La labor solidaria de sacerdote carmelino con los inmigrantes haitiano

Hace seis meses partió la permanente campaña solidaria que tiene al sacerdote Juan Carlos Cortez, efectuando uno de los actos de ayuda humanitaria más importantes que se estén realizando actualmente en la capital del país.

Un día cualquiera de mayo y en circunstancias en que el sacerdote nacido en la comuna de El Carmen se encontraba cumpliendo sus labores habituales en la parroquia San Saturnino del barrio Yungay en Santiago, llegaron hasta la puerta del establecimiento católico tres inmigrantes en busca de refugio.

Pese a la barrera idiomática, los haitianos comprendieron que en el templo, dado su carácter de lugar sagrado de peregrinación, encontrarían la ayuda que necesitaban para capear el hambre y el frío que los golpeaba en plena temporada otoñal, fenómeno climático como nunca lo habían vivido en su país de origen.

Si bien la fachada de la iglesia no mostraba una cara tan acogedora y daba muestras de lo mal que le fue el 27 de febrero del 2010, los ciudadanos caribeños se animaron a tocar las puertas de la sala parroquial y fue el propio Juan Carlos Cortez quien los atendió. Desde ese momento la vida del religioso ñublensino y la de cientos de haitianos que llegan todos los meses a Chile, no iba a ser la misma.

“Al ver la iglesia cerrada a causa del terremoto da la impresión de que está clausurada, pero me imagino que algunos de ellos asociaron iglesia católica con ayuda, caridad y entonces tocaron el timbre; a mi se me dio la oportunidad de recibirlos personalmente y aunque fue difícil comunicarme con ellos, pude entender lo que andaban buscando”, comenta.

Abrigo y comida fueron las prioridades del trío que llegó hasta el templo; sin embargo, el padre detectó que al igual que los alimentos y la ropa adecuada que debían usar para evitar los días gélidos, también era importante hacer algo por integrarlos a la sociedad de destino.

“El vínculo nació en base a una necesidad inmediata, pero al ver que para ellos era un problema el idioma, yo mismo empecé personalmente a hacerles clases de español; todo esto fue un apostolado muy de pulso, pero ahora contamos con un equipo de voluntarios”, recalcó.

Rota la barrera del idioma, la campaña se convierte para los inmigrantes en un mecanismo de asesoría laboral y los integrantes del grupo de colaboradores de la parroquia San Saturnino ayudan a los haitianos a redactar correctamente sus currículos e incluso se entregan datos de trabajo.

De acuerdo a los cálculos del sacerdote diocesano de 41 años, que si bien es carmelino de nacimiento enfatiza orgullosamente que su vida la hizo en el sector de Pueblo Seco en la comuna de San Ignacio, al menos 700 personas han pasado por la iglesia desde aquel mes de mayo y precisa que en la actualidad más de un centenar de ellos pueden llegar a coincidir en un día cualquiera.

Más que pan y abrigo
El acto solidario emprendido por el religioso local, quien desde el 2010 radica en Santiago, ha causado especial interés de los medios capitalinos y en los últimos días Juan Carlos Cortez ha cedido entrevistas a periodistas de revistas, diarios, radios y canales de televisión.

- ¿Cómo se siente tras revelarse el trabajo que está realizando?
- Nunca me imaginé que esto iba a ser tan mediático y que iba a causar tanto revuelo; entiendo que es significativo que contra toda la tendencia que hay muchas veces frente a la migración, sobre todo en el tema del color de la piel por el racismo, llama la atención la opción de un sacerdote con su parroquia y su comunidad quieran ir contra esa corriente. Vivimos en una sociedad muy autoreferente, egoísta y como país no estábamos acostumbrados a este tipo de movilidad humana.

- ¿Esta es la labor solidaria más importante que le ha tocado hacer?
- Yo he estado en realidades difíciles como parte de mi ministerio, por ejemplo en la población Los Volcanes y Lomas de Oriente en mis primeros años de sacerdocio y creo he sido llamado a la caridad siempre. En el barrio donde estoy tiene presencia migrante fuerte y sentí todo esto como un desafío pastoral.

- ¿Hay haitianos que podrían llegar a Chillán o Ñuble?
- Hay muchos que están dispuestos a salir de Santiago. Pertenezco a la Diócesis de Chillán y más de la mitad de mi vida la hice allá, es por eso que no hace mucho empecé a generar redes con algunas personas de la comuna para ver si están dispuestos a recibirlos e insertarlos laboralmente; tengo varios contactos en Chillán que me han manifestado su interés por dar trabajo a algunos, pero aún no se ha concretado nada.

- ¿Cuántos haitianos tienen registrados como parroquia?
- Yo tengo 700 currículos de personas que puedo movilizar y recomendar. Hay un prejuicio respecto a los extranjeros que vienen a Chile y especialmente de Haití que es un país pobre, pero le puedo decir que aproximadamente el 80% de los que han pasado por la parroquia son gente bien formada y con educación superior, pero están dispuestos a trabajar en lo que sea. Es por eso que hago un llamado a los chillanejos y a otras comunas de Ñuble a comunicarse conmigo para ver la posibilidad de entregarles una oportunidad laboral a estos hermanos que lo necesitan.