La historia de la religiosa que lidera desconocido comedor solidario

Dice no estar en contra de la tecnología, pero prefiere no usar celular.


 “Es por una opción personal, pero sí tengo correo electrónico y Facebook. No le tengo temor para nada a la teconología... (risas) Sé que es un excelente medio, pero no me gusta estar hablando por teléfono porque me parece muy impersonal la comunicación; también creo que de alguna manera el celular me ataría al estar pendiente de él. No lo necesito”, comenta la religiosa Marisol Carrasco, y aclara que, capaz por una cuestión divina, siempre está presente cuando la necesitan, por lo que no se ha planteado la  compra de uno.


Hoy, en que la gente le presta a sus teléfonos inteligentes más tiempo del que se dan a si mismos, la religiosa prefiere dirigir toda su energía al comedor y al policlínico que con entusiasmo comanda hace tres años en la Población Balmaceda, al poniente de Chillán.


 Aunque esas dos obras sociales se hicieron realidad en un contexto histórico diferente, luego de cuatro décadas aún siguen entregando solidaridad y un poco de dignidad a los que no pueden conseguirla incluso ni en sus propias casas.


Vagabundos, jubilados a los que su ínfimo pago mensual no les alcanza para solventar el almuerzo diario, o personas que por diversas razones van de pasada por la calle Andrés Bello y solo llevan 200 ó 300 pesos en el bolsillo, llegan hasta el comedor San Martín de Porres, en busca de un plato caliente de comida preparado por manos desinteresadas de un grupo de 24 colaboradoras que a diario trabajan en el local.


“Acá acogemos a todos los que necesiten alimento; no hay distinción de ningún tipo, por eso se ven muchos casos distintos. Felizmente la comunidad es solidaria y a hecho suyo este legado que ya lleva más de 40 años de servicio”, cuenta entusiasmada la religiosa chillaneja de 43 años, perteneciente a la congregación Dominicas Misioneras de Santo Domingo, quien asegura que al iniciarse Semana Santa, renueva su compromiso de fe con una obra solidaria desconocida y necesaria para la ciudad.


Lo salvaron de la muerte
Son aproximadamente 50 personas las que llegan diariamente al comedor del santo negro y a veces la atención a los comensales va más allá de la entrega de una ración de comida.


Dentro de los innumerables usuarios del comedor, la madre Marisol recuerda con especial cariño la historia de un hombre que, gracias a la labor pastoral y médica de las dependencias que lidera, pudo salvarse de la muerte.


Tras caer postrado a consecuencia del alcoholismo que lo aquejaba por mucho tiempo, un habitual comensal dejó de acudir al comedor público, lo que llamó la atención de la religiosa y de la veintena de colaboradoras.


Al visitar la pieza del hombre, la madre Marisol entendió que el panorama era poco alentador, por lo que decidió gestionarle atenciones médicas personalizadas desde el policlínico que lleva el mismo nombre del comedor.


Médicos generales, enfermeras, terapeutas y kinesiólogos llegaron hasta la habitación del paciente a prestarle los cuidados que necesitaba.


Aproximadamente un año y medio estuvo el hombre en cama, hasta que a finales del año 2015 pudo levantarse y caminar por sus propios medios.


Lo más destacable de su recuperación, según cuenta la religiosa, es que el vecino dejó su adicción al alcohol y ahora trata de realizar una vida mejor.


prestaciones
 Son 15 los profesionales de la salud que se han unido a la causa solidaria. Siete de ellos apoyan realizando atenciones en el mismo policlínico, y el resto, por la complejidad de la especialidad, lo hace en sus propios consultorios.


Fonoaudiólogos, kinesiólogos, psicólogos, dentistas, médicos generales, dermatólogos, traumatólogos, ginecólogos, pediatras, radiógrafos y laboratoristas, son los profesionales que entregan parte de su tiempo para ayudar de manera gratuita a los vecinos de Balmaceda y de otras partes de la ciudad.


“Acá no solo vienen pacientes de Balmaceda, llegan de todo Chillán e incluso hemos recibido gente de otras comunas; siempre están las puertas abiertas para todos. Tenemos la suerte de contar con profesionales que se iniciaron con el policlínico el año 1983, pero también se ha ido traspasando la motivación y también contamos con jóvenes que muchas veces sacrifican sus horarios de colación para atender personas”, sostiene.


-¿En general usted cree que el chillanejo es solidario?
-Creo que sí. Cuando el chillanejo conoce la obra y sabe lo que se hace lo valora. Lo que pasa es que es necesario visualizar la situación; ocurre que muchas veces pasamos por la vida sin ver, sin darnos cuenta que el otro necesita de nosotros. Eso es lo que ha pasado acá, los vecinos, las colaboradoras y profesionales son conscientes que la realidad que se vive no es la mejor 


-¿Por qué el comedor y el policlínico lleva el nombre del santo negro San Martín de Porres?
-Porque él entregó su vida a la labor social y la ayuda de los más necesitados. Fue un religioso de la orden de los Dominicos.
Tras un receso de verano como todos los años, mañana parte nuevamente la entrega de almuerzos en el comedor San Martín de Porres, ubicado en la intersección de las calles Andrés Bello y Puente, en la Población Balmaceda.