La lenta respuesta a quienes sufrieron pérdidas por terremoto de 2010

Por: Felipe Ahumada Fotografía: Victor Orellana 10:25 PM 2017-02-26

Cuando el 23 de agosto de 2014 la PDI de Chillán y el Ministerio Público anunciaron la captura de Magno Sandoval, el baqueano que se atrincheró en los faldeos de la precordillera en San Fabían, fue como si un capítulo destacado de la historia de la fuga de los 258 reos de la cárcel local en 2010, se hubiese cerrado. Y con honores.

Las razones para celebrar eran muchas. Primero el que de 258 reos que huyeron aprovechando el derrumbe de los muros, se haya capturado a casi el 98% entre los que regresaron voluntariamente y quienes fueron arrestados en Chile o en el extranjero por Carabineros o la PDI, resulta a todas luces, un éxito.

Y por otra parte se capturaba a uno que parecía imposible de atrapar porque estaba en las montañas por las que desde siempre actuó de baqueano y conocía cada rincón del sector. Se capturaba a un hombre alto, fornido y rudo que había sido condenado por tráfico de marihuana desde Argentina y que se convirtió en el símbolo de la búsqueda.

Pero la deuda aún sigue. “Hay cuatro por recapturar, y sabemos que uno de ellos estaría en el extranjero”, se explicó desde la unidad de comunicaciones de la Fiscalía Regional.

Ya se han hecho contactos y al parecer se conocería el paradero de éste.

Pero donde los resultados no son dignos de abrazos, es en la investigación por los cuatro reos fallecidos durante esa jornada. Tres de ellos a balazos y uno que murió quemado porque los mismos presos lo dejaron amarrado a un catre para que no pudiera escapar de las llamas.

Rodolfo Angel Leal Medina (31 años), imputado por hurto simple; Luis Guillermo López Velenzuela (22 años), imputado por robo; Jonathan Andrés Aguirre Aguirre (23 años), imputado por robo a lugar habitado; Horacio Ernesto Núñez Zambrado (41 años), imputado por robo a lugar habitado, conforman esta nómina.

Leal Medina, murió quemado. El resto por alguna bala de las Fuerzas de Orden o Gendarmería.

María Aguirre, madre de Jonathan, por años buscó justicia para su hijo, quien fue baleado en calle Vegas de Saldías, mientras estaba parado junto a un árbol.

“Él no estaba haciando nada, ni siquiera quería escapar y lo balearon. Unos carabineros lo tomaron cuando aún estaba con vida y lo llevaron a la entrada de la cárcel para que los gendarmes lo llevaran al hospital, pero no lo quisieron recibir porque decían que no tenían cómo llevarlo. Lo dejaron tirado en la entrada, y horas después cuando llegó la PDI, lo encontraron muerto tirado en la entrada”, acusó.

Desde la fiscalía explicaron que esas investigaciones se cerraron porque no se pudo establecer quienes fueron los autores de estas muertes ni en qué circunstancias ocurrieron.

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