Al gobernador no lo ayuden MAS

Por: Claudio Martínez Cerda 2017-02-20
Claudio Martínez Cerda

Director Santa María la Real-Chile
Estudios Universitarios: Universidad de Chile.
Postítulo: Magister en Administración Pública. Instituto Universitario Ortega y Gasset, Madrid, España, 1999. Universidad de Sevilla, España, 2003. Subdirector Administrativo de Gendarmería de Chile, 1991 – 1993. Director Nacional de Gendarmería de Chile, 1993 – 1997.

Allá por el año 1972, había una huelga en el Ministerio de Obras Públicas. El Presidente Allende decidió atravesar la calle Morandé e ir al MOP, ubicado hasta hoy frente a la mítica puerta de Morandé 80. Con paso decidido intento ingresar al edificio y el portero se lo impidió. Ante la sorpresa y el reclamo de Allende, el funcionario que custodiaba la puerta le dijo que no, que tenía orden de su partido de no dejar ingresar a nadie. Su partido era el Socialista, el mismo del Presidente. Este ministerio pertenece al PS sentenció el viejo militante. 

Los viejos militantes (en ese tiempo éramos jóvenes), aprendimos la lección: el cuoteo político exacerbado fue una entre otras de mayor complejidad, una de las causas de la caída de la Unidad Popular. No fue la principal, pero contribuyó a construir un escenario propicio a la sedición. 

A qué viene todo esto. A la desafortunada decisión de nombrar a un gobernador que no es de la provincia de Ñuble, sino por el contrario es de Concepción, situación por cierto de la cual él no es responsable. 

Probablemente a esta altura del partido (dicho sea de paso el nuevo gobernador se mostró muy activo en la crisis de los incendios forestales, lo que gatilló al parecer su tardía designación) lo que más ha contribuido a la controversia, aparte del hecho de su procedencia, son los argumentos que se han dado para justificar su designación, los que no dicen relación con sus competencias, sino que con el hecho de que la gobernación le pertenecería a un partido político, según ha manifestado explícitamente el presidente local de dicho partido, el MAS. Incluso se han insinuado criticas de que el gobernador no ha considerado esa “obligatoriedad” para con su partido, de nombrar (a un año del término del gobierno) a nuevos equipos pertenecientes a dicha tienda política. En buena hora digo yo. 

Parece que no hemos aprendido la lección, ni nos damos cuenta de qué es lo que espera la ciudadanía. No se espera que los nombramientos sean unos híbridos sin ideología, como algunos suponen equivocadamente que debería ser. Para eso hay un gobierno que lidera una coalición compuesta por partidos políticos. Pero de ahí a que la gobernación u otra designación de confianza de la Presidenta “pertenezca” a un partido y no pueda ser designado nadie más, aunque ténganos que esperar casi  tres meses para que después de un “Gratter le fond de la marmite” se materialice tal designación, parece un despropósito político. 

Es más, que se sustente tal designación exclusivamente en este argumento, lo único que consigue es aumentar el descredito de la política y de los gobiernos, porque queda meridianamente claro que a veces los intereses de la llamada clase política van por la vereda del frente de las aspiraciones de la gente.

Nadie pretende administraciones apolíticas, pero la jerarquía sobre las autoridades no está en los partidos sino que en la Presidenta de la República. No pueden tener las autoridades públicas doble dependencia, sería el comienzo de la desestructuración de la administración del Estado. Las dependencias públicas, entre ellos las gobernaciones, no son ni pueden ser un coto de caza de ningún partido, sino que son o debieran ser estructuras al servicio de la comunidad desde la perspectiva y visión de quien gobierna. Pero al servicio de la gente. Así ha parece haberlo comprendido afortunadamente nuestro gobernador, quien merece todo nuestro apoyo. Y digo nuestro, por el gobernador de la provincia de Ñuble, a la cual pertenecemos todos. Hay que apoyarlo, pero por favor no lo ayuden MAS, porque tiene méritos propios.

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