Apostar por el estudio

No hay investigación de universidad o centro de estudio, chileno o extranjero, que no concluya que en nuestro país los indicadores del ascenso social están directamente vinculados con el nivel educativo y que, a su vez, éste determina la calidad ocupacional. 

Así, se refleja la continuidad de una relación de causalidad que no se ha debilitado en los últimos 50 años, a pesar de episodios críticos que afectaron la vida socioeconómica del país. Esta es una buena noticia que, a su vez, presenta un gran desafío para el futuro, pues nos plantea que si se recupera el nivel y la calidad de nuestro sistema educativo, el país, se supone, estará en condiciones de mantener y profundizar la movilidad social. 

En Chillán -y la región del Bío Bío en general- sin importar el origen ni el nivel socioeconómico, prácticamente todos los estudios que se han realizado dan cuenta que más de la mitad de la población piensa que sus ingresos y sus viviendas son sustancialmente mejores que las que tuvieron sus padres. 

Y no se trata sólo de un asunto de percepción. Durante los últimos 20 años, los análisis revelan que efectivamente se ha producido un cambio social importante, incluso mayor a lo que algunos -los más pesimistas- están dispuestos a reconocer. Ello se manifiesta en múltiples aspectos, como la mejora en los niveles de ingreso y el acceso a un mayor número de bienes de consumo, por nombrar algunos. 

Pero donde más se nota es en la educación, al menos desde el punto de vista cuantitativo. Al año 2015, la cobertura por nivel alcanzaba a un 70% en jardines infantiles (2 y 3 años), un 85% en pre kínder y kínder, prácticamente un 100% en educación básica, un 95% en educación media y un 55% en educación superior. En esta última, la matrícula total se ha duplicado en los últimos 10 años y prácticamente triplicado desde 1990. Cabe destacar, además, que desde principios de los años 90 el sistema de educación superior alcanzó un tamaño tal que, internacionalmente comparado, adquirió características de un sistema masivo. 

Resulta evidente que en el último medio siglo las cabezas de familia tuvieron muy en claro el propósito de que los hijos ascendieran en la pirámide social a través de una formación educativa superior. Ese objetivo ha seguido ejerciendo una positiva influencia en el curso de las generaciones y cada año en la provincia cerca de 8 mil jóvenes ingresan a universidades e institutos profesionales. 

Precisamente cuando faltan pocos días para que cerca de 4 mil alumnos egresen de cuarto medio y otro número similar complete el contingente que rendirá la Prueba de Selección Universitaria, se justifica insistir en el efectivo vínculo existente entre el nivel de estudios y el ascenso alcanzado.  

En el plano del ascenso individual se aprecia, por lo tanto, que cada vez es mayor la necesidad de proseguir estudios si se alimentan altas aspiraciones. Y esa misma realidad se observa en la elección de las universidades más prestigiosas, cuyos educación de excelencia y títulos aseguran mayor éxito de inserción en el campo laboral. 

En momentos en que miles de nuestros jovenes cierran un ciclo educativo y se enfrentan a decisiones que pueden marcar su futuro, el papel de los mayores en alentarlos en el camino del estudio y el de ellos es abrazarlos con convicción. En cualquier circunstancia, el estudio será siempre la vía más propicia del ascenso social.