Concurso del vino

Este fin de semana se realizará la vigésima versión del Concurso del Vino de Ránquil, que por primera vez se abrirá a recibir participantes de todo el Valle del Itata, configurándose como la principal vitrina de la producción de vinos de la zona. El concurso, que anualmente se realiza en Ñipas, nació como una forma de promover y mejorar la calidad de los vinos y contribuir a su comercialización.

Hoy, los desafíos del rubro no distan mucho de aquellos, aunque hay que reconocer que el escenario es muy distinto al de hace dos décadas, en que no existían políticas públicas que apuntaran al desarrollo del sector y la producción exhibía menores niveles de calidad y variedad, orientándose principalmente a la comercialización a granel.

En estos años el Valle del Itata ha logrado ubicarse en el mapa vitivinícola nacional, sumando prestigio e incluso, algunos de sus vinos se exportan y han obtenido distinciones y buenas evaluaciones de expertos.

Y es que la materia prima ha estado siempre presente. A la existencia de centenarias parras introducidas en la Colonia, con cepas tradicionales como Moscatel de Alejandría, País y Cinsault, se suman las ventajas naturales como el clima y el suelo, que han convertido a esta zona en tierra fértil para la introducción de otras cepas.

Hoy son más de seis mil los productores de uva vinífera en la Valle, sin embargo, un número reducido de ellos vinifica, a diferencia de lo que ocurría hace cuatro décadas. El abandono de este valle frente al auge de otros ubicados en la zona central, además de malas experiencias empresariales, fueron reduciendo drásticamente el número de bodegas, sepultando tradiciones ancestrales de vinificación que están estrechamente asociadas a la cultura popular campesina. A estas dificultades, que han ido de la mano con el empobrecimiento del Valle -declarado Zona de Rezago- se debe añadir la competencia por el suelo, en que las grandes empresas forestales, aprovechando el bajo precio de la tierra y gracias al fomento estatal, han ido cubriendo con pinos y eucaliptos los lomajes del Itata, en lo que algunos también definen como una batalla por el agua.

Asimismo, muchos de los herederos de las tradiciones, que hoy solo producen uva, se han visto enfrentados a distorsiones de precios, debido a la elevada concentración de los poderes de compra, lo que los ha llevado a pedir el apoyo del Estado, que recién este año financió centros de acopio para mejorar la capacidad negociadora de los productores y obtener mejores precios, con resultados dispares. De hecho, existe una denuncia ante la Fiscalía Nacional Económica por eventual abuso de poder dominante que habrían ejercido las grandes viñas.

Pero las proyecciones para el rubro son auspiciosas. En los últimos años un puñado de productores visionarios, tanto de manera individual como asociativa, han emprendido proyectos innovadores para crear vinos de alta calidad y con identidad, que han ido ganando el respeto entre los expertos y han conseguido espacios en este competitivo mercado. Destacadas viñas han adquirido viñedos en Itata con el objetivo de ampliar su oferta y el interés de los consumidores es creciente, mientras que distintas entidades gubernamentales están apostando por facilitar la comercialización y promover el rescate del patrimonio vitivinícola de esta zona, definida como la cuna del vino chileno, la que no pocos han planteado que debiese ser declarada Patrimonio de la Humanidad.

El Valle del Itata tiene numerosos desafíos por delante, en áreas como calidad, tecnología, agregación de valor, asociatividad, comercialización, innovación y patrimonio, pero es evidente que hoy los vinos locales exhiben un avance respecto de hace 20 años, y el Concurso del Vino de Ránquil es una buena instancia para confirmarlo.