Inmigración: del agradecimiento por su aporte a la ilegalidad obligada

“Criticarla es no entender nada de la historia y de la dinámica humana, fundamentada en la movilidad de los pueblos”, señala el historiador Marco A. Reyes Casi 700 solicitudes de visas han recibido este año en el Departamento de Extranjería de la Gobernación Provincial, 300 más que todo el año pasado

Lejos de la crispada discusión que actualmente se ha tomado parte de la agenda nacional, en la que personajes del mundo político hablan de endurecer las leyes migratorias para el ingreso y estadía de extranjeros en Chile, el ecuatoriano Luis Potocí trata de sacar adelante en Chillán el mayor emprendimiento de su vida a sus cortos 27 años de edad.

Hace dos semanas dejó atrás las ventas callejeras y todas las externalidades negativas que ello conlleva, como los decomisos de mercadería, multas, insultos por su condición de extranjero y golpes mientras era detenido por la policía uniformada, y se instaló con un local de venta de ropa y artículos especialmente dirigidos para el público femenino, en la calle Isabel Riquelme.

El otavaleño padre de dos hijos (uno de ellos chillanejo, de poco más de un año de nacido) confía en que la estratégica ubicación de su pequeña tienda, entre Constitución y El Roble, le permitirá solventar los gastos diarios de su creciente familia.

Cinco años itinerando en las diferentes calles del centro de Chillán tuvieron que pasar para que se estableciera, situación que logró sin la ayuda de nadie y más aún superando de manera estoica las ingratas barreras que le impone la propia municipalidad local, esa que su máximo representante, el alcalde Sergio Zarzar, en más de una oportunidad dejó entrever que el explosivo aumento del comercio ambulante en la ciudad se debe especialmente a la presencia de extranjeros.

“Nadie nos puede decir que no somos un aporte para la comuna o el país. Por la actividad que hasta hace quince días realizaba y que realizan unos 25 compatriotas en la calle, se debe cumplir con el Servicio de Impuestos Internos (SII) pagando mensualmente un aproximado de 50 mil pesos”, comenta el micro empresario, quien administra el negocio junto a su esposa.

Luis afirma que la veintena de ambulantes originarios de Otavalo (Ecuador) quieren dejar las vías peatonales del centro y que incluso hace un mes plantearon a la Casa Consistorial que les facilite el arriendo de una propiedad que los reúna a todos; sin embargo, señala, nunca han sido escuchados pese a estar dispuestos a pagar hasta 200 mil pesos mensuales cada uno.

Una historia de esfuerzo parecida es la de Luzmila Arias, quien tras seis años de comercializar sus productos en las céntricas vías de la ciudad, con mucho esfuerzo pudo concretar el anhelo de ejercer su actividad comercial de manera tranquila en una propiedad.

No menos complicado fue el peregrinar de Diovana Mamani. La peruana recuerda que para llegar a tener los dos puestos de venta de artesanías en la plazoleta Sargento Aldea y los dos restaurantes de comida típica de su país, tuvo que lidiar con la burocracia que por momentos mermaba su paciencia y los deseos de hacer empresa en Chillán.

Ilegalidad obligada
La costumbre de ocupar espacios públicos de las principales arterias en grupos de hasta cinco personas, ensalzan la visibilización de la comunidad ecuatoriana, la que ha sido señalada por el jefe comunal y por el gremio de la Cámara de Comercio chillaneja como el factor determinante en el crecimiento del comercio callejero.

Sin embargo, de acuerdo al trabajo periodístico publicado el domingo 27 de noviembre por LA DISCUSIÓN, serían aproximadamente cien los ambulantes ilegales dentro de las cuatro avenidas, de los cuales solo una veintena corresponden a ecuatorianos, hecho real y concreto que contradice toda percepción subjetiva que se pueda tener sobre el tema.

A diferencia de las controvertidas opiniones que dio a inicios de semana el ex Presidente Sebastián Piñera, en la que asociaba a las bandas delictuales que existen en Chile  con los inmigrantes, en Chillán el cuestionamiento hacia la presencia de extranjeros se ha reducido al hecho de si tienen o no permiso para vender en la vía pública.

Luis Potocí aclara que casi todos sus compatriotas cuentan con una “visa temporaria de inversionista”, la cual les permite practicar una labor económica acorde a sus posibilidades, situación que no pueden desarrollar con normalidad porque, según el otavaleño, el gobierno comunal no les ha facilitado la autorización que necesitan, lo que los convierte en vendedores ilegales.

Desde el Departamento de Extranjería de la Gobernación Provincial de Ñuble, explican que este tipo de visa les brinda a los inmigrantes la facultad de iniciar actividades en Servicios de Impuestos Internos y los obliga a cumplir con el pago de todas las imposiciones legales como cualquier otro ciudadano chileno o residente de modo que, subrayan, su simple presencia ya significa un aporte para el Estado. No obstante, en la repartición pública recalcan que solo les compete a los municipios otorgar o no un permiso para efectuar libremente un emprendimiento de tipo comercial.

En aumento
Mientras que la estadía y sueños de algunos inmigrantes de mejorar su situación económica se torna un tanto incierta a causa de temas burocráticos, a la comuna siguen arribando ciudadanos extranjeros con sus propios proyectos de vida.

En lo que va del año, aproximadamente 700 solicitudes de visa ha recibido la oficina de Extranjería local, 300 más de las que se pidieron en todo el 2015, según afirma la jefa del despacho, Soledad Gazmuri.

Venezolanos, colombianos y ecuatorianos (en orden descendente de importancia) son los que más demandaron documentos para legalizar su estadía; sin embargo, la funcionaria advierte que no necesariamente todos optan por quedarse a vivir en Chillán o Ñuble luego de regularizar sus papeles, ya que se da el caso en que algunos reciben su visa y dejan el territorio local.

El Departamento de Extranjería de la Policía de Investigaciones (PDI) de Chillán, institución en la que los ciudadanos foráneos deben registrarse hayan o no conseguido su documento en la Gobernación Provincial de Ñuble, tiene sus propias estadísticas.

La policía civil indica que el año pasado constataron un registro de  686 extranjeros y calculan que el 2016 la presencia de inmigrantes crecerá al menos un 40%, por lo que el total de ciudadanos foráneos podría alcanzar los mil.

Uno de los últimos hechos a nivel local que demuestran el dinámico flujo migratorio a nuestra comuna se dio el último martes, cuando la empresa Frutícola Olmué facilitó la llegada de 35 haitianos, a quienes les ofreció contrato de trabajo y estadía para su permanencia.

El Gobierno estima que en Chile viven alrededor de 500 mil extranjeros, lo que representaría el 2,7% de la población del país, lejos de la cifra mundial de 3,2%.

Aporte
“La inmigración es un factor elemental para el desarrollo de cualquier sociedad, porque si no, éstas no tendrían los emprendimientos que ni siquiera los autóctonos originarios la desarrollan. Los extranjeros que llegan están en una condición de supervivencia primero, entonces tienen que emplear todas sus potencialidades y capacidades; en todos los países del mundo la inmigración es beneficiosa”, explica el académico de la Universidad del Bío-Bío (UBB) e historiador Marco Aurelio Reyes.

Para entender lo que Chillán es hoy por hoy como ciudad, añade el también decano de la Facultad de Educación y Humanidades, es necesario recordar que se lo debe en gran parte a la presencia histórica de inmigrantes del siglo XIX y XX de modo que, recalca, renegar y estigmatizar actualmente a ciertos grupos solo demuestra intolerancia cargada de ideologías políticas.

“En la sociedad chilena pervive una actitud fascista de temor típico del pensamiento ultranacionalista, que habla de que el extranjero va a quitar puestos de trabajo o que son todos delincuentes; es una actitud hostil canibalesca, es no entender nada de la historia y la dinámica humana, que está fundamentada en la movilidad de los pueblos, no se dan ni cuenta de cómo llegaron a ser lo que son los chilenos”, enfatizó.

El historiador Alejandro Witker advierte que la experiencia que ha tenido Chillán en su historia respecto a la inmigración ha sido positiva;  no obstante, lamenta que por el hecho de que el fenómeno migratorio haya dejado de ser europeo para convertirse en latino, se genere rechazo.

“No vienen de Europa trayendo sistemas más avanzados, pero traen mano de obra que escasea, rica gastronomía y nuevos emprendimientos que sin lugar a dudas significa un aporte para Chile. Creo que acá hay un uso oportunista del tema, partiendo de una situación muy distinta a lo que ocurre en Estados Unidos, donde hablamos de millones de personas. Hay un millón de chilenos fuera del país y solo 500 mil inmigrantes en nuestro país, cifra que no debe crear ninguna alarma”, concluyó.

A juicio del sociólogo Kevin Villegas, el discurso con el que califica a la inmigración como una amenaza es antiguo y no tiene una base objetiva.

“Lo peligroso de todo esto es que se ve solo lo negativo de los extranjeros y se desconocen los otros ámbitos, como la diversidad cultural, economía y gastronomía; es una postura súper ideológica y sumamente fascista, que le atribuyen responsabilidades a individuos y no se hace un análisis crítico de la sociedad en cuanto a cómo se los está acogiendo”, argumenta.

El cientista social señala que la importancia de contar con inmigrantes en una sociedad como la chilena se da en el hecho de que estos grupos humanos permiten que los habitantes nativos desarollen la tolerancia y se abran a conceptos como la inclusión y la empatía.