Turismo: potencial y desafíos

La próxima semana comienza el recambio de visitantes en los destinos de mayor demanda en la provincia. Quillón, Cobquecura, Termas de Chillán y Las Trancas ya tienen una primera evaluación y es bastante positiva, pues estuvieron cerca del 80% de ocupación y proyectan mejores cifras para febrero, el mes donde suelen alcanzar el peak de visitantes. 

Ahora bien, al considerar todos los progresos de la llamada industria sin chimeneas y los beneficios que reporta, se advierte la necesidad de mantener un continuo esfuerzo de promoción que permita sostener, sin decaimiento, la atracción de Ñuble, tanto para el turismo interno como externo.

Para ello es indispensable ampliar y diversificar la correcta información que se ofrezca al visitante para planificar su actividad y lo motive a conocer lugares destacados de la futura Región, sin omitir las propuestas de extender los itinerarios proyectados, a fin de conocer circuitos alternativos, como pueden ser San Fabián y Atacalco o Mela y Perales. 

Es bien sabido que el turismo fue creciendo en el mundo a medida que se enriqueció el conocimiento de ciudades y países. La información se expandió a medida que mejoraron las comunicaciones y los medios de transporte y, de igual modo, creció la oferta de servicios adecuados a los turistas, con distintos niveles de expectativas y recursos.

El capital humano capaz de “vender” a Ñuble es un factor muy relevante. La provincia cuenta con una variada naturaleza, que le permite ofrecer alternativas muy diferentes como montaña, lagunas, mar, reservas naturales, además de una rica historia que recoge mitos, heroísmo, acciones relevantes para la formación del pueblo chileno y la independencia nacional y americana y una gastronomía y vinos de cepas centenarias, cada vez más apreciados por paladares nacionales y sobre todo extranjeros. 

En consecuencia, la capacitación del personal, tanto en idiomas, como en aspectos culturales, geográficos y económicos, también deben ser objeto de preocupación y monitoreo permanente, pues es común que en la fase inicial los proyectos se ajusten a los perfiles ideales planteados en su formulación, pero con el tiempo tienden a relajarse los controles de calidad y las iniciativas terminan desperfilándose. 

Finalmente, en este cuadro de los componentes de un creciente turismo algo más hay que señalar y que es condición sin la cual se limita su poder de convocatoria: la sustentabilidad. 

Lamentable resulta, por ejemplo, la reciente “invasión” de personas al Santuario de la Naturaleza La Lobería, en Cobquecura , el daño que han sufrido las lagunas de La Plata y Huemul y sobre todo la ausencia de regulaciones para impedir que la actividad turística sature los ecosistemas, como ocurren en Las Trancas, donde se constata un crecimiento desorganizado y deficiente saneamiento de servicios básicos, como agua potable y alcantarillado y gestión de los desechos. 

Es necesario tener presente que cualquier emprendimiento que degrade el ambiente implicará la pérdida de la calidad turística y consecuentemente una disminución de las posibilidades de producir ingresos locales genuinos, lo que es un contrasentido, sobre todo si pensamos que la actividad turística en Ñuble viene ejerciendo una positiva influencia en su economía y seguirá siendo uno de los pilares del desarrollo de la futura Región,  tanto en materia de inversiones, como en generación de empleos.