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Ciudad resiliente

Nuestra ciudad cumple hoy un año más de su ya veterana existencia. 440 años para ser exactos. El 26 de junio de 1580 es la fecha en que el gobernador Martín Ruiz de Gamboa –empujado por la necesidad de poblar esta parte del reino que constantemente sufría el éxodo de personas a raíz de la guerra en Arauco- decide transformar en una ciudad el fuerte militar instalado un año antes a orillas del río Chillán y que denominó San Bartolomé. Desde esa fecha, tres refundaciones, todas heredadas de grandes terremotos, suma la capital de Ñuble.

Es positivo que los chillanejos nos ocupemos de recordar el aniversario de esta ciudad en que damos vuelo a nuestras respectivas existencias y que, para muchos, es objeto de entrañable cariño. Pero también es oportuno que esta efeméride nos mueva a reflexionar sobre la significación que se le debe asignar en medio de las exigencias y demandas de una actualidad cargada de dificultades por la pandemia del Covid-19 que nos lleva a reafirmar nuestra misión de promover el análisis y pensamiento sobre el futuro.

En este sentido, si bien hay que realizar esfuerzos, en algunos casos más importantes que otros, lo que parece vital es la resiliencia de la ciudad y sus habitantes, la voluntad de atreverse a dar esos pasos necesarios para adaptarse a una “nueva normalidad” que debe tener cuatro pilares.

La salud es lo primero, dice el viejo refrán que aquí también aplica. Es obvio que el sistema público de salud requiere más capacidades en términos de infraestructura y especialidades, y esa respuesta viene con el nuevo hospital regional, una obra que afortunadamente ya está en marcha y tiene su financiamiento garantizado.

El segundo pilar es la educación. La ciudad desempeña un papel esencial para garantizar que todos los alumnos sigan beneficiándose de un pleno acceso, aun a distancia, a la educación. Por eso también debería mejorar su capacidad de conexión y así mejorar no solo educativa sino productivamente a través del teletrabajo.

Un tercer factor clave para una ciudad resiliente de esta pandemia proviene del urbanismo, pues Chillán debería pensarse de forma distinta, menos densa, para prevenir la propagación de riesgos sanitarios. La ciudad post pandemia no puede concebirse en función de las ganancias inmobiliarias, sino en el bienestar de las personas. En ella, por ejemplo, no hay lugar para guetos, ni los verticales proyectados en el cuadrante céntrico, ni los horizontales que se extienden por buena parte del sector oriente.

Por último, como nunca antes la creatividad y la cultura habrán de resultar tan necesarias para diseñar una movilidad que genere confianza en la gente y beneficios a la ciudad. Para decirlo sin preámbulos: estamos en un momento excepcional para arriesgar y dar un salto importante en esta materia.

Retos como mejorar la capacidad del transporte para conectar a los ciudadanos con el sistema de salud de manera segura; de ofrecer mejores condiciones de trabajo para los empleados del transporte público -ante su vulnerabilidad de contagio-; la reflexión sobre la verdadera capacidad de transporte masivamente las fuerzas laborales, también de manera higiénica; son esenciales para una ciudad con el objetivo de aprovechar las enseñanzas y recuperarse de la crisis.

El aniversario 440 de la fundación de Chillán encuentra a la ciudad en un nuevo momento crítico de su historia, marcado por la pandemia, pero también por la oportunidad que esta crisis le brinda de transformarse en una ciudad resiliente, tal como ha ocurrido durante sus 5 siglos de historia.

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