[Editorial] Agricultura con menos agua

Por: Fotografía: Mauricio Ulloa 09:30 AM 2017-02-02

Por años, en Ñuble, se planificó la agricultura, sobre la base de la premisa de que el agua es abundante. Y esa idea no era tan errada, pues la demanda tampoco era grande. Con el paso de los años, sin embargo, se ha observado un incremento de la demanda, pero principalmente, una reducción de la oferta, es decir, la disminución de las precipitaciones y el aumento de las temperaturas, ha reducido la disponibilidad de agua y ha generado conflictos que hace unas décadas eran inimaginables. 

La escasez hídrica, independiente de sus causas, exige la adopción de medidas que permitan mitigar sus efectos en la agricultura. Algunas de éstas ya se están tomando, pero aún hay un largo camino por recorrer, no solo en cuanto a inversiones, sino que en ámbitos como la cultura de uso y la legislación. 

En primer lugar, la construcción de embalses y obras de acumulación de agua, en general, surge como la respuesta más obvia, y que lamentablemente en Ñuble, no se ha abordado en las últimas décadas. En el caso del embalse Punilla, que será iniciado en 2018, tuvieron que pasar cerca de noventa años para que el Gobierno tomara la decisión. Este embalse, junto a otros siete que presentan diferentes estados de avance, constituyen parte de esa respuesta, que permitirá dar seguridad de riego a unas 200 mil hectáreas. 

Pero eso no es todo: una opción más económica y muy factible en esta zona es la infiltración de acuíferos subterráneos, que son embalses naturales que existen en el subsuelo. Sin embargo, existen complejidades técnicas y normativas que aún no han sido superadas, por lo que ésta es una opción a largo plazo. 

Por otra parte, es imperativo avanzar para aumentar la eficiencia de riego, mediante la adopción de métodos tecnológicos que permitan regar más con menos agua. Si bien algunos regantes han implementado estos sistemas, cuyo financiamiento es subsidiado por el Estado, la mayoría de los agricultores aún exhibe niveles de eficiencia bajos. Este aumento de la eficiencia, no obstante, no siempre permite liberar agua para otros regantes ubicados río abajo, puesto que también constituye un incentivo para aumentar la superficie de riego y aprovechar así el 100% de los derechos de agua. 

Pese a lo anterior, en términos globales, el aumento neto de la superficie real regada siempre será bienvenido, claro que debe considerarse un aspecto clave de este asunto: la legislación. Hoy se dan situaciones de inequidad y problemas de aprovechamiento eficiente debido, en buena medida, a las rigideces que impone la ley, específicamente el modelo de otorgamiento de derechos de agua. 

Es por ello que este sistema requiere una revisión tendiente a su perfeccionamiento, incorporando el concepto de factor de uso, de manera que la diferencia entre el derecho a uso y el uso efectivo sea el mínimo, evitando la especulación y la venta de derechos, así como el trasvasije de aguas a otras cuencas, vicios que finalmente perjudican a los regantes ubicados río abajo. 

Por otra parte, un mejoramiento del modelo permitiría beneficiar a un mayor número de usuarios, con una perspectiva de equidad, así como también, zanjar discusiones como el conflicto de priorización entre el riego y la generación eléctrica. 

Se trata, en suma, de una serie de desafíos que deben asumir el Estado, los regantes y la academia, con el fin de dar respuestas efectivas al problema de escasez hídrica, que amenaza con profundizarse en el corto plazo y que no se resuelve solo con una reforma legal que hasta ahora tiene más detractores que partidarios.

 

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