[Editorial] Agroalimentación: el futuro

  • Por: LaDiscusion.cl
  • Fotografía: Mauricio Ulloa

¿Por qué Ñuble, estando por sobre el promedio regional en disponibilidad de recursos naturales, se sitúa porfiadamente bajo el promedio regional y nacional en términos de resultados económicos y sociales? ¿Qué tenemos que hacer para que se ubique por encima del promedio? 

Desde hace un siglo, sistemáticamente, ha visto eclipsar su protagonismo a nivel regional, pasando de ser el segundo territorio con mayor actividad económica y social, a estar tercero o incluso cuarto en algunos indicadores, como empleo y nivel de remuneraciones. Al consultar a especialistas y observar la matriz productiva, la respuesta refiere inevitablemente a un modelo de desarrollo económico muy poco diversificado y de bajo valor agregado, históricamente asociado a la agricultura tradicional. 

Por otra parte y después de casi tres décadas de instalación, el bajo aporte de la industria forestal al PIB provincial no alienta mejores expectativas. 

En efecto, Ñuble concentra hoy su industria en el sector silvoagropecuario, es decir, en la producción forestal-maderera y en el procesamiento de alimentos, pero más de dos tercios de sus exportaciones dependen del rubro forestal, mientras que la agroindustria se basa en la elaboración de algunos pocos productos hortofrutícolas que se exportan, de azúcar, de inulina y de carnes. 

Pese al impulso exportador hortofrutícola, la mayor parte de dichos envíos corresponde a productos con baja agregación de valor, pues corresponden a fruta fresca, en desmedro de subsectores como los congelados, las conservas, los deshidratados y los jugos, que no tienen un peso significativo en la canasta exportadora local. 

Y es que pese a contar con ventajas comparativas y una rica tradición agropecuaria, Ñuble no ha sabido o no ha podido dar el salto industrial necesario para agregar valor a su producción, y sigue sufriendo los embates de la competencia desleal, de los precios fluctuantes y de la falta de transparencia en los mercados de cultivos tradicionales, como el trigo, el maíz y la uva vinífera, por nombrar algunos. 

Si bien es destacable lo que se ha avanzado en materia de investigación científica y en la elaboración de alimentos gourmet para la exportación, donde ha sido clave la innnovación, la tenacidad de unos pocos emprendedores y el apoyo del Estado, ello aún es insuficiente y las empresas que han seguido este camino siguen constituyendo una minoría. 

A estas alturas, está claro que se requiere un impulso modernizador más potente, fruto de un trabajo público-privado, con una política de incentivos más audaz por parte del Estado, pero también con el compromiso del empresariado de hacer suyo este desafío, con innovación y conocimiento y una estrategia bien definida, que debe nacer de su principal vocación productiva: la agroalimentación.

Para proyectar el futuro de Ñuble se requiere un ejercicio constante de reflexión y debate donde el Gobierno provincial ha brillado por su ausencia, no así el sector privado y las universidades, que han abierto caminos de posibilidades mediante estudios y seminarios como el que desde ayer se desarrolla en la Universidad de Concepción y que precisamente apunta a contribuir con ideas y conceptos para innovar en el ámbito agroalimentario y construir una cultura de emprendimientos creativos y cadenas de valor que deben marcar la evolución en el pensamiento retrogrado que aún gobierna nuestra matriz productiva. 

El inminente cambio en el diseño político administrativo, como el que supone convertir a Ñuble en la decimosexta región del país, configura un escenario favorable para comenzar a escribir una nueva historia, con una hoja de ruta que promueva la diversificación y renovación de nuestra matriz económica y le agregue valor a los productos que nacen de nuestro fértil territorio.