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Descubren cepas desconocidas en pequeña viña de Ránquil

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A comienzos de este año, el vitivinicultor de Ránquil, Víctor Castellón Campos, propietario de la Viña Castellón, recibió el último informe del estudio genético que por tres años desarrolló el investigador Dr. Patricio Hinrichsen Ramírez, subdirector de Investigación y Desarrollo del Centro Regional INIA La Platina, en el que se confirma la presencia de variedades no identificadas hasta el momento en el viñedo ubicado en el sector Paso El León (Fundo Los Mayos), y que reveló la existencia de cepas europeas que no habían sido descritas en Chile, como la Criolla Sanjuanina Grande y la variedad francesa Folle Blanch, así como también de otras cinco cepas desconocidas en el mundo, cepas NN que por el momento son calificadas como autóctonas, una hipótesis que desafía la historia de la introducción de la uva vinífera en el continente.

Por más de 30 años, este infante de marina retirado y heredero de la tradición viñatera de la familia, tuvo la inquietud por conocer qué variedades tenía en sus 6,7 hectáreas de vides, pues si bien cuenta con uvas País, Cinsault y Moscatel de Alejandría, también tiene otras variedades que hasta hace poco no había podido identificar con certeza científica. “Después de tener tres variedades, ahora tenemos veinte”, comentó.

“Después de golpear muchas puertas, sin éxito, y con recursos propios, porque ninguna institución quiso apoyarme, logré que esta inquietud fuera acogida por el reconocido investigador Patricio Hinrichsen, quien lleva más de dos décadas investigando y estudiando diferentes cepas viníferas, en su caracterización, adaptación al entorno y su desarrollo”, relató Castellón.

Al recibir el primer estudio científico de análisis genéticos, se encontró con la sorpresa que eran “genotipos que no están en nuestra colección chilena y algunos de ellos no identificados”, estableciendo además que varias de esas cepas se describen por primera vez en el viñedo chileno, como la ‘Criolla Sanjuanina Grande’ y la variedad francesa ‘Folle Blanch’, emblemática de Armagnac y Cognac.

También se identificó la ‘Cristal’ o ‘Blanca Ovoide’, cepa blanca correspondiente a un genotipo criollo que recientemente ha sido “redescubierta” en el Maule e Itata, aunque también se sabe de su presencia en Argentina; además se confirma la existencia de Listán Prieto (País), Black Prince (variedad San Francisco), Moscatel de Alejandría, Mollar Cano, Chardonnay, Pinot Noir, Cot (Malbec), Chasselas y Cabernet Sauvignon y de los genotipos no identificados se encuentran variedades tintas NN-245, NN-311, NN-330, una variedad blanca NN-310 y una variedad rosada NN-314”.

Todas estas variedades, indicó, tienen la particularidad de estar en cabeza, pie franco y de secano, con una data conocida de 146 años, según lo demuestra la magnitud física de sus plantas.

“Se usaron genotipos de referencia obtenidos de diversas fuentes, tales como el Registro de Variedades Protegidas del SAG (RVPSAG), la colección disponible en INIA La Platina, así como repositorios genéticos internacionales, principalmente la colección europea”, explicó el productor.

Por tanto, Castellón sostuvo que “dicha comparación da pie firme a pensar que se trataría de cepas realmente muy autóctonas de Chile, muy endémicas o nativas del Valle del Itata, con un ADN tan original y distinto a ninguna otra conocida en el mundo. Vale decir, el mismo investigador responsable lo confirma con claridad en su conclusión final: ‘sus patrones genéticos no coinciden con ninguna variedad conocida a nivel local o internacional”.

Viña Castellón

La propiedad donde se emplaza la Viña Castellón, habría pertenecido a alguna congregación. Podrían ser los redentoristas, sacerdotes franceses llegados en 1876 o los franciscanos, quienes llegaron del Perú a Concepción en 1553. “Eso haría presumir que quizá los redentoristas o franciscanos habrían traído alguna de las cepas únicas o desconocidas en los catastros nacional o mundial, que aún crecen y se producen en la viña”, complementó el viticultor. La Viña Castellón, que por años vendió vino a granel (tinto y blanco), a partir de 2017 comenzó una nueva etapa, cuando Víctor Castellón comenzó a dedicarse exclusivamente al negocio, y uno de los cambios fue embotellar parte de su producción, lo que muy rápido lo llevó a obtener premios en concursos regionales y una muy buena calificación por parte de los críticos, pero también lo motivó a plantearse el desafío de conocer sus cepas.

Castellón planteó que estos hallazgos permiten aventurar nuevos desafíos, como la multiplicación de especies, el desarrollo de nuevos productos y “traspasar esto al Valle del Itata, porque no me cabe duda que en otros viñedos también existen variedades no convencionales, lo que pasa es que no se ha investigado por falta de recursos”. Así también, en materia científica se sigue avanzando.

Precisó que “en la actualidad, en un trabajo colaborativo con la Universidad Mayor, a través del director de la Escuela de Agronomía y ex-profesor de Viticultura de la PUC, el Dr. Philippo Pszczólkowski Tomaszewski lidera una importante investigación en la descripción de ampelografía y el análisis de morfología de dichas cepas NN, con el propósito de obtener más antecedentes sobre el origen, los principales atributos y determinar el potencial enológico de las peculiares plantas autóctonas en el Itata, no registradas en lugar alguno que se encuentran en la viña”.

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