Prevén masiva presencia de bañistas en lugares no aptos para nadar

El que la mayoría de los colegios, escuelas y liceos de la comuna hayan planificado el cierre del año escolar para el 2 de diciembre supuso un imprevisto para los entes encargados de seguridad y prevención, como la Oficina Municipal de Seguridad (Omse) y la misma Onemi.

Esto, porque “generalmente los alumnos salían de vacaciones casi junto a las fechas de la Navidad y eso nos permitía concentrarnos en las campañas preventivas, como Verano Seguro, ya en enero, pero ahora tendremos que adelantarnos en parte y hacer coincidir esos esfuerzos con otro tipo de campañas como la de Navidad Segura, que también se hace en diciembre”, explica Renán Cabezas, encargado de la Omse.

El punto adquiere total relevancia si se entiende que en los últimos tres años, Ñuble suma 26 decesos por inmersión en las respectivas estivales, según cifras dadas a conocer por la PDI Regional considerando hasta el mes de febrero de 2016.

Y el fenómeno de la “invasión” de chillanejos a los ríos de la comuna, que en su enorme mayoría no están habilitados para nadar, ya se empezó a manifestar en forma evidente desde el primer fin de semana de noviembre.

A modo de constatación, el día viernes pasado, a las 18 horas, había más de una treintena de personas en el río Chillán, a la altura del puente El Diablo, más decenas de vecinos que ya estaban de retirada y otra decena que venía llegando en trajes de baño, bolsos y botellas en mano.

Entre ellos destacaba la gran presencia de niños y adolescentes por sobre los adultos, presentes en un número más reducido.

Con 14 años, el alumno del colegio Darío Salas, Bastián Pino, admite que “vine con unos amigos para pasar el calor. Sé que el lugar es peligroso, pero hay que cuidarse no más y bañarse tranquilo, hay que conocer el lugar, saber lo que hay bajo el agua y después tirarse piqueros”.

Ricardo Valenzuela, de 44 años, asegura que viene desde niño al puente El Diablo porque “esto ya es una tradición en Chillán, yo aprendí a tirarme piqueros aquí”.

Los clavados son una constante en el lugar, ensayado principalmente por hombres y adolescentes varones. En un lugar -insistimos- que no es apto para el baño recreativo, por lo que no cuenta con salvavidas y hasta donde es imposible acceder en vehículo, por lo que en caso de accidentes, una ambulancia tendría que quedarse unos 50 metros más arriba, en la larga hilera de autos de los bañistas, y los paramédicos tendrían que ir camilla a cuestas con el accidentado.

“Es común que cuando ya empieza el calor empiezan a aparecer los niños y hasta familias enteras, que vienen con sus parrillitas para hacerse su asadito al lado del río”, prosiguió Ricardo Valenzuela, quien estima que “un fin de semana largo puede haber hasta 50 personas bañándose, y si la salida de clases se adelantó casi un mes, esto se va a llenar de niños en dos o tres semanas más y todos los días”.

No basta con saber nadar
Con sus dos hijos y una mochila en la que portaba equipo de nado profesional, el buzo comercial, Daniel Medina, recuerda que desde niño solía nadar en el río Chillán y es en sus cauces en donde aprendieron a nadar sus niños.

“Siempre estoy equipado y eso me sirvió una vez para rescatar a dos niñas, una de 15 y otra como de unos 4 que se estaban ahogando”, comentó.

El recuerdo lo resume en que ambas niñas desatendieron una advertencia de la madre, de caminar por una ladera que estaba especialmente resbaladiza, “y se cayeron y las empezó a arrastrar la corriente que estaba muy fuerte”.

Pero no basta con saber nadar para estar a salvo.

 Carabineros advierte que en muchos de los puntos no autorizados para el baño existen pozones con potentes corrientes que no se advierten en la superfiice y que son capaces de sumergir al más experto.

“Basta un par de minutos bajo el agua para que la persona muera, entonces, el tiempo de respuesta entre una emergencia y la acción de rescate debe ser instantánea y hecha por personas expertas”, explica el capitán Miguel Madrid, del GOPE de Carabineros, unidad que cada verano debe acudir a algún punto de Ñuble a rastrear cuerpos sumergidos en sus caudales.

El uniformado recuerda que los rescates pueden llegar a ser tan complejos que “no todos se encuentran rápido, algunos demoran días en aparecer y otros sencillamente, no aparecen nunca, o bien son arrastrados a tanta distancia que son finalmente hallados en las desembocaduras, en el mar”.

Sólo dos balnearios
Las autoridades han dicho en ya innumerables oportunidades que en Ñuble no existen sino dos lugares aptos para el baño, uno es la Laguna Avendaño, en Quillón, y el otro es el balneario municipal de Chillán, ubicado en el camino a Las Mariposas, y con capacidad para recibir hasta dos mil personas.

Del resto de los ríos y costas de Ñuble no se puede decir lo mismo, por lo que no cuentan con salvavidas ni personal policial que haga rondas preventivas y, lamentablemente, son en estos lugares donde se han desatado las últimas tragedias.

Fuera de los citados balnearios, sólo Chillán, Quirihue y San Nicolás cuentan con piscinas públicas y la oferta de piscinas pagadas es más amplia.

Pero el foco de fiscalizaciones seguirá en lugares no aptos, porque “aunque pongan un cartel que diga que este río no es apto para el baño, yo me metería igual”, dice Ricardo Valenzuela, mientras capeaba el calor chillanejo junto al río en que aprendió a nadar.