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De patio trasero a granja de alimentos no procesados

No es nuevo que Latinoamérica sea vista como un objeto para servir los intereses de las grandes potencias. En la Cumbre de las Américas de abril de 2008, el gobierno de Estados Unidos se comprometió a una “nueva era” de “asociación igualitaria”. Cuatro años después, en la OEA, el país del norte ratificó que Latinoamérica dejaría de ser considerado como “el patio trasero” de Estados Unidos.

Coincidentemente, dicha voluntad se manifiesta después de un período de expansión sostenida de la economía China. El gigante asiático necesitaba enormes cantidades de materia prima para mantener en funcionamiento su industria. En este contexto los países latinoamericanos cambiaron su estatus de patio trasero a proveedor de materias primas. Dicho estatus descansaba en la baja densidad poblacional del territorio, la abundante superficie productiva y el bajo nivel de agregación de valor. En este escenario, los barcos atracaban cargados con productos procesados y se devolvían con sus bodegas atiborradas de productos sin procesar.

Solo en el sector minería, Chile exporta del orden de 25 millones de toneladas de materias primas al año, lo que representa más de 1/3 de las exportaciones de dichos bienes al resto de los países del orbe. Pero China viene por más.

Se estima una recuperación acelerada de la economía China para los próximos 20 años. Este shock de crecimiento demandará miles de millones de toneladas de materias primas que garanticen el normal funcionamiento de su industria agroalimentaria. Los líderes chinos no han olvidado los más de 20 millones de muertos que generó la escasez alimentaria en el inicio de su modelo de crecimiento en la década de 1960.

La Región de Ñuble no está exenta de esta necesidad del gigante asiático. La granja China que se desarrollará en San Nicolás está en la lógica de dicha política. ¿Se transformará la actividad agrícola de Ñuble en una granja gigante para ser parte de la industria de alimentos en China? Las autoridades del país han acotado su efecto al comodato de 10 hectáreas del Fundo San José de Bellavista, sin reparar en los objetivos en el que se ha embarcado el país asiático.

Las expectativas del proyecto en San Nicolás son conocer el qué y el cómo se producen los productos agrícolas en China. En una etapa posterior, se busca introducir dichos cultivos en la actividad agrícola local. Es decir, la autoridad busca profundizar la producción de materias primas sin valor agregado. Es un hecho conocido que la economía China busca materias primas, no productos. Es conocido que los métodos de cultivo que utilizan son intensivos en el uso de mano de obra con bajos salarios. Es conocido que la mano de obra migrante es la que reúne las mejores condiciones para enfrentar los bajos salarios y las extenuantes jornadas de trabajo que dicha actividad conlleva. Finalmente, es conocido que la presión sobre la demanda de tierra productiva para dichos cultivos no será de 10, ni 100, ni 500 hectáreas, ya que tiene la capacidad para monopolizar la totalidad de la producción agrícola de Chile.

En resumen, en lugar de destinar esfuerzos y recursos del Estado para agregar valor a la actividad agroindustrial, la autoridad se da el tiempo de inaugurar iniciativas de portada, sin evaluar sus consecuencias y sin consultar con los vecinos afectados.

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