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Desafío vitivinícola

A estas alturas, ningún experto duda de la calidad de los vinos del Valle del Itata, no solo de aquellas sofisticadas producciones de autor que se han abierto espacio en el mercado nacional e internacional, sino que también de la producción campesina.

Esta positiva impresión sobre la calidad de la producción local fue, precisamente, una conclusión común en dos concursos realizados recientemente: el de Ránquil y el de Coelemu. Y es que la profesionalización, la revalorización de las cepas patrimoniales y la irrupción de un puñado de emprendedores que han desarrollado vinos boutique alabados por críticos nacionales y extranjeros, han ido transformando progresivamente la oferta vitivinícola del Itata, que hace un par de décadas era menospreciada por la industria.

En este esfuerzo, un papel relevante ha desempeñado también un grupo de “embajadores” del Itata, entre quienes se cuentan enólogos, sommeliers, periodistas especializados y la Agepvvi. Asimismo, el sector público ha sido un actor fundamental, ya que a través de agencias como el Indap, Corfo o ProChile, entre otras, ha brindado asesoría técnica y profesional a los pequeños productores, así como también ha contribuido en el cofinanciamiento de proyectos de mejoramiento de la infraestructura, de adaptación de tecnologías, de promoción y comercialización, sin que ello haya significado alterar uno de los elementos diferenciadores de los viñedos del Itata: las prácticas ancestrales en el manejo de las vides, uno de los principales argumentos de los promotores de la postulación del Valle del Itata como Patrimonio de la Humanidad ante la Unesco.

Pero estos logros no son suficientes y por supuesto que hay desafíos enormes por delante, como aumentar el volumen agregado de vinificación, reducir las brechas de calidad, incorporar mayores niveles de tecnología, mejorar el marketing y los canales de comercialización, y por otra parte, explotar turísticamente los atractivos del Itata Profundo. De hecho, el enoturismo puede ser un potente aliado en la promoción y venta de los vinos campesinos.

Claramente, esta realidad contrasta con la situación de miles de productores de uva vinífera de la zona que dependen del precio que fije la gran industria, monto que rara vez cubre los costos y como es sabido, mantiene en un rezago permanente a este sector, salvo algunas excepciones. Por ello, también es clave continuar por el camino de la promoción de la asociatividad y la agregación de valor, donde nuevamente las agencias del Estado están contribuyendo de manera decidida, aunque no a la velocidad que todos los viñateros quisieran.

Ante el permanente reconocimiento de la calidad de los vinos del Itata, el llamado es a no bajar los brazos y aprovechar el impulso que las distintas vitrinas están ofreciendo a la producción local, sumando también a los consumidores de Ñuble, a que descubran, tal como lo están haciendo en Santiago, Londres o Sao Paulo, la renovada apuesta de la cuna del vino chileno.

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