Los años en que la “Lechuguilla” jugaba en la calle Li-ber-tá

Por: 12:25 PM 2017-02-06

Si bien Violeta Parra nació en San Carlos, el 4 de octubre de 1917, al poco tiempo su familia se  trasladó hasta la casa que el abuelo paterno, José Calixto Parra, tenía detrás de la estación de Chillán.

De acuerdo a los audios grabados en 1979 por Catalina Rojas, esposa de Roberto Parra (hermano de Violeta) a la madre del clan, Clara Sandoval, los cuales fueron recogidos en un CD contenido en el libro “Roberto Parra, la vida que yo he pasado”, “ellos (los Parra) eran de Los Ángeles. Y no eran Parra, sino que eran Matus de la Parra, pero el gato se comió el resto del apellido. Cuando nos casamos con Nicanor hicimos los trámites y lo nombraron a la Escuela Colorá en Chillán, que quedaba por la gran avenida. Ahí fue profesor. Luego lo nombraron a San Fabián de Alico, nos fue a dejar mi papá, estábamos solitos y allá nació el Nicanor”, relató la matriarca.

En tanto, sobre sus padres (abuelos maternos de Violeta), Ricardo y Auderia; Clara narró lo siguiente: “Ellos vivieron siempre en Chillán, aunque tenían una propiedad en Perquilauquén”.

La familia Parra Sandoval se trasladó luego hasta Santiago, donde permaneció por breve tiempo, para recalar en Lautaro, hacia fines de 1921, cuando  su padre, Nicanor, fue nombrado profesor primario de la Escuela del Regimiento Andino Nº 4.  

La pérdida del empleo paterno debido a un decreto del Presidente Carlos Ibáñez del Campo, que prohibió que civiles trabajaran en las Fuerzas Armadas, obligó a la familia a retornar a Chillán, a una de las casas que tenía el abuelo en Villa Alegre. 

Clara Sandoval, en los audios registrados en 1979, recordó: “Yo le puse Lechuguilla (a Violeta), porque era tan diabla. Nicanor le puso Violeta. Era intrusa, no dejaba nada parado donde se metía”, cuenta, recordando a su hija.

Y sobre la vida en Lautaro, reconoce: “No lo pasamos bien, en esa cochiná de pueblo, qué tenía que irme para allá cuando estaba tan bien acá en Santiago. Don Arturo Alessandri no sé cuántos pasajes le dio a Nicanor para que acarreara a la familia. Yo no quería y Nicanor que era un loco por el sur me decía vamos negrita. Nos fuimos en el tren y nos bajamos en Chillán porque la Violeta en el tren se me enfermó, estaba con fiebre y arriba se le declaró la viruela. Cómo no íbamos a pasar a Chillán, cuando le saqué la ropa salió toda con costras. Se desfiguró la Violeta con la viruela, ella era tan bonita”, relató, recordando el triste episodio en la vida de la folclorista, que la marcó a fuego.

Según Catalina Rojas, cuñada de Violeta, “tuvieron que pasar por muchas miserias (los Parra Sandoval) porque a él lo trasladaban a cada rato para que le enseñara a leer y escribir a los soldados. Desde que salieron de San Fabián, hasta que llegaron a Chillán. Luego a Santiago y de regreso a Chillán. Fueron muchos traslados, y la familia siempre regresaba a Villa Alegre, en Chillán, al barrio en donde nacieron varios de sus hijos”.

La niña Violeta, según Nicanor

En una entrevista realizada en 1989 por Leonidas Romero a su hermano Nicanor, y publicada en la Revista Cyber Humanitatis de la Facultad de Filosofía y Humanidades de la U. de Chile, el antipoeta recordó la infancia de Violeta en Chillán.

“Yo recuerdo frases que decía ella, cuando muy niña, en Chillán. Juegos de niños. Yo ponía atención a eso. Ella tenía algunos años menos que yo, cuatro o cinco. Y yo era una especie de gurú cultural para ella. Había una relación muy estrecha, muy estrecha. A ella la profesora, la señorita Berta, le pedía poesías y ella las recitaba. Pero, frases de ella de la época. Me llamó mucho la atención la siguiente: “Viva el Dieciocho de Septiembre / con pulgas, piojos y liendres!” Ya está, miéchica. En un barrio de Chillán. Y esto otro era más repetido. Parece que perteneció al folclor de la zona. La calle principal de Chillán es la calle Libertad. Libertad y Constitución, que parten de la estación ahí. Entonces los ni­ños jugaban. Decían en su juego: “Mi papá con mi mama / se agarraron a patá’ / en la calle Li-ber-tá” Fíjate tú. Esos detalles los recuerdo yo, que tienen que ver con ella. Y por cierto que ella desde muy chica era un personaje que tenía que ver con el espectáculo, ¿Ah? Porque siempre en la casa el papá como profesor primario, músico y medio poeta, era muy aficionado a armar pequeños actos literarios, en la casa, con sus hijos. Y la Violeta que se lucía evidentemente. Ella sabía las canciones que se cantaban. Por ejemplo: “En una mesa te puse / un ramillete de flores, / María no seas ingrata, / regálame tus amores”. Pasos dobles, ¿Ah? Ésta era la época de la vitrola. Todo el mundo en los barrios tenía su vitrolita”, recordó Nicanor.

Violeta parte al mundo

Tras el retorno a Chillán, Violeta comenzó a estrechar lazos con su familia materna, con la que salió a recorrer los campos de la zona, especialmente Malloa (cerca de Huape), durante los meses de verano. 

La muerte de su padre, y la consiguiente pobreza, obligó a los hermanos Parra Sandoval a recorrer su  entorno  haciendo diferentes trabajos. 

Nicanor emigró a  Santiago a estudiar. Las  hijas mayores, Hilda, Violeta y sus hermanos salieron  a recorrer  Chillán. Luego, ellas se desplazaron hacia el norte en ferrocarril, deteniéndose en poblados como San Carlos, Parral, Longaví y Linares. Violeta dejaba su tierra, para conquistar el mundo.

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