El mundo de las pantallas

Un vasto conjunto de productos electrónicos se ha ido incorporando gradualmente a nuestra vida. Son instrumentos al servicio de grandes y chicos cuyo uso puede aplicarse a la comunicación interpersonal; a la información de novedades; al interés por los espectáculos de todo tipo; a la publicidad, la lectura de historietas y a tantas actividades más que sería imposible terminar de enumerar. Poseen, asimismo, posibilidades de renovación constante, facilidades para adaptarse a circunstancias diversas y hasta podría decirse que es tanta su plasticidad de funciones que tenerlos y saber usarlos constituye un fin en sí mismo.

No sorprende, entonces, que las horas pasadas frente a los medios electrónicos vayan en franco aumento y están dejando llamativamente atrás al tiempo que se le dedica a la televisión, hasta hace poco reina indiscutida de la atención. Estos datos surgen del informe global Internet Trends 2016, de la consultora Kleiner Perkins Caufield Byers (KPCB), que abarcó a 30 países de los cinco continentes, entre ellos Chile, y que ponen el acento sobre un tema que debe interesar a los responsables de la educación en todo el mundo.

Nuestro país exhibe cifras similares a la media internacional: pasan casi dos horas diarias frente a la TV; dos horas también ante al PC para navegar por Internet frente a las tres horas y media frente al smartphone y 20 minutos ante la tableta. Es decir que su tiempo libre está dedicado por sobre todo a las pantallas electrónicas.

Si bien para los expertos en medios lo que ocurre es que las nuevas pantallas se van complementando con las anteriores, lo cierto es que el celular o smartphone tiene ventajas evidentes sobre el resto de los electrónicos: aparato individual, frente al computador que puede ser compartida a veces por toda la familia; sirve para comunicarse en todo momento (y por eso desplazó prácticamente al teléfono fijo); para oír música; para conectarse a Internet, y como agenda multifunción.

Sin embargo, hay ciertos datos que deben ser tenidos muy en cuenta. Por ejemplo, que en Chile el libro en soporte papel todavía resiste frente al uno por ciento de lectores que pasó del papel a los e-books, quizás porque todavía no se masificó el uso de las tabletas, pero también porque las personas que pasan más tiempo con las pantallas son también las que más leen en soporte papel, según conclusiones de la Encuesta Nacional de Consumos Culturales 2015. Lo que sí ha descendido a favor de la lectura online es el número de lectores de diarios: un 58 por ciento los consulta en el soporte papel, pero un 10% directamente ya solo los lee en la Web.

En Chile, por ahora, siguen siendo los adultos los que deciden que los niños y adolescentes estén más acompañados en sus ratos libres por pantallas que por libros o diarios, porque muchos hogares tienen más pantallas que libros: una o más pantallas de TV que se suman a todas las de los celulares, e-books y tabletas. Es decir, el uso de las pantallas termina siendo la principal actividad diaria de los niños.

Sin embargo, como nuestro futuro próximo estará dominado cada vez más por la presencia de pantallas, no se trata de rehuir el debate.

Hay todo un mundo muy rico por descubrir todavía, del cual las pantallas son apenas el soporte. Su uso controlado y oportuno dependerá también de cada uno y de la comunidad en la que esté inserto, sobre todo porque hace mucho que se sabe que el ocio activo puede ser una fuente fértil de imaginación y nuevas y excelentes ideas.