de impacto en el devenir de los países. Chile no ha sido la excepción. El concepto se ha instalado en el discurso de importantes personalidades públicas y es tema obligado en editoriales de medios de comunicación y en el análisis de insignes opinólogos del acontecer nacional.

Sin embargo, en la presente década, donde se ha instalado la percepción generalizada de un alto nivel de rechazo a la política, surge la paradoja de un crecimiento partidario sin parangón en la historia de Chile. De acuerdo a los registros del Servicio Electoral, a la fecha, existen 34 partidos políticos legalmente constituidos; 4 en formación; 27 con la inscripción caducada y 3 con la solicitud de inscripción rechazada. Es decir, con distinto grado de éxito, se han registrado 68 solicitudes de inscripción de partidos, de las cuales más del 80% se han materializado en la presente década. 

El alto interés por formar partidos políticos contrasta, además, con el bajo interés en la participación electoral de la población. En el balotaje de la elección presidencial del año 2013, participó un total de 5,7 millones de electores, de un padrón electoral de 13,4 millones, lo que equivale a una participación del 42,5%. En la elección municipal de 2016, los electores fueron 4,9 millones, de un padrón de 14,1 millones, equivalente a un 37,4% (una participación inferior a la registrada en el 2013).

Si la política está desprestigiada y el interés ciudadano por la participación electoral registra un descenso, ¿cómo se explica el salto cuántico en la irrupción de partidos políticos legalmente constituidos, los cuales, solo en el 2016, sumaron 20 nuevas agrupaciones? Un par de muchas teorías.

La teoría del caudillaje. Cuando existe un capital electoral consolidado, se generan incentivos para liderar unilateralmente un proyecto político. Un nuevo partido entrega la oportunidad de incorporar nuevos e incondicionales militantes.

La teoría del incentivo económico. A partir de la promulgación de la nueva ley de partidos políticos, donde se considera explícitamente su financiamiento, los proyectos individuales, que adolecían del interés de las coaliciones para ser financiados, ahora pueden ser materializados vía la creación de un partido y el consiguiente acceso a recursos.

Lo concreto es que, sea cual sea la motivación que existe detrás del fenómeno descrito, la evidencia señala una convergencia social en la demanda de modelos de sociedad con un mayor grado de atomización. Bajo este esquema, el actual modelo presidencial cuyo cometido apunta a mejorar el bienestar promedio de la sociedad, queda obsoleto. 

El país enfrenta la demanda creciente de soluciones a los problemas que enfrentan personas con diversas visiones de organización social. Hoy en día, existen marcadas diferencias entre los habitantes de un mismo país, una misma región, una misma comuna, barrio y hogar. En la sociedad, coexisten particularidades propias e intereses propios. Al menos la “partido político manía”, da cuenta de dicha realidad.

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