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Alza del costo de la vida presiona reajuste del salario mínimo

Mauricio Ulloa

Interés y preocupación ha despertado en Ñuble la discusión por el reajuste del salario mínimo en el país. Ello, porque es una de las regiones con mayor proporción de trabajadores que percibe este sueldo.

El 3 de mayo, el Gobierno ingresó al Congreso el proyecto de reajuste del sueldo mínimo, pese a no haber logrado un acuerdo con la Central Unitaria de Trabajadores (CUT).

El Ejecutivo propone un aumento de 3,2% nominal, lo que incrementaría el salario mínimo desde los $326.500, que rige actualmente, a $337 mil.

La CUT, en tanto, que propuso un salario mínimo de $500 mil, declaró que insistirá en el debate respecto a su propuesta en el Congreso, donde esperan tener una mejor acogida.

Realidad local

“En la región de Ñuble, un 28,8% de los trabajadores gana lo mismo o menos que el salario mínimo de acuerdo a la ESI 2019, que, sin ser la región con mayor proporción, dista bastante de la realidad nacional, donde esta cifra es de 22,5%”, reveló Héctor Garrido, analista cuantitativo del Observatorio Laboral de Ñuble (OLÑ) del Sence-UBB. Garrido detalló que esta proporción es más alta en mujeres (40,4%), que en hombres (18,9%).

Bernardo Vásquez, director del OLÑ y académico de la FACE-UBB, explicó que, de acuerdo a la ESI 2019, “los sectores económicos que concentran en mayor proporción personas que tenían un ingreso igual o inferior al salario mínimo se concentran en Actividades de Servicios Administrativos e Inmobiliarias, Actividades de los Hogares como Empleadores, Comercio y Servicios de Recreación y Otros Servicios Personales”.

Alza del costo de la vida

El alza propuesta por el Ejecutivo se corresponde con la variación del IPC a 12 meses, que según el INE fue 3,3% a abril de 2021, por lo que, en la práctica, el aumento real sería de 0,1%.

Sin embargo, puesto que la variación del IPC constituye una media ponderada de más de 500 bienes y servicios, conviene observar el comportamiento de algunas divisiones específicas en las que los hogares de menos ingresos destinan un mayor porcentaje de su presupuesto, como por ejemplo: alimentos, que creció 5,0% en 12 meses; equipamiento y mantención del hogar (5,4%); transporte (2,0%); vivienda y servicios básicos (3,1%), o bienes y servicios diversos (6,7%).

Es más, al revisar las alzas en 12 meses por producto, destacan las frutas (7,9%), las hortalizas (8,8%), el arroz (3,8%), los muebles para el hogar (18,9%), café y sucedáneos (6,7%), artículos y utensilios para el hogar (6,0%), carne de vacuno (10,7%), pescados (7,8%), mantequilla y margarina (4,4%), carne de cerdo (12,0%), gas licuado (15,8%), mariscos (4,7%), yogur y postres lácteos (5,3%), huevos (4,7%), tubérculos (11,5%), y carne de ave (4,6%), entre otros.

En esa línea, el presidente regional de la CUT, Luis Sánchez, argumentó que “la importancia de subir el salario mínimo tiene que ver con sacar a los trabajadores de la línea de la pobreza. Esto tendrá un impacto positivo en la economía local, ya se vio con el retiro del 10%, que permitió un mayor dinamismo en la actividad económica, la generación de empleos y, por consiguiente, la sensación de tranquilidad de las familias chilenas al tener con qué sustentar sus hogares de una manera más holgada y digna”.

Análisis

En opinión del académico de la Escuela de Administración y Negocios de la Universidad de Concepción (EAN UdeC) del campus Chillán, Carlos Delgado, “tanto el aumento del costo de la vida como el incremento de la productividad deben ser considerados en el análisis”.

“Considero que ambos aspectos deberían ir de la mano, y que no sean mutuamente excluyentes, pero siempre tomando como referencia el actual escenario económico que enfrenta el país. Históricamente, los aumentos de salario mínimo han sido superiores a la inflación, por lo que han compensado los mayores costos de vida. Sin embargo, para efectos de política pública, se buscan principios de equidad en esta materia”.

Delgado complementó que “debido a la crisis económica generada por la pandemia, el proceso de recuperación debe ir orientado principalmente a recuperar los puestos de trabajo perdidos, y ayudar en el proceso de reconversión de aquellos sectores que se han visto más golpeados. Por otro lado, los salarios mínimos tienden a asignarse a puestos de trabajo no calificados. El aumento de la productividad también está asociado a mayores niveles de capacitación, habilidades y conocimientos de las personas. En consecuencia, dichas estrategias propician un aumento de los salarios”.

En ese sentido, planteó que “además de discutir el tema del salario mínimo, opino que también es importante generar incentivos para que en el mercado laboral chileno exista una menor proporción de personas que reciba el salario mínimo”.

Al respecto, Garrido reconoció que “es un tema controvertido que año a año suscita un fuerte debate público y que este año cobra especial relevancia debido a la crisis económica derivada de la pandemia”.

El profesional subrayó que “este guarismo no corresponde a una cifra ideal que pueda determinarse en función de algún criterio necesariamente técnico, sino que obedece a consideraciones éticas sobre el valor del trabajo y el impacto que pueda tener su aumento sobre el número de empleos. En ese sentido, la evidencia empírica es variada, existen estudios que muestran que el aumento del salario mínimo puede destruir, crear empleos o tener un efecto neutral. Esto depende mucho de la estructura de los diferentes mercados laborales. Por ejemplo, aquellos sectores que se caracterizan por una mayor competencia o empresas de menor tamaño que pudieran considerarse tomadoras de precio, como las Pymes, verán dificultades para cubrir sus costos y podrían despedir personal, pero en sectores económicos caracterizados por grandes empresas, las que pueden tener un comportamiento de monopsonio u oligopsonio en el mercado del trabajo, se verían forzadas a contratar personal”.

Impacto en las Mipymes

Dado que a nivel nacional un 67% de los ocupados que perciben el salario mínimo trabajan en empresas con menos de 50 trabajadores, la medida tiene un mayor impacto en las micro, pequeñas y medianas empresas, las que, según explicó Alejandro Lama, presidente de la Cámara de Comercio de Chillán, no siempre están en condiciones de incrementar los salarios.

En Ñuble, el 65% del empleo lo generan las micro, pequeñas y medianas empresas.

En ese sentido, el dirigente gremial respaldó la propuesta del Gobierno: “Este valor tiene su mecanismo de cálculo que ha sido utilizado siempre”. De igual forma, rechazó el monto propuesto por la CUT: “No es factible, porque habrá muchas pymes que no podrán asumir este aumento desproporcionado”.

Asimismo, Lama desestimó que debiese existir un salario mínimo diferenciado de acuerdo al tamaño de la empresa. “El sueldo mínimo es eso, la mayoría de las empresas pagan más, por varias razones, entre las cuales está el valor mercado, al que se le adiciona el 25% de gratificación, de cargo del empleador”.

La misma postura planteó el académico Carlos Delgado, quien señaló que “el costo laboral para las Mipymes tiende a ser mayor en términos relativos que para las grandes empresas, y además, constituye un costo fijo en la mayoría de los casos. Estas empresas, por su tamaño, no tienen economías de escala que les permitan diluir los costos fijos unitarios”.

Sin embargo, expuso que “con todo, el hecho de establecer salarios mínimos diferenciados por tamaño de empresa puede tener efectos adversos tanto para las empresas como para los mismos trabajadores. Si el salario mínimo para las grandes empresas fuera mayor que el de las Mipymes, las personas tenderían a postular a puestos de trabajo de las primeras, quedando las últimas con escasez de mano de obra disponible. Esto podría generar dificultades en la gestión operativa de las Mipymes. Además, podría darse el caso que personas que realicen una misma labor tengan salarios diferenciados al pertenecer a empresas con distintos volúmenes de facturación”.

“En conclusión -continuó Delgado-, los aumentos de salario mínimo deben ser en niveles que sustenten la posición competitiva de las Mipymes en el mercado. Además, es mejor generar apoyos para que estas empresas aumenten su productividad, y que al mismo tiempo puedan alivianar su costo laboral”.

Por su parte, el analista Héctor Garrido postuló que “lo ideal sería cobrar un salario mínimo a las grandes empresas y utilizar mecanismos de subsidio para las pequeñas empresas, que permitan que los trabajadores alcancen dicha cifra. Aunque esta respuesta ideal en teoría tiene muchas dificultades para ser implementada, en la práctica, debido a prácticas como el multirut, por ejemplo. Por ello, fijar el punto de corte entre una política u otra no es una tarea para nada trivial”.

Sueldo de $500 mil

Desde la CUT, en tanto, defienden el alza de $173.500, es decir, de 48,6%. En ese sentido, Luis Sánchez postuló que el Estado debe subsidiar a aquellas Mipymes que no puedan solventar este incremento.

“La propuesta se sustenta en un royalty minero que supere el 40%, para que el Estado tenga una recaudación real sin evasión; a esto se le debe sumar el impuesto a los súper ricos; se debe complementar con una reforma tributaria”, argumentó, de manera de “poder ir en apoyo de las pequeñas empresas que no tengan la capacidad de pagar esta cantidad”, para lo cual deberán demostrar esa incapacidad.

De igual forma, el dirigente local planteó poner en acción un IVA diferenciado a los productos de primera necesidad, como el pan.

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