Expertos descartan que actividad forestal sea factor de incendios

Por: Roberto Fernández Fotografía: Agencia Uno 04:05 PM 2017-02-05
Los incendios forestales registrados en las últimas semanas reabrieron la discusión sobre el papel de las plantaciones forestales como un eventual factor en la propagación del fuego, una discusión que tiene el antecedente cercano en lo ocurrido en Valparaíso a inicios de año, en que el siniestro destruyó más de 200 viviendas, tras lo cual, el alcalde Jorge Sharp propuso cortar todos los eucaliptos en la interfaz y reforestar con especies nativas, con el objetivo de evitar la ocurrencia de nuevos siniestros.
 
Para la autoridad comunal, los eucaliptos han transformado el ecosistema de los sectores altos de la ciudad haciéndolos secos y vulnerables a la acción del fuego. Una opinión similar han manifestado en Ñuble los agricultores del Valle del Itata, donde se concentró la mayor cantidad de focos y de hectáreas quemadas, precisamente por la gran superficie de plantaciones forestales que en dicha zona se emplazan. Desde la perspectiva de organizaciones campesinas y ambientalistas, e incluso, de representantes políticos, los pinos y eucaliptos no solo serían un factor que contribuiría a la ocurrencia y propagación de incendios, sino que también reducirían ostensiblemente la disponibilidad de agua en los acuíferos subterráneos.
 
En ese contexto, estas voces críticas han manifestado su oposición a una posible prórroga al decreto ley 701 de fomento forestal y a cualquier instrumento de bonificación de la forestación, tema que se encuentra en estudio en el Gobierno.
 
De hecho, la Corporación Chilena de la Madera (Corma), entidad gremial que agrupa a las empresas forestales, debió salir a responder a través de una declaración pública el lunes de esta semana:  “le pedimos a la ciudadanía no dejarse confundir por rumores infundados e incluso malintencionados que buscan desviar la atención de lo primordial y clave que es determinar las causas de estos incendios; y con este propósito no se trepida en desprestigiar y satanizar a una legítima actividad productiva del país, que aporta crecimiento, empleo y numerosos beneficios ambientales, debidamente validados y que está presente desde hace un siglo en Chile y que además, es una de las principales perjudicadas por esta ola de incendios.”  
 
Según el Censo Agropecuario de 2007, las plantaciones forestales en Ñuble cubren un total de 201 mil 217 hectáreas (15,2% del territorio de la provincia), principalmente de pinos y eucaliptos. Además, un estudio del Instituto Forestal publicado en 2015 reveló que Ñuble tiene potencial para aumentar en 134 mil 314 hectáreas sus cultivos forestales, es decir, un 10,2% de la superficie de la futura región.
 
“LA VEGETACIÓN NATIVA SE QUEMA IGUAL”
Pero esta mirada crítica no es compartida por algunos expertos, quienes coinciden en que una política de eliminación de estas especies sería una medida inadecuada, ineficaz e irresponsable con la comunidad.
 
Julio Torres, secretario ejecutivo del Colegio de Ingenieros Forestales, explicó que el planteamiento respecto de los pinos y eucaliptos es peligroso, debido a que genera una percepción errada de que existirían algunas especies arbóreas causantes de incendios mientras que otras no.
 
“Observo un riesgo en este discurso, no hay que ponerle apellido a la vegetación, porque ésta se quema siendo nativa, exótica, arbustiva o arbórea. Si tú no entiendes eso, la gente puede desarrollar una falsa sensación de confianza al estar rodeada de vegetación nativa, creyendo que no debe cortarla en el entorno inmediato de sus viviendas.”, dijo Torres.
 
Eduardo Peña, profesor de Ecología e Incendios Forestales de la Facultad de Ciencias Forestales de la Universidad de Concepción, desmintió la afirmación de que las especies nativas son prácticamente incombustibles ante la acción del fuego, en comparación con otros ejemplares arbóreos. Recordó que los incendios que afectaron al Parque Nacional Torres del Paine y al Parque Nacional Conguillío, arrasaron con miles de hectáreas de ejemplares que precisamente no eran eucaliptos, sino especies nativas.
 
“La vegetación nativa se quema igual que las especies introducidas e incluso, algunas de ellas se pueden inflamar más rápido que el eucaliptus, tal como lo muestra el tiempo de ignición de 8 especies nativas de la zona de Concepción que fueron comparadas y donde se encontró que el maqui tiene un tiempo de ignición menor que el eucaliptus y otras como peumo, litre y olivillo presentan un comportamiento similar”, señaló Peña.
 
SILVICULTURA PREVENTIVA
Más que una tala de eucaliptus, Pablo Honeyman, ingeniero forestal y académico investigador de la Universidad Mayor, apuntó a una solución de fondo de la problemática. Señaló que como país se debe profundizar una política de silvicultura preventiva, propiciando una serie de acciones que permitan disminuir la velocidad del fuego y la destrucción en caso de ocurrencia de una emergencia.
 
El académico de la Universidad Mayor planteó que “la silvicultura preventiva es una técnica en que se aplica al bosque una serie de medidas de acción, como podas de levantamiento de las copas, reducción de su volumen o reducir el sotobosque (vegetación superficial o del primer estrato). Es decir, técnicas silviculturales que lo que buscan es reducir la velocidad del fuego cuando el incendio llega a ese lugar y facilitar su combate”.
 
En la práctica, el desarrollo de estas técnicas permite a los habitantes de cerros, quebradas y sectores cercanos a plantaciones forestales, asumir un rol más activo en la prevención de incendios.  Según cifras de Conaf, el desarrollo de la silvicultura preventiva realizada en una hectárea impacta en la protección de otras 50 hectáreas que estaban en riesgo de incendio.
 
Eduardo Peña, de la Universidad de Concepción, agregó que  la recomendación internacional es que las viviendas en zona de riesgo presenten una franja despejada de vegetación de 30 a 50 metros, dejando una zona de pasto corto que haría controlable la acción del fuego ante la eventualidad de un siniestro y además, evita la erosión.
“Ahora, si uno además, en los próximos 30 metros reduce la densidad de árboles, entonces tendrías 60 metros en que el incendio sería superficial, con baja altura de llamas fuego  y sería fácil de controlar”, dijo Peña.
 
Pero para el secretario ejecutivo del Colegio de ingenieros forestales, esta solución debe estar integrada a una estrategia más amplia, como es una gestión territorial. Es decir, determinar dónde pueden establecerse casas aisladas rodeadas de vegetación y dónde la vegetación puede interactuar de manera segura con una franja de protección.
 
“Hay una interacción negativa entre las casas, sus habitantes y la vegetación circundante y la solución es enfrentar esa relación. Sacar las casas desde donde no deberían estar por situación de riesgo y generar franjas descubiertas de vegetación en el entorno de las viviendas que sí pueden permanecer en estas zonas”, dijo el personero.
 
El éxito de este tipo de políticas preventivas requiere que cada habitante de estos sectores se haga responsable del propio combustible que genera, lo que implica una preocupación permanente por controlar la presencia de vegetación, limpieza de basura en quebradas y realizar cortafuegos.
 
Esta realidad, por ejemplo, fue asumida por el Gobierno australiano, que tras el megaincendio de 2009, en que murieron más de un centenar de personas y más de 700 casas fueron destruidas en el Estado de Victoria, se potenció una política de silvicultura responsable en que cada habitante debía hacerse cargo del combustible que generaba, arriesgando incluso sanciones penales si incumplía esta medida.

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