[Editorial] Consumo juvenil de drogas

  • Por: LaDiscusion.cl
  • Fotografía: Mauricio Ulloa

El tejido de la vida social es una realidad porosa, y en ella los menores que se van abriendo al conocimiento del mundo externo reciben, como es lógico, las influencias del entorno, tanto positivas como negativas. Entre las últimas están aquellas a las cuales pueden ser particularmente sensibles los adolescentes. Se trata de incitaciones al consumo que pueden llegar a convertirse en adicciones cuando se establece una dependencia con una sustancia como la marihuana o el alcohol. 

Es menester advertir que los peligros que entrañan el alcohol y las drogas han crecido en relación con las facilidades de su adquisición y consumo, como lo demostró el Undécimo Estudio Nacional de Drogas en Población Escolar en Drogas, conocido la semana pasada. El trabajo revela que en Chillán y San Carlos 28 de cada 100 estudiantes reconocieron que consumieron marihuana en el último año. En el caso del alcohol, las mujeres lideran el consumo, con un 33,5% y en los hombres alcanza a un 28,8%. 

Otro indicador complejo es que las niñas escolares entre octavo básico a cuarto medio lideran las prevalencias de consumo en alcohol, tabaco, marihuana, cocaína, inhalables y pastillas sin receta médica. 

Quienes están en contacto con los adolescentes aprenden dolorosamente con frecuencia a percibir síntomas que denuncian el inicio de las adicciones.

Por su función y proximidad, son los padres y los profesores los llamados a captar conductas irregulares. A los primeros parece que les cuesta más admitirlo, porque gravita en su responsabilidad. La experiencia docente, en cambio, más distante y con mayor objetividad, suele descubrirlo por eso más tempranamente. 

Lo primero, es ser prudentes en la observación. Siempre se necesita un tiempo de razonable observación antes de confirmar o descartar una presunción. Igualmente, debe reconocerse que pese a haber razones circunstanciales inmanejables que conducen a abusar del alcohol y las drogas, también es cierto y comprobable que los adolescentes que sucumben a las adicciones son por lo general los que no están siendo bien queridos, es decir, los que no sienten el contacto, la cercanía, la intimidad, con adultos comprensivos y maduros. Por eso importa mucho cuidar el contacto interpersonal con los adolescentes, promover con fluidez el diálogo con ellos y transmitir siempre afecto y confianza. Y algo sustancial que hay que reiterar con firmeza: la familia es la institución que debe actuar primariamente en la función preventiva. 

El uso de drogas habitualmente es gradual y no siempre se llega a la dependencia. Esta ocurre según múltiples factores individuales y sociales, pero en general en una escalada entre el uso experimental o recreativo, el consumo habitual, el abuso de la sustancia y la dependencia o adicción. En estas últimas etapas, los adolescentes se encuentran afectados en mayor o menor grado por el uso de la sustancia en diversas esferas de la vida, como en el área familiar, escolar y social. Por lo tanto, así como las causas del inicio y mantención del consumo de drogas son variadas, dinámicas y dependen de múltiples factores, también lo son las manifestaciones y consecuencias de su consumo. 

Esto exige que los padres sepan hablar a los hijos en un lenguaje adecuado de los peligros del alcohol y de las drogas, incluso antes de los años del desarrollo, a fin de generar desde la edad temprana actitudes de rechazo a las drogas. Más que una lucha o una prohibición, se trata de un proceso educativo al que no podemos renunciar.