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Atención especial

Prácticamente todos los sectores de la economía regional se han visto de alguna manera afectados por la actual pandemia. Y entre los que con más dureza han sentido el impacto del covid-19, y de las medidas tomadas para contenerlo, se encuentran la gastronomía y el turismo.

La incidencia de ambos rubros en la economía de Ñuble es alta, si se tiene en consideración que el turismo supera los 15.000 ocupados, y la gastronomía otra cifra similar. A ello hay que agregar que la calidad de los empleos es irregular, con sueldos bajos e informalidad, lo que constituye un segmento laboral que ya antes de la pandemia estaba muy precarizado.

Especialmente crítica es la situación de los restaurantes. Todos, sin excepción, están atravesando un muy difícil momento por la imposibilidad de recibir gente en sus instalaciones. Aunque algunos han encontrado una tabla de salvación en el delivery, todo indica que se trata apenas de eso: un salvavidas momentáneo.

Hablamos de un sector de la economía tan dinámico como diverso y complejo. Hay establecimientos de toda índole: desde aquellos que pertenecen a cadenas, hasta pequeños emprendimientos familiares. La dura realidad, sin embargo, no distingue. El futuro de grandes negocios, medianos y pequeños, depende de lo que indiquen las cifras de avance de la pandemia, que aún impiden establecer en el futuro inmediato una fecha para la esperada reapertura. Temen, con razón, no estar con vida cuando ella ocurra.

En cuanto al turismo, bien sabemos que fue de las primeras en verse afectadas por las restricciones impuestas por el Gobierno, y probablemente será una de las últimas en recuperar su ritmo habitual.

El año está prácticamente perdido para el turismo de invierno, y respecto al verano, la oportunidad de la reapertura también dependerá del avance o retroceso de la pandemia, como también de garantizar la seguridad sanitaria y tener la suficiente capacidad de adaptación e innovación frente a un mercado que presentará nuevos hábitos de consumo.

De seguro los turistas plantearán nuevas exigencias que estimularán ajustes, como también tendrán nuevos deberes para garantizar la sostenibilidad de la actividad. Veremos con frecuencia el uso de mascarillas, principalmente en el transporte y alojamiento, se fortalecerán los medios de pago electrónicos y habrá que implementar nuevas prácticas de chequeo en los hoteles.

El turismo y la gastronomía son los sectores que muestran peor semblante y por lo mismo, es claro que necesitan ser tenidos muy en cuenta por el Gobierno a la hora de evaluar formas de apoyo y prioridades. Desde luego, la compleja realidad fiscal impide un salvavidas que garantice un alto porcentaje de supervivencia tras la tormenta. Pero sí es factible una perspectiva menos generalista que apunte a focalizar los apoyos en ambos rubros y les dé el pulmón económico para seguir con vida después de una crisis que a muchos esforzados empresarios y trabajadores les está resultando letal.

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