La gestión pública en llamas

Por: Renato Segura 2017-01-30
Renato Segura

“Lamentablemente, nunca se había visto algo de esta dimensión, nunca en la historia de Chile, y por lo tanto las fuerzas están haciendo todo lo humanamente posible y se va a continuar hasta que se logre contener y controlar el incendio”. El párrafo corresponde a los dichos de la Presidenta de la República y es la evidencia más palpable que la incapacidad se ha institucionalizado en nuestro país.

A inicios de 2012, frente al desolador incendio en la Provincia de Ñuble que dejó una persona fallecida, 500 personas evacuadas, más de 30 viviendas destruidas, 18 mil hectáreas arrasadas por el fuego y la planta de paneles de Celulosa Arauco y Constitución completamente devastada, las voces en la zona se levantaron fuerte y claro: Chile no está preparado para enfrentar el riesgo latente de incendios forestales en gran escala. 

Personalmente escribí una columna de opinión que señalaba: “se han intensificado las voces que piden una mayor proactividad en la prevención y un endurecimiento de las penas en la legislación para quienes inician el infierno que genera un incendio forestal. Sin embargo, serán estériles los esfuerzos de los organismos públicos y privados si no se crea una conciencia colectiva regional sobre la importancia de erradicar los incendios forestales producidos voluntaria o involuntariamente por el hombre. En este sentido, prevenir los incendios forestales de cualquier naturaleza es una tarea que no solo compete a los organismos gubernamentales, sino que es un imperativo moral y legal que debiera afectar a todos y cada uno de quienes habitan y visitan la Región del Bío Bío”.

Cinco años después de ocurrida la catástrofe, nuevamente vemos con impotencia como las autoridades de este país siguen improvisando frente a los eventos catastróficos, lo que demuestra el nulo aprendizaje de un incendio forestal de magnitud que sabíamos y lo hicimos saber, era cosa de tiempo que volviera a ocurrir. El notable abandono de deberes de la autoridad, le ha costado al país estar inmerso en un siniestro de proporciones dantescas, con pérdida irrecuperables de vidas, de viviendas y un daño de miles y miles de hectáreas consumidas por el fuego, arrasando con la naturaleza y la esperanza de nuestra población.

Países como Australia, que han vivido incendios forestales similares a los que ocurren en Chile, han sacado lecciones valiosas para estar preparados frente a eventos similares. Crearon una cultura del fuego, prepararon a la población para hacer frente a los focos de incendio, endurecieron las penas a quienes provocan incendios o desatienden la normativa sobre la materia, implementaron sistemas de alerta y coordinación entre agentes públicos y privados para hacer frente en forma oportuna a los siniestros, son algunas de las medidas que resultaron de la experiencia adquirida. 

Siento rabia e impotencia frente al contraste con lo obrado en el país. Veo con indignación cómo las autoridades responsables de implementar las medidas, se sumergieron por años en su zona de confort sin importarles el peligro inminente sobre el que se encontraba la población. Es un crimen que, seguramente, nuestra sociedad sabrá olvidar después de llorar a sus muertos y recibir las ayudas del Estado para recuperar los bienes perdidos. Mientras tanto, quedará el registro escrito -que pocos leen- que el infierno de la gestión pública estuvo en llamas. 

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