[Editorial] Espíritu de Navidad

  • Por: LaDiscusion.cl
  • Fotografía: Víctor Orellana

Aunque para una parte del mundo occidental se trate de una fecha religiosa y feliz, para otros el 25 de diciembre es motivo de fastidio, angustia o simplemente aburrimiento. Viejos pascueros, arbolitos y motivos paganos inundan y nublan el espíritu original, mientras cada vez menos recuerdan el verdadero sentido de la Navidad: el nacimiento de Cristo. 

La imagen ideal de niños y mayores sonrientes, comidas deliciosas; paz y amor en abundancia contrasta con una realidad en la que en lugar de la paz reinan las discusiones familiares, la soledad, los balances insatisfactorios y la ingestión excesiva de comida y bebida. Todos males asociados a esta fecha que alguna vez fue la celebración del nacimiento de un hombre muy sabio, pero que ahora es a menudo simplemente abandonarse a la excitación del consumismo, que devora gran parte de nuestras actividades cotidianas y de lo que debieran ser nuestros sentimientos más personales.

Sin embargo, existe un gran espacio y por ende muchas y diversas oportunidades para que cada persona encuentre una manera diferente de festejar, sin tener que dejarse arrastrar por la corriente de la obligación de consumir más allá de lo necesario. 

Cuando se piensa en aquello que puede hacer feliz al otro o que necesita realmente, principalmente en el caso de niños y jóvenes, cuando se combina esa entrega de amor con un presente material -que cumple además el objetivo de expresar esos sentimientos que con palabras nos cuestan decir o que nos ayuda a acercarnos sinceramente a alguien-, cuando un regalo es el premio a un sacrificio o esfuerzo escolar, la Navidad alcanza un sentido diferente que el solo hecho de regalar. 

Muchas veces los padres de familia cometen el error de tratar de expiar algunas culpas haciendo regalos a sus hijos que o son innecesarios o les implican deudas inmensas para satisfacer gustos infantiles o adolescentes, que no suplen ni la falta de tiempo no entregada durante el año, ni las ausencias a ciertos eventos importantes en la vida de los hijos, ni los malos tratos tanto físicos como verbales que han sufrido. 

Si ese regalo costoso no va acompañado de una palabra de perdón sincero, de un deseo de cambiar; solo durará el rato de entusiasmo del producto, hasta que deje de ser novedad. En cambio, con un gesto de arrepentimiento, un esfuerzo consciente por no cometer nuevamente aquellos actos que hacen sufrir a la pareja, al amigo, a los padres, al compañero de oficina, se está viviendo la Navidad. 

No se trata de dejar de lado la solidaridad que en ciertas fechas especiales como ésta se practica y que sin duda constituye un acto de amor importante, sino que a esos actos materiales, positivos y necesarios, también se le deben agregar acciones que signifiquen un esfuerzo personal o familiar de dar a otros tiempo, cariño, amistad, compañía, consuelo u otras actitudes de donación personal. 

Si el espíritu navideño fuese asumido en plenitud en los niveles de conciencia que determinan los comportamientos individuales y sociales, muchos espacios actualmente ensombrecidos por situaciones de conflicto se iluminarían, probablemente, con expresiones de solidaridad, amistad social y progreso. 

Pensemos más allá de su significado religioso y comercial y hagamos de esta fecha un tiempo propicio para corregir errores, curar heridas y descubrir horizontes abiertos a la construcción de un renovado futuro.