“He realizado 14 aterrizajes de emergencia y siempre he salido ileso”

El pasado lunes 12 de diciembre la Federación Aérea Internacional (FAI) cumplió una deuda histórica que tenía con Juan González Sepúlveda.

Después de casi seis décadas formando nuevos profesionales de vuelo y al mismo tiempo entregando una desinteresada labor social a la comunidad, teniendo como herramienta principal su avioneta, el piloto recibió la máxima distinción de la aviación civil mundial.

El premio Paul Tissandier, que se entrega anualmente y por única vez a una persona de cada país en mérito a su destacada trayectoria y entendiéndose que esta ayudó a desarrollar la aeronáutica, llegó a resaltar merecidamente la figura del hijo adoptivo de Chillán y cerró con broche de oro todos los honores que un amante de los aviones pueda obtener.

“Lo recibí con mucho orgullo, pero también con humildad; el volar es parte de mi vida, llevo 58 años haciéndolo y no sé si fue justo o no que me lo entregaran, pero creo que es un reconocimiento a los años. Evidentemente en todo este tiempo algo he hecho por la aviación civil”, comenta convencido Juan González.

Desde la década del 90 que el originario de San Javier viene acumulando en las murallas de su casa distinciones entregadas por municipios, clubes aéreos y por la propia Federación Aérea de Chile (premio Clodomiro Figueroa), los que a partir de ahora tendrán que hacerle un espacio destacado al Paul Tissandier

Labor social
Gestor principal de la escuela de vuelo del Club Aéreo de Chillán en 1963, combatiente de incendios forestales de la región en la Corporación Nacional Forestal (Conaf), ambulancia aérea cuando era necesario e instructor de casi un centenar de personas, de las cuales siete terminaron siendo pilotos comerciales y algunos se ganan la vida en líneas aéreas como Latam, es un breve repaso de lo que ha sido la vida del más antiguo y aún activo piloto de  la provincia, de 82 años.

-¿Qué es lo más relevante que cree usted ha hecho por la aviación chillaneja?
-Aquí fui el creador y fundador de la escuela del Club Aéreo de Chillán y me desempeñé como director por muchos años. Formé como pilotos a 68 alumnos y a otros siete los capacité para el mercado comercial, pero la labor mía ha ido mucho más allá que ser un instructor.

-¿A qué se refiere?
-Cuando no existían las autopistas que hay ahora, era muy difícil trasladar de urgencia a personas desde Chillán a Santiago, por eso dentro de las actividades que hice en el Club Aéreo fue llevar a enfermos o accidentados en avión. Desde acá volábamos hasta dos veces a la semana llevando pacientes y el recorrido lo hacíamos casi en dos horas, mientras que por tierra el viaje podría llegar a tomar un día entero, porque los caminos eran malos.

-¿Cuántas personas llegó a transportar a Santiago?
-Al menos unas 30. La mayor actividad se dio entre 1960 y 1995 aproximadamente, en el club incluso teníamos un avión con oxígeno y con lo mínimo para ayudar al médico o la enfermera que acompañaba al paciente.

-¿Qué ha sido lo más difícil que le ha tocado vivir mientras volaba?
-Me acuerdo que una vez una niña de 14 años lamentablemente falleció a la altura de Longaví más o menos. Su papá, que iba en el avión, se volvió medio loco y me decía que regresara a Chillán, luego me pidió que igual nos fuéramos a Santiago, estaba tan desesperado que incluso me mandó una cachetada; fue una anécdota muy triste y a partir de este incidente la Dirección de Aeronáutica exigió que los enfermos debían ser acompañados por un médico o enfermero. Pero también me han  ocurrido cosas bonitas, como cuando alguien me vio en la calle y me dio un abrazo sin que yo recordara quien era. Luego me explicó que yo le había salvado la vida porque lo trasladé a Santiago.

-¿Alguna vez ha sentido temor por su vida?
-Nunca. He tenido que realizar 14 aterrizajes de emergencia y siempre he salido ileso yo y el avión. El último fue el año 2005, cuando tuve que aterrizar en un fundo de San Carlos que tenía cultivada  remolacha.

-¿Qué opina de los dichos del director regional de Aeropuertos, de que las pistas de aterrizaje que hay en la provincia son suficientes?
-Estoy en total desacuerdo con él. Detrás del escritorio no se planifican las cosas, hay que estar en terreno para hacerlo. Es cierto que ahora no hay necesidades, pero ¿qué pasará cuándo haya emergencias como las ocurridas después del terremoto del 2010, cuando tuvimos que volar a comunas sin pistas llevando ayuda?

-¿Cree que Chillán debería recibir vuelos comerciales?
-Sería una estupenda idea, ya que el aeródromo tiene todas condiciones necesarias para la llegada de aviones de pasajeros. Pero la pregunta sería si es que las aerolíneas comerciales están interesadas en un mercado como Chillán, que es chico.

-¿Cuándo y por qué decidió venir a Chillán?
-Llegué a trabajar al aeródromo en 1955, cuando tenía 21 años. Pero después de tanto tiempo ya me siento un chillanejo más.

-¿Cuál es el mayor problema de la comuna según usted?
-La congestión vehicular y los parquímetros. En esto último particularmente creo que se debería evaluar su erradicación; es muy poco lo que le queda al municipio como ganancia y encima nos quitan  el derecho de usar la ciudad que es de todos nosotros.