[Editorial] Ayuda a agricultores

Por: Fotografía: Victor Orellana 10:20 AM 2017-02-04

El fuego que terminó consumiendo 25 mil hectáreas forestales y agrícolas de ocho comunas de Ñuble oscureció abruptamente el panorama de cientos de familias que viven de la agricultura.

Según el catastro de la Secretaría Regional Ministerial de Agricultura, se trata de, al menos, 830 productores afectados en la Región del Bío Bío, la mayoría de esta provincia y representan cientos de hectáreas de cultivos que no se recuperan en un mes, ni siquiera en un año, sino que en algunos casos, requerirán de cinco años para volver a producir lo mismo, y si es que logran hacerlo, pues los efectos ecológicos en los suelos, afectados en su capacidad de absorción de aguas lluvia y con pérdidas de nutrientes, impedirán una rápida regeneración de la capa vegetal. Como consecuencia, ese suelo quedará mucho más expuesto a la erosión.

Más que un negocio, más que el rendimiento por hectáreas, es un trabajo de toda la vida lo que consumió el fuego estos días y, lamentablemente, se trata de pequeños campesinos que no cuentan con un colchón financiero que les permita afrontar de buena forma siniestros como éste. Muchos de ellos, incluso, no han contratado seguros agrícolas. 

Revelador es lo que ocurre con los pequeños viticultores, quienes en marzo debían iniciar la vendimia y tenían altas expectativas respecto del precio que se pagaría esta temporada, sin embargo el desolador panorama que se observa en las tierras del secano, luego del paso del fuego, ahorra palabras: lo perdieron todo. 

Vides centenarias, sistemas de riego, bodegas, motores, extractores de agua, son parte de los daños catastrados, a los que deben sumarse otros efectos “silenciosos” de la irradiación de calor sobre las parras y bajo la superficie de la corteza de las plantas, como también sobre las vides que se salvaron, pues los vinos elaborados con uvas expuestas al humo se impregnan de ese sabor y obviamente pierden valor. 

Por ello, los subsidios que entregará el Gobierno, en el marco de la oportuna Emergencia Agrícola decretada la semana pasada, son un aporte (hasta $1,6 millones), pero a la luz del grado de destrucción, es evidente que será insuficiente.

Igualmente, es conveniente tener en cuenta que no debe ocurrir lo mismo que sucedió con el terremoto de 2010 y el mega incendio de Quillón en 2012, específicamente en lo relativo a la lentitud en la entrega de soluciones, así como en la falta de prolijidad de los entes públicos que deben administrar la ayuda, para evitar que aparezcan beneficiarios de papel dispuestos a profitar del Estado. 

El también llamado “terremoto rojo” destruyó sueños, arrasó con cultivos y convirtió en cenizas el trabajo de pequeños agricultores que han hecho de la tierra su fuente de ingresos y estilo de vida, contribuyendo de paso al desarrollo de las economías locales y de la provincia, en general. 

Por lo mismo, más allá de la solidaridad que debe existir de parte de los ñublensinos y del país hacia estas familias que lo perdieron todo, debe primar la cooperación con un sentido de justicia social de parte del Gobierno, que es el llamado a prestar la ayuda necesaria para que este grupo de chilenos vuelva a trabajar la tierra, aportando al desarrollo económico, a la generación de mano de obra y al objetivo estratégico de convertir a la futura Región de Ñuble en una potencia agroalimentaria.

 

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