[Editorial] Agua para la nueva Región

Por: Fotografía: Mauricio Ulloa 06:05 PM 2017-01-13

El territorio de la futura Región de Ñuble tiene una larga tradición asociada a la agricultura que no solo le ha permitido generar riqueza, sino que ha formado una cultura local que va más allá de ciertas fechas típicas, donde el campo ocupa un lugar importante en la identidad y memoria de sus habitantes. 

Por lo mismo, no cabe duda que seguirá creciendo al ritmo de las cosechas, como ha sido siempre, pero ahora también deberá incorporar otros compases, como el de la sustentabilidad y la agregación de valor.

El desarrollo de la futura Región requiere de una gran voluntad y visión políticas y en el caso de la agricultura de definiciones que son claves para otorgar certeza a las positivas proyecciones que tenemos. 

En este sentido, mejorar la infraestructura de riego debiera convertirse en el principal desafío de las autoridades y de los agricultores, para avanzar desde los cultivos tradicionales a otros más rentables y exportables.

Lamentablemente, el camino ha sido lento respecto de lo que se necesita y el país se está quedando atrás en eficiencia en el aprovechamiento de agua y también en obras de acumulación. Basta mencionar que solo un 4% del agua se embalsa y el 84% fluye por los ríos al mar. Y en días lluviosos, dicha pérdida se incrementa.

No hay que olvidar que para Ñuble el cambio climático representa una oportunidad de desarrollar nuevos cultivos, pero ello solo se podrá lograr si se mejora la eficiencia en el uso de agua y se construyen más embalses. 

Hasta ahora, la única certeza es el embalse Punilla, cuya construcción está prevista para 2018, según confirmó a fines del año pasado el ministro de Obras Públicas, Alberto Undurraga. Pero además de La Punilla, existen siete proyectos de distinto tamaño y en distintas etapas de estudio. Se trata de los embalses Lonquén, Niblinto, Chillán, Zapallar, Changaral, Quilmo y Ránquil. 

El problema, como suele ocurrir en muchas otras materias, es que los recursos no alcanzan para todos, pues hay más de 40 proyectos de embalses pequeños y medianos que buscan ser priorizados a lo largo y ancho del país, repitiendo la lógica y el ritmo que ha marcado durante décadas la inversión pública en materia de infraestructura de riego. 

Por lo tanto, lo que se requiere es incrementar la capacidad de inversión y ello necesariamente pasa por preguntarse si es conveniente plantearse si el Estado debe abordar el financiamiento íntegro de estos proyectos de riego o si se debe apostar por mecanismos mixtos, que incluyan capital privado, tal como se hará con el embalse Punilla. 

La concesión de embalses debe ser vista como una alternativa viable, incluso tratándose de obras de menor y mediana envergadura, donde los privados también podrían invertir en la medida que se generen incentivos para generar modelos de negocios que sean atractivos, y consideren no solo el riego, sino que también la generación eléctrica, el turismo y la producción de agua potable. 

De prosperar un eficiente diseño público-privado no sólo aumentarían las probabilidades de concretar los siete embalses que Ñuble tiene en carpeta, sino que los tiempos de ejecución de esos proyectos se acortarían de modo significativo, amén de liberar recursos fiscales para el gasto social y dar un paso importante para lograr el objetivo de transformar a la Región de Ñuble en una potencia agroalimentaria. 

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