[Editorial] Política y redes sociales

  • Por: LaDiscusion.cl
  • Fotografía: Mauricio Ulloa

En algún momento de 2011, cuando gran parte de la clase política adoptó Facebook y Twitter como una herramienta de comunicación personal, una promesa se abrió para la democracia nacional y también local. 

Comenzaba una era distinta. La regulación de la información que supuestamente les imponían los medios a los políticos dejaba lugar a una nueva modalidad que les permitía tener un diálogo directo con la gente. Cada político podría hablarle a la ciudadanía cuando quisiera y de lo que quisiera desde su teléfono o su computador. 
Por fin la política se había liberado de esa membrana periodística que -según muchos políticos- distorsiona sus dichos y los separa de la gente. Con las redes sociales a su disposición, ya nunca más habría intermediarios filtrando, editando, seleccionando, descontextualizando y hasta censurando su voz.

Pero esa promesa de contacto directo entre dirigentes y dirigidos no se cumplió, salvo honrosas excepciones. Y más todavía. La pesada realidad es que han sido sus acciones y omisiones, y no la prensa, las que han generado ese abismo de confianza que hoy separa a la ciudadanía de la dirigencia política. 

En la práctica, muchos políticos usan las redes sociales, sobre todo Twitter, solo como un medio para alcanzar titulares y para ello apelan a cualquier táctica para incrementar la cantidad de seguidores y presentarla como un índice de su creciente popularidad. Otros se valen de Twitter para hacer provocaciones verbales o difamar a sus pares. Otros banalizan sus comentarios con nimiedades domésticas y detalles de su vida privada pretendiendo mostrarse humanos y sencillos frente al electorado. En la gran mayoría de los casos, las redes sociales son utilizadas como medios de propaganda, recubierto con un vocabulario amistoso o casual. La reciente elección municipal nos dejó variados ejemplos. 

Como contrapartida, en muchas naciones desarrolladas y otras que no lo son, los medios tecnológicos y las redes sociales están siendo utilizados para mejorar las prácticas democráticas y acercar las decisiones a la ciudadanía. En Islandia, por ejemplo, ya van dos reformas constitucionales escritas en modalidad crowdsourcing , es decir, de manera colaborativa vía Internet. Allá, como en otros 49 países,  Facebook y Twitter no son la caja de resonancia de políticos que buscan popularidad o adhesión, sino el vehículo para que los ciudadanos formulen sus propuestas.  

Es la política 2.0 que en opinión de los especialistas en comunicación supone la “revancha del receptor”. En ella el ciudadano deja de ser un actor pasivo para asumir un papel activo, protagónico, generador de información y opinión en el ágora electrónica. Es una nueva posibilidad de ejercer una política de participación directa, a través del ejercicio de múltiples actividades virtuales de interés público, como informarse de la política gubernamental, interrogar a sus representantes, conocer propuestas y generar opinión de primera mano, democratizando la información.

Esta nueva realidad, sin embargo, no está siendo comprendida por la mayoría de los dirigentes políticos. De hecho, en la reciente elección municipal presenciamos groseras fallas en el uso de las redes sociales por los diferentes candidatos, incluido el reelecto alcalde Sergio Zarzar. De hecho, tanto él como los concejales también están al debe en esta materia en lo que respecta a toda su su gestión municipal, subutilizando la tecnología que puede acercarlos a la gente que representan, como también generar conversaciones ciudadanas sobre temas de interés. 

En síntesis, mientras los ciudadanos avanzan aceleradamente en el uso de las tecnologías de información en sus vidas cotidianas, nuestros políticos parecen pasmados y a la retaguardia, incapaces de comprender que ahora la prioridad es escuchar, provocar la reflexión compartida y participar del debate.