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Comodoro Arturo Merino Benítez, impulsor de la aviación chilena

Hace 133 años, este gran aviador militar nació en tierras chillanejas, un 17 de mayo de 1888. Hijo de Pedro Merino Feliú y Clorinda Benítez Labbé, se incorporaría a la vida militar como Oficial de Ejército del arma de Artillería.

En 1918 dictó una conferencia en la Academia de Guerra resaltando “la superioridad de la aviación sobre la caballería en la exploración a larga distancia y en el combate mismo”.

El Comodoro Arturo Merino Benítez es reconocido y valorado como el Prócer de la Aeronáutica Chilena, al impulsar la aviación chilena, la que se refleja en múltiples obras.

Entre ellas, la creación del Club Aéreo de Chile, fundado el 5 de mayo de 1928; la Línea Aeropostal Santiago-Arica, el 3 de marzo de 1929; la Fuerza Aérea Nacional actual FACh, el 21 de marzo de 1930; la Dirección General de Aeronáutica, el 28 de marzo de 1930; el Gabinete de Fotogrametría, 12 de julio de 1930, la primera fábrica de aviones Curtiss Wright, el 16 de octubre de 1930.

Estas y otras iniciativas, que lideró con profesionalismo, lealtad, vocación de servicio y honor, lo llevaron a ser designado en 1930 por el Presidente Ibáñez, como primer subsecretario de Aviación, y posteriormente Comandante en Jefe de la Fuerza Aérea.

Con una amplia mirada de futuro, vislumbró la importancia del medio aéreo, que en aquellos años se constituía como una industria innovadora, y que actualmente cumple un rol fundamental en el progreso económico y social de las naciones.

Al ser un hombre con un coraje, abnegación y compromiso único, para alcanzar sus metas y objetivos, logró posicionar a Chile como uno de los países pioneros en materia aeronáutica, con el firme convencimiento que a través del desarrollo del medio aéreo, el país lograría la conectividad necesaria para su crecimiento, disminuyendo los tiempos de viaje de los pasajeros y de transporte de carga.

Ante las dificultades expuestas por las autoridades para llegar a cada rincón de Chile, el entonces Comandante Merino Benítez les planteó con firme decisión: “Yo tengo un camino construido: ¡El de los cielos de Chile!”.

Abriendo las rutas aéreas del país

El 5 de marzo de 1929, un grupo de aviadores militares, comandados por el director de la Escuela de Aeronáutica Militar de la época, el entonces Comandante Arturo Merino Benítez, resueltos en dar conectividad a todo el territorio nacional, iniciaron el Servicio Aeropostal, que marcó los inicios también de la futura Línea Aérea Nacional, permitiendo el transporte de pasajeros y de carga a lo largo de Chile.

El primer desafío fue la ruta Santiago, Arica-Tacna, donde el viaje por tren, que llegaba solo hasta Iquique, demoraba más de tres días. Hicieron 36 vuelos previos de reconocimiento y preparación de canchas de aterrizaje, y el 5 de marzo de 1929, con la presencia del Presidente de la República Carlos Ibáñez del Campo, en aviones De Havilland Cirrus Moth, iniciaron los vuelos sobre el desierto, con postas en Ovalle, Copiapó, Antofagasta, Iquique y Arica, desafiando la todavía incipiente infraestructura aérea y de apoyo terrestre.

A 12 días de iniciados los servicios, el avión del teniente Julio Fuente Alba, que volaba entre Copiapó y Antofagasta, es derribado por la fuerte turbulencia. Los restos son encontrados días después cerca de la estación Varillas, al sureste de Antofagasta.

En los funerales de Fuente Alba, Merino Benítez pronuncia su emocionado y visionario discurso: “Mañana, cuando sean realidad cotidiana los viajes aéreos, a lo largo de la República, los que recorran seguros en aviones confortables, mirando desde lo alto el agrio y desolado desierto, la intrincada maraña de sus cerros, tal vez no recordarán cómo se ganó eso, a costas de qué esfuerzos, de qué abnegados sacrificios de unos muchachos valerosos que quisieron vencer las dificultades, los peligros y la muerte”.

La tragedia no los amilanó. Para dar confianza a los jóvenes pilotos el propio Comandante Merino vuela el 5 de mayo de 1929 desde Santiago a Antofagasta y luego a Iquique, Arica y Tacna. El día 10 de mayo vuela directo desde Arica a Santiago, cubriendo la distancia en ocho horas.

Ruta a Magallanes

Arturo Merino Benítez también enfila al sur, llegando a Talca, Parral, Linares, Chillán, Los Ángeles, Temuco, Osorno, Puerto Montt, Concepción, Nacimiento, Puerto Saavedra, Laguna Pumalín, Valdivia, Lago Puelo e Inferior, Puerto Aysén y Palena, lugares estos últimos en que emplea aviones para amarizar.

Para explorar las rutas australes, se estableció una base en Chamiza, Puerto Montt, desde donde los pilotos volaban hasta Aysén, en los anfibios Vickers Vedette.

Desafortunadamente, la desgracia golpea a los aviadores militares cuando el 23 de enero de 1930 mueren el Teniente Aníbal Vidal y el Cabo 1º Tripulante Alfredo Román, cuyo avión cae al mar en Aysén.

Fue un duro golpe que Arturo Merino afronta con singular temple y lo lleva a tomar la decisión de intentar llegar a Magallanes, donde amariza el 27 de enero de 1930 en el Junkers R-42 Nº 6, recibiendo grandes homenajes. Sin embargo, allí también vivirá el episodio más dramático de su vida, cuando al intentar el primer vuelo en la zona, una ráfaga de viento los precipitó violentamente al mar en Aguas Frescas, el 7 de febrero de 1930, donde fallecen el Capitán Alfredo Fuentes, piloto; el radio-operador Sargento 1º Luis Soto y el Sargento 2º Alfredo Moreno, fotógrafo.

Merino Benítez se preocupó especialmente de la adquisición de material aéreo acorde a los avances de la época y mejorar la red de aeródromos y aeropuertos a lo largo del país, otorgando soluciones efectivas para generar la conectividad del territorio nacional y auxiliar a quienes necesitaran apoyo de forma inmediata.

En 1970 el Presidente Eduardo Frei Montalva lo condecoró con una medalla de oro con la inscripción “Al insigne creador y primer Comandante en Jefe de la Fuerza Aérea de Chile 1930-1970”.

Al año siguiente, el Presidente Salvador Allende Gossens, mediante un proyecto de ley, propuso bautizar el aeropuerto de Santiago con su nombre, manifestando que “a los precursores de la aviación chilena les corresponde la indiscutible primacía en las glorias derivadas de la conquista del espacio de nuestro territorio nacional, los cuales arriesgando sus vidas, hicieron posible la iniciación e incremento de las actividades de vuelo que cimentaron posteriormente la aviación nacional. El Supremo Gobierno estima de justicia honrar la memoria de quien contribuyó a marcar indeleblemente una época fructífera de la aviación nacional y, en especial, de la Fuerza Aérea de Chile”.

Nueve años más tarde y con motivo del Cincuentenario de la Fuerza Aérea de Chile, el principal terminal aeroportuario del país fue bautizado como Aeropuerto Internacional Arturo Merino Benítez, y el fin de “rendir un justo y merecido homenaje a quien fuera el forjador y organizador de esa Institución, primer subsecretario de Aviación, fundador de la Línea Aérea Nacional y primer Comandante en Jefe de la Fuerza Aérea, Comodoro Arturo Merino Benítez”.

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