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Capital social

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Existe total acuerdo entre los especialistas en considerar que cuanto más capital social posee una sociedad, más factores tiene a favor para enfrentar situaciones de crisis. Las sociedades con mayor capital social no solo son más prósperas, sino también más solidarias y disciplinadas que las que carecen de él. Por lo mismo, la relación entre capital social y la capacidad para enfrentar la pandemia del coronavirus, que ayer cobró su primera víctima fatal en la Región, es un tema que debe preocuparnos.

Y debe preocuparnos porque es un eslabón debilitado. Por diferentes razones, los vínculos de confianza y la capacidad de interactuar en redes ha sido enclenque en Ñuble, y si despertó tímidamente el 18 de octubre, hoy está silente por la incertidumbre doméstica de una “normalidad” que se desvanece.

Pero si algo nos ha enseñado el duros mes de marzo que hemos vivido, es que será imposible superar la crisis sanitaria sin la ayuda y el soporte de toda la población; y por lo mismo, las discusiones de política pública deben poner cada vez más sus reflectores sobre el tejido social que es clave para enfrentar la propagación del coronavirus, y que jugará un papel protagónico luego de que esta crisis sea superada. Esto es especialmente importante en sociedades frágiles como la nuestra, con grandes desigualdades económicas e inequidades en las garantías de derechos y acceso a bienes y servicios públicos.

Para lograrlo, el primer paso es desmontar la falsa disyuntiva entre salvar vidas y salvar la economía, que ha sido pésima guía para otros países en la toma de decisiones políticas. Crisis como la actual golpean los cimientos de la sociedad, tanto por el dolor asociado a la pérdida de seres queridos, como por las dificultades económicas que generan.

Desafortunadamente, a poco de iniciada la cuarentena ya hemos tenido ejemplos de estigmatización a personas mayores por parte de autoridades que deberían ser ejemplo de sensatez, y ante las cuales hay que actuar de manera asertiva, pero sin escándalo ni provocación política. Lo mismo ocurre con el mal uso de los salvoconductos y el irrespeto a las restricciones a la movilidad,

Un gran paso daríamos si cada uno de los ñublensinos entendiéramos que quedarse en casa es la única solución; que ha llegado la hora de la solidaridad y de la cooperación, de revisar valores, prioridades y prácticas, para adaptarnos a un virus disruptivo que amenaza la vida de los más débiles, pero también el bienestar social de todos.

Hoy necesitamos distanciamiento físico, no social. Necesitamos interactuar, solo que de manera distinta. Necesitamos crear vínculos de confianza entre cada uno de nosotros. Necesitamos solidaridad y disciplina para el combate común a esta pandemia y a sus múltiples y crueles efectos. No nos cansaremos de repetirlo,  hasta que veamos un cambio.

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