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Bosque nativo

Agencia Uno

Pese a los esfuerzos del Estado por controlar la sobreexplotación del bosque nativo, tanto a nivel normativo como en la fiscalización, existe una creciente presión que también se observa en la región de Ñuble, básicamente por la cosecha ilegal de leña. Los robles, raulí, coigüe y lenga, son transformados en leña ilegal verde que se vende en las ciudades y que contaminan por la baja combustión, a vista y paciencia de la autoridad.

Por otro lado, los compromisos medioambientales del país exigen avanzar en la reducción de emisiones de gases de efecto invernadero para frenar o mitigar los efectos del cambio climático.

Disminuir emisiones y aumentar la captura de carbono son pilares estratégicos para generar una economía circular, con baja huella de carbono, basada en una bioeconomía.

En ese contexto, el rápido desarrollo de las energías verdes en el país, como la solar y la eólica, permiten anticipar una acelerada descarbonización de la matriz energética nacional, un esfuerzo que se debe complementar con otras acciones, como la forestación del territorio, principalmente con especies nativas.

Lo anterior, sin embargo, no se logrará si sólo se concentra en iniciativas de conservación ambiental, razón por la cual se requiere la participación de la industria forestal, la misma que por décadas creció de la mano del pino y el eucalipto, y que ahora tiene la oportunidad de desarrollar iniciativas que permitan ampliar la superficie de bosques, de hecho, no es descabellado pensar que la industria pueda lograr un 100% de captura de carbono.

Actualmente, en Chile existen 14,6 millones de hectáreas de bosque nativo y 2,4 millones de plantaciones forestales, que además de su función ecosistémica constituyen potencial materia prima para la construcción en madera, el desarrollo de la industria textil, la producción de biomasa y tener matrices ecológicamente sustentables de calefacción y generación de energía, rubros en los cuales existe un enorme potencial de crecimiento.

Desafortunadamente, de las 14,6 millones de hectáreas de bosque nativo, solo 8 millones aportan a esta agenda de cambio climático, porque el resto es un bosque en latencia, en degradación y en muchos casos emite CO2 en vez de capturarlo.

Es por ello que resulta fundamental impulsar una agenda de bosque sostenible, un planteamiento que hizo el año pasado la Corporación Chilena de la Madera, Corma, gremio que agrupa a los principales actores del sector forestal. Dicha agenda debe ser liderada por el Gobierno, en coordinación con los gremios y las organizaciones sociales, ambientales y la academia, de manera de avanzar en los objetivos de sostenibilidad por una hoja de ruta que establezca lineamientos e incentivos a la forestación y la explotación sustentable del bosque nativo, que permita, por un lado, aumentar la captura de carbono, y por otro, estimular el desarrollo de un sector a través de la agregación de valor, generando nuevos emprendimientos y empleos.

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