Energía para el agro

Han sido dos situaciones negativas para el sector agrícola las que se han transformado en catalizadoras de un proceso positivo, como es el aprovechamiento de las energías renovables no convencionales (ERNC). 

Si bien el impulso de estas energías es una tendencia muy fuerte en los países más industrializados, en el caso de Chile el alto precio que ha alcanzado la energía eléctrica y la prolongada escasez hídrica, que ya suma siete años, han sido los reales factores clave en la búsqueda de soluciones que han mostrado a las ERNC como una oportunidad para superar estos problemas. 

En este contexto, existe una hoja de ruta para el país que contiene un gran número de iniciativas que se deben implementar para avanzar en términos de aumentar la capacidad de generación, modernizar el sistema de transmisión, elevar los niveles de eficiencia y ahorro energético, así como también reducir la dependencia de la generación de las fuentes no renovables, como el carbón, el diésel y el gas natural. 

A partir de dicha estrategia se han enviado algunos proyectos de ley al Parlamento, uno de los cuales es la llamada Ley 20/25, aprobada y promulgada en octubre de 2013, que estableció como objetivo país que en el año 2025 al menos un 20% de las fuentes generadoras sean ERNC. 

Junto con ello, la progresiva masificación de la tecnología fotovoltaica ha permitido reducir sus costos de implementación, lo que ha acercado gradualmente estos sistemas de generación a partir de la energía solar a los hogares urbanos y también a las zonas rurales. 

Es así como en numerosos predios agrícolas se han convertido en una atractiva alternativa para la extracción de agua desde pozos profundos, sin costo operacional para los usuarios. Ello ha permitido mitigar de manera eficiente y sustentable la sequía. En Ñuble, con el apoyo  del Indap, se ha avanzado aceleradamente en la instalación de estos sistemas para pequeños agricultores, con un costo de instalación muy bajo para los beneficiarios y con enormes beneficios, que van desde la reducción de las cuentas de electricidad hasta la optimización del trabajo en invernaderos y en huertos, con un notable aumento de la eficiencia. 

Este programa se suma a otras líneas de financiamiento que también apuntan al aprovechamiento de las ERNC en las faenas agrícolas, orientados a agricultores de distinto tamaño. Tanto la Comisión Nacional de Riego, como la Fundación para la Innovación Agraria, tienen fondos concursables para apoyar este tipo de iniciativas, que no solo incluyen el aprovechamiento de la energía solar, sino que todos los proyectos que utilicen ERNC, como la energía eólica, la biomasa, la producción de biogás y las mini centrales hídricas de pasada, entre otras. 

De esta forma, se busca apoyar, por un lado, el crecimiento y desarrollo de los emprendimientos agrícolas, y por otro, diversificar la matriz energética nacional, lo que supone ahorros importantes para los agricultores y para el país en general, aumentando su productividad y su competitividad. En ese sentido, conviene mencionar que entre un 10 y un 20 por ciento de los costos de producción en el agro corresponden a energía, por lo que cualquier reducción es bienvenida. 

Es importante, sin embargo, que los agricultores comprendan los beneficios de optar por estas alternativas energéticas y sean capaces de concretar las inversiones necesarias que les permitan un ahorro futuro, lo que sumado a mayores eficiencias en los sistemas de riego, harán que el sector mejore sus niveles de productividad y competitividad.