Casi el 30% del comercio ambulante del centro de la ciudad es ilegal

Si de medidas populares o medidas impopulares se trata, la permanencia y hasta la explosiva ploriferación del comercio ambulante en Chillán, a no dudarlo, tiene escrito su propio capítulo lleno de tachas, borrones, escritos sobre escritos y soluciones que se repiten una y otra vez sin llegar a nada concreto.

Un segmento de la comunidad chillaneja lamenta su existencia por razones que van desde lo espacial y estético hasta de estar coludidos con los delincuentes que atacan en el centro.

Otros, en cambio, claman porque se les deje tranquilos basados en que “todos tienen derecho a trabajar”.

Pero lo concreto es que la municipalidad de Chillán tiene entregados 288 permisos a la misma cantidad de ambulantes dentro y fuera de las cuatro avenidas.

De ellos, 204 están autorizados para trabajar en el casco comercial acotado por las calles Arturo Prat, Sargento Aldea, Constitucióny 5 de Abril, sin embargo, la muestra del estado indómito del fenómeno es que tras un estudio hecho por el equipo de LA DISCUSIÓN, en las calles céntricas de Chillán, demuestra que la real cantidad de ambulantes supera los 263.

Si se incluye a los que están fuera establecidos fuera del hospital (cuatro), a otro grupo de entre tres y cinco personas que venden frutillas y arándanos en Ecuador con Argentina, y a los artesanos y vendedores de planes de televisión por cable que se tomaron la esquina de Arauco con el Roble, la cifra supera los supera los 285
Lo anterior significa que el 28,7%  de los vendedores ambulantes son totalmente ilegales.

Para comprobar la anterior, basta pasear cualquier en la tarde de cualquier día por calle El Roble, entre Arauco e Isabel Riquelme para contar 35 vendedores, siendo este un tramo en el que sólo se autorizó a 21 personas.

A las ofertas de insumos de celulares, confites, golosinas y artesanía a la que el chillanejo está acostumbrado, hoy aparecen vendedores de arándanos, frutillas, arroz con leche, caza moscas, parchecuritas, mandalas, cinturones, sábanas, calcetines, mandalas y juguetes.

Lo mismo se advierte en el Paseo Las Palmas, en dónde supuestamente se acabaron los permisos, pero en lo empírico se cuentan más de once pasada las 17 horas de un viernes.

Las quejas existen, pero no vienen exclusivamente desde la Cámara de Comercio como dicta la experienia ni tampoco de parte de la inspección municipal, sino, paradójicamente, desde los sindicatos de los ambulantes establecidos, quienes acusan desde la  merma en las ganancias hasta “la discriminación que sufrimos de la ciudadanía en general cada vez que la gente de la Cámara de Comercio se queja públicamente del comercio ambulante, sin especificar que se refieren a  los que están ilegales, por lo que la gente nos echa a todos al mismo saco y eso no es justo”, apunta Juan Valdenegro,  el presidente del sindicato número dos de la asociación de comerciantes ambulantes de Chillán.

“Yo llevo más de 30 años en este rubro”, continúa el dirigente. “Y antes muchos de nosotros éramos como ellos, teníamos que andar escondidos y vendiendo en dónde se pudiera, pero eso es algo que empezó  a agotar, y muchos de nosotros optó por legalizarse, algo que ni siquiera es caro”, acotó.
Valdenegro, dijo, por último que “desde hace unos tres años, la cantidad de ambulantes creció de manera tal que es imposible que los pocos inspectores municipales que hay, puedan realizar fiscalizaciones efectivas y eficentes”.

Y en efecto, desde la inspección municipal, admiten que los agentes fiscalizadores no alcanzan a ser 20, los que además deben distribuir sus funciones con cuatro inspectores encargados sólo de los problemas  testarudos relacionados con tránsito como estacionarse en lugares que no corresponden; otros tres destinados a realizar rondas en el mercado tradicional, el paseo Las Palmas y la plaza Sargento Aldea, otros cuatro tienen la tarea de responder a reclamos ciudadanos en general relativos a conflictos generados por la no observación de las normativas municipales; y, por último, apenas siete inspectores encargados de fiscalizar el comercio ambulante.

Las lecciones que dejó el paro

Es fácil de entender, por lo tanto, que con esas exiguas herramientas, la tarea se asemeja a tapar el viento con las manos. Por eso, si se escuchas las opiniones de los inspectores, la crítica ahora cambia de flanco y apunta a que “Carabineros no nos puede brindar todo el apoyo que necesitamos, y tampoco la PDI, lo que se nota en la cantidad de ambulantes extranjeros que andan por la ciudad sin permiso para trabajar”.

Una voz que siempre se repite en estas instancias es la del presidente de la Cámara de Comercio de Chillán, Alejandro Lama, quien respecto a este último punto, dice estar consciente de las múltiples tareas de Carabineros, por lo que no se le puede exigir una tarea como la de mantener al comercio ambulante en regla los 365 días del año.

Sin embargo,Lama revela que en la última reunión sostenida por socios de la Cámara, el municipio y Carabineros, los uniformados admitieron “haber conocido a fondo este problema en las últimas semanas cuando fue el paro de funcionarios municipales, con lo que los inspectores dejaron de fiscalizar por todo ese lapso, obligándolos a ellos a concentrar más fuerza de lo habitual en esas funciones”.

La reunión, de todas formas, tuvo por objetivo el organizarse para las campañas Navidad Segura y el control del comercio ambulante en el mes de diciembre.
En la cita, se determinó que se entregarían 80 autorizaciones a personas que podrán envolver regalos a cambio de propinas y se estableció un compromiso de potenciar las fiscalizaciones a los ilegales.

“Sin embargo, como en otros años, esta campaña funciona hasta el 25 de diciembre, pero el problema es que del 25 al 31, la cantidad de comerciantes ambulantes que llegan a la ciudad es francamente increíble, y los problemas para los establecidos son realmente graves”, afianzó Lama.
las razones del aumento

Hay quienes aseguran que Chillán se ha transformado en un paraíso para el comercio ambulante.

“No sé por qué, pero desde hace unos años esto se llenó, las personas hacen lo que quieren y llegan de todos lados, dice Juan Valdenegro.

En términos más técnicos, Alejandro Lama, dice que “cuando se creó eso de los permisos precarios se generó un desorden que hasta el día de hoy nos sigue pesando, porque la idea original era ayudar por un determinado periodo de tiempo a quienes estaban pasando por apremios, sin embargo, todos son conscientes del mal uso que se le ha dado a esos permisos, que no solamente se hicieron eternos sino que es posible ver verdaderas empresas que funcionan aprovechándose de estas licencias”.

Otra voz que se suma a las críticas por la excesiva presencia de vendedores ilegales, es la de la presidenta del sindicato número 2 de comerciantes ambulantes, Ana Sandoval.

Si bien la dirigenta con más de 34 años en esa actividad, dice que “yo entiendo muy bien a esa gente, sé que muchas son mujeres que tienen que salir a matarse a la calle porque sus maridos las abandonaron y ellas quedaron con los hijos y sin ayuda, o tanta gente con problemas muy graves, pero creo que así como nosotros aceptamos en su momento a regularizarnos y respetar las reglas, ellos deben buscar una manera de salir adelante sin pasar a llevar al resto”.

Además, la presidenta del sindicato 1, acusa que “el mayor problema que nos causan estas personas es  el desorden y la falta de higiene en la que terminamos trabajando, a nadie le gusta trabajar en las condiciones que nosotros tenemos, eso sin considerar el frío, el calor y los días de lluvia. Acá trabaja mucha gente de edad por lo que le hemos pedido tantas veces al concejo municipal que nos de permisos para poner kioscos verdes acá en calle Maipón, pero a pesar de los proyectos que enviamos dejan en claro que somos nosotros mismos los que financiaríamos el proyecto, siempre nos dicen que no ha lugar, y así seguiremos en las mismas. Eso es algo que no entendemos, porque estamos seguros que si en vez de ver puestos como los que tenemos, se instalaran esos puestos metálicos verdes, se vería todo más limpio y ordenado, en otras palabras, más dignos”.

No hay soluciones a la vista

Evitando aparecer como un enemigo del comerciante de pocos recursos, Alejandro Lama dice que “la gente piensa que nosotros en la Cámara reclamamos contra los ambulantes ilegales por interés económico, pero se olvidan  que cuando ellos no pagan impuestos no es a los comerciantes establecidos a quienes perjudican, ya que son los impuestos los que se transforman en mejores escuelas, mejoras en hospitales, jardines infantiles, luminarias, arreglos de calles y tantas otras cosas”.

Pese a esto las personas prefieren comprar en el mercado ilegal porque es más barato.

Lama admite que tras decenas de reuniones, las soluciones y promesas de más fiscalizaciones nunca demoran, pero son siempre las mismas.

“Nosotros no tenemos más facultades para pedir otras soluciones, es lo que nos ofrecen y eso es mejor que nada, no podemos hacer otra cosa”, finalizó.