[Editorial] No aprendemos

Por: Fotografía: Mauricio Ulloa 12:10 PM 2017-02-06

Los incendios que destruyeron 23 mil hectáreas en Ñuble y más de 100 mil en toda la Región del Bío Bío mostraron nuevamente que en materia de desastres naturales nuestro país no ha aprendido de prevención ni de combate, lo que es mucho más preocupante si se considera que los incendios forestales no son hechos inusuales. 

En lo que a prevención se refiere, la labor de educación que por ley le corresponde a Conaf no se cumple a cabalidad, lo que queda demostrado en la actitud negligente de los ciudadanos. 

Conaf, en la práctica, es un organismo con escaso financiamiento que se ve sobrepasado no sólo en el pobre trabajo educativo que desarrolla, sino que también en el combate al fuego, donde sus recursos humanos y materiales son claramente insuficientes para proteger las cerca de 40 millones de hectáreas de patrimonio forestal con que cuenta Chile. 

De igual forma, las instituciones encargadas de actuar frente a emergencias, como la Onemi, muestran una relativa superación en la reacción frente a situaciones límite si la comparamos con el terremoto de 2010, pero está muy lejos de cumplir la otra misión que le es encomendada y que está referida a la capacidad de anticipación de las emergencias. En este ámbito, la falta de financiamiento es un factor clave, pero también la insuficiente profesionalización de los funcionarios. 

Un hecho no menor a la hora de identificar las lecciones de este incendio es el modelo de desarrollo forestal que ha implementado Chile desde los años setenta, basado exclusivamente en la plantación de dos especies exóticas que si bien son altamente rentables por su rápido crecimiento (pino y eucalipto), constituyen un material altamente combustible, con escasa absorción de agua y menor resistencia al fuego. 

Si a eso se suma que no existen políticas de planificación del uso del suelo agrícola, lo que ha permitido la proliferación desmedida de estas especies, desplazando la agricultura y la vida campesina, se obtiene como resultado una amenaza latente para todo lo que rodea estos bosques artificiales: la agricultura y las personas. 

La modernización de la ley forestal es otra tarea pendiente que el incendio recordó a las autoridades, ya que por años se ha dicho que se requiere una reforma urgente, pero nada se ha hecho, lo que implica cambiar los incentivos a las plantaciones, fomentar cultivos endógenos y generar un cuerpo legal moderno que reúna estos aspectos y endurezca las penas y multas para los infractores, principalmente en aquellos casos de conducta negligente causante de incendios. 

Estos siniestros desnudaron las debilidades del sistema legal, de las políticas de prevención de incendios y de educación, de las instituciones de emergencia y del modelo de desarrollo económico y forestal, pero también mostró las dos caras de las redes sociales: la útil, no sólo como medio de información, sino como herramienta fiscalizadora de los ciudadanos frente al rol de las autoridades y de los organismos del Estado, e incluso de privados y la inútil, aquella que siembra infundios y difunde rumores. 

Chile no puede seguir repitiendo los errores en materia de catástrofes naturales, y es la autoridad la llamada a educar para prevenir, a modernizar la legislación, a mejorar el modelo de desarrollo forestal y aumentar los recursos de las instituciones de emergencia, para que ya no tengan como excusa la falta de financiamiento ante su mal desempeño.

 

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