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Covid-19 pone el foco en abastecimiento de alimentos básicos

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Hay una percepción general de que la pandemia de Covid-19 ha contribuido a relevar el rol de la agricultura como proveedora de alimentos en escenarios de crisis. Así ha sido planteado desde el Gobierno, que ha identificado la cadena de producción alimentaria como estratégica y ha apuntado parte de sus esfuerzos a asegurar el abastecimiento en el territorio nacional durante este periodo, frente a amenazas como la especulación, las alzas de precios, las interrupciones en la cadena de suministro y las alteraciones que ha sufrido el comercio internacional.

En la región de Ñuble, la actividades agropecuarias tienen un peso significativo en la economía así como en el empleo (más del 20% de los trabajadores dependen directamente) y en la estructura social, razón por la cual las políticas públicas orientadas al agro tienen un impacto relevante.

En ese contexto, los agricultores vienen adviertiendo su preocupación por la creciente dependencia del país de las importaciones de bienes que componen la dieta básica de los chilenos, como el trigo, la carne de vacuno, la leche, el arroz y las leguminosas, entre otros, proceso que ha reducido la participación de la producción nacional en la oferta de estos productos y por lo tanto, una amenaza a la seguridad alimentaria.

Es así como se evidencia una disminución sostenida de la superficie de cultivos tradicionales, como el trigo, el arroz y las leguminosas, así como de la masa ganadera y de las lecherías, que hoy compiten por el uso de suelo con las plantaciones frutales y compiten con un progresivo incremento de las importaciones.

Actualmente, el 56% del consumo del arroz nacional se importa, principalmente de países como Argentina, Paraguay y Uruguay.

Asimismo, el volumen de productos lácteos importados equivale al 41% de la recepción nacional de leche.

En cuanto al trigo, el 43% de lo que consume Chile se importa, principalmente de Argentina, Canadá y Estados Unidos.

En el caso de las leguminosas, destaca que el 90% de las lentejas que se comercializan en Chile son importadas, principalmente de Canadá, situación similar a la del garbanzo y en menor medida con los porotos.

Finalmente, la carne de bovino importada representa un 70% de lo que se consume en el país, proveniente principalmente de Brasil, Paraguay y Argentina.

Desprotección

Carlos González, director de la Asociación de Agricultores de Ñuble y presidente nacional de Fedecarne, expuso que “la gente se dio cuenta de lo importante que es la agricultura y nos deja una lección frente a futuras crisis, como podría ser otra pandemia o alguna guerra, por ejemplo, basta ver las inversiones que está realizando China en los países productores de alimentos con el objetivo de asegurar su abastecimiento”.

Por ello, González hizo hincapié en la seguridad alimentaria de Chile. “Cuando tengamos una guerra u otro tipo de crisis internacional, nosotros que dependemos de las importaciones de carne y de cultivos clave, vamos a tener un serio problema”.

Detalló que “está la situación del trigo, insumo básico para la elaboración del pan, que es un alimento importantísimo de nuestra dieta. También tenemos el problema de la leche, ya que al ser una economía abierta al mundo, a Chile ingresa una gran cantidad de productos lácteos a bajos precios; así como también la situación del arroz, que en gran parte viene de afuera, o del azúcar; lo mismo con las legumbres, en que antes éramos grandes productores de porotos, lentejas y garbanzos, pero hoy sobre el 80% de las lentejas vienen de Canadá. Por lo tanto, en un escenario más grave que el actual, en que los países productores comiencen a asegurar la alimentación de su producción, tal como está ocuriendo con los insumos médicos y los medicamentos, yo me pregunto ¿qué van a mandar? ¿a quién le vamos a comprar?”

En esa línea, aseveró que “el desafío es autoabastecernos de productos estratégicos como parte de una política orientada a la seguridad alimentaria, pero lamentablemente, los gobiernos no se han dado cuenta”.

“Para abordar este problema -continuó-, para todos estos rubros se deben dar las condiciones a los agricultores para producir, me refiero, por ejemplo, a condiciones crediticias de acuerdo al ciclo productivo, con plazos acorde a la actividad y tasas preferenciales, como ocurre en Europa, donde bordean el 2-3% anual, mientras en Chile parten desde el 15% anual. Entonces, tenemos sectores que se han ido reduciendo porque hay productos importados que han ingresado mucho más baratos, porque vienen subvencionados, la agricultura de Estados Unidos, Canadá y Europa es subvencionada, y ante eso no podemos competir”.

Frente a eso, González planteó que el Gobierno tiene dos caminos: “O le da facilidades a los productores y de alguna forma subvenciona algo o tendremos que atenernos a depender de lo que se pueda comprar, y arriesgarnos a que frente a una pandemia peor que ésta tengamos gente pasando hambre. Nosotros no somos amigos de los subsidios, a los agricultores no nos gusta que nos regalen nada, lo que sí queremos es un trato acorde a nuestro ciclo productivo, créditos que se hagan cargo de nuestra realidad, bajar los impuestos a la incorporación de maquinaria de alta tecnología, fortalecer el apoyo estatal en materia de riego y de una vez por todas concretar los embalses que están a la deriva”.

En esa misma línea, el dirigente también apuntó a la necesidad de establecer ciertas restricciones a las importaciones de algunos productos estratégicos, “pero lamentablemente hay acuerdos comerciales firmados, somos una economía abierta, y ante eso no podemos hacer nada”.

Políticas públicas

Por su parte, el diputado Frank Sauerbaum, integrante de la comisión de Agricultura de la Cámara, sostuvo que “esta pandemia nos ha recordado la importancia del autoabastecimiento y de la importancia de fortalecer la produccion nacional de los alimentos que componen la dieta básica para en época de crisis poder sortear con tranquilidad la escasez y las alzas de precios producidas por estas situaciones llenas de incertidumbre”.

Frente a ello, el parlamentario expuso que “lamentablemente, en Chile hace muchos años el tratamiento de los cultivos tradicionales y anuales no tienen la mirada ni la importancia geopolítica que sí se le da en otros países y se tratan como un bien de consumo más que se deja al arbitrio del mercado, no hay conciencia de la seguridad alimentaria y el discurso de hacer de Chile una potencia agroalimentaria no es más que una declaración de buenas intenciones que no se ve reflejada en medidas concretas para proteger a nuestros productores ni nuestra provisión de alimentos”.

El legislador recordó que ha sido muy crítico de la alta dependencia de Chile de las importaciones de alimentos básicos. “Tenemos una dependencia demasiado evidente, por eso he criticado la falta de conciencia en esta materia, que tiene un carácter geopolítico”, dijo.

Sauerbaum argumentó que “es cosa de ver el destino de los productos de la dieta básica como trigo, maíz, carne y leche, entre otros, luego de la puesta en marcha de la desgravación arancelaria con Mercocur. Las cifras muestran una rápida baja de las hectáreas sembradas de cultivos anuales que solo es compensada por el alto rendimiento que hoy se tiene”.

Advirtió que en un escenario de pandemia o cualquier otra emergencia que lleve a una escasez, “un país como Argentina, Brasil o Paraguay, que son proveedores nuestro,s pueden restringir la exportación de alimentos para asegurar el abastecimiento interno, y es legítimimo que así ocurra, así como Argentina nos cortó el gas hace un tiempo; entonces, si bien no se dice, hay una mayor conciencia respecto de la importancia de asegurar no solo la producción, sino que también los precios, porque los más afectados son los más pobres”.

Siguiendo el ejemplo de otros países, como Corea del Sur, el diputado planteó que Chile debe transitar hacia un escenario en el que tenga asegurado un alto porcentaje del abastecimiento de alimentos de la dieta básica con producción nacional, como una política de Estado.

Por ello, se mostró partidario de introducir restricciones a las importaciones de ciertos productos, de hecho, hace dos años que viene solicitando el llamado “marketing order”, que busca prohibir las importaciones de trigo y maíz en época de cosecha, para evitar que los precios bajen debido a la mayor oferta en dicho periodo, que es una herramienta usada en Estados Unidos para proteger a algunos sectores sensbles a las importaciones.

A partir de ahí, Sauerbaum ha promovido la revisión de los acuerdos de libre comercio, principalmente con los países del Mercosur, con el objetivo de establecer ciertas excepciones que permitan proteger a algunos rubros del agro chileno.

En esa línea, observó que el proyecto de ley que crea el Ministerio de Alimentos, que reemplaza a la cartera de Agricultura, no tiene entre sus ejes la seguridad alimentaria.

Economía abierta

Para el seremi de Agricultura en Ñuble, Juan Carlos Molina, “actualmente estamos viviendo en un mundo globalizado y Chile es una de las economías más abiertas al mundo. Esto ha cambiado la visión del concepto de seguridad alimentaria desde la visión de los años 60, donde la idea central era el autoabastecimiento, hacia una mirada más moderna y acorde con la globalización, donde el concepto se refiere más bien a no perder la capacidad de producir ciertos productos considerados estratégicos. Por ello, el Ministerio de Agricultura se está preocupando de mantener la sustentabilidad de todos los rubros importantes del sector, tratando de minimizar los riesgos y emparejar la cancha con los productos importados”.

Asimismo, reconoció la difícil situación que enfrentan rubros clave, como el trigo, las legumbres, el arroz, la carne y la leche, y subrayó que uno de los ejes del trabajo de la cartera es mejorar su posición.

“Una de las grandes ventajas del Ministerio de Agricultura, es que es comandado por un ministro que era agricultor hasta antes de su nombramiento, ya que durante muchos años las políticas públicas agrícolas estaban enfocadas sólo en la exportación y las decisiones se tomaban con un criterio economicista, que ha llevado a varios rubros a mostrar una crisis de rentabilidad en sus cultivos. Por ello, como Ministerio hemos encabezado la elaboración de la Política Nacional de Desarrollo Rural, que sienta los ejes y lineamientos de lo que serán las políticas públicas destinadas al sector rural, no sólo en agricultura, sino también en generar las condiciones para que los habitantes de los sectores rurales puedan acceder en igualdad de condiciones a todos los organismos y beneficios del Estado”.

En esa línea, Molina apuntó a la importancia de generar los incentivos correctos para potenciar al agro. “Es muy importante estudiar todos los mecanismos posibles para cuidar de un ámbito tan relevante como la producción de alimentos”, sentenció.

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