No solo tacos:el duro impacto ambiental del creciente parque automotor

Un 100% ha aumentando el número de vehículos en la zona en 10 años y la tasa actual es de una máquina por cada 3,7 habitantes

La dimensión de cómo ha crecido el parque automotor de la intercomuna y el impacto que genera en sus calles la presencia de casi 60 mil vehículos, se grafica durante las horas peak de los días laborables (entre las 7.00 y 9.00 horas y las 18.00 y 20.00  horas, pero especialmente durante los días previos a las fechas festivas.

Días antes al 18 de septiembre, a las fiestas de fin de año o por la buena suerte de que algunos feriados se anticipen o precedan un sábado y domingo, son el real termómetro de lo que significa para Chillán y Chillán Viejo el aumento explosivo en el número de unidades de transporte, sobre todo particular.

Un claro ejemplo de esto último ocurrió en varios momentos de la mañana del pasado sábado 30 de octubre, el primero de los cuatro días que sumo el último fin de semana largo del año. Vecinos y personas que transitaban por calle Sargento Aldea al mediodía se mostraban preocupados por la fila de vehículos que estaba a solo unos 15 metros de llegar a la Avenida Collín; la presencia de tantas máquinas sin avanzar inmediatamente fue atribuida a un posible choque que habría ocurrido en el conflictivo cruce de las calles Sargento Aldea y Purén. Sin embargo el origen de la hilera no era producto de alguna nueva colisión como de las que repetidas veces han sido testigos los vecinos del lugar, sino que se extendía por dos cuadras más llegando hasta la calle Arturo Prat, en donde recién lograba disiparse. Era un simple taco.

Escenas parecidas se repetían en otros puntos del centro de la ciudad,  como la calle Cocharcas (entre Independencia e Isabel Riquelme), Avenida Collín (entre Sargento Aldea y Arauco), 5 de Abril (entre Arturo Prat y El Roble), Maipón (entre Sargento Aldea y Arauco) y otras.

La congestión vial es solo uno de los múltiples impactos negativos que están produciéndose a consecuencia del creciente parque automotor de Chillán y Chillán Viejo, que en la actualidad suma 58.435 vehículos, 103,7% más que los registrados hace una década según los datos recogidos desde el Anuario Parque de Vehículos en Circulación (2005-2015) del Instituto Nacional de Estadísticas.

Generación masiva de residuos, contaminación acústica y ambiental, falta de estacionamientos y estrés, son otras de las consecuencias que ocasiona el aumento de unidades motorizadas que circulan en la intercomuna.

Desechos por mantención
Al rededor de 500 clientes al mes llegan hasta las instalaciones de la Serviteca Antumalal, ubicada en  Carrera casi esquina Libertad, para que les cambien los neumáticos de sus vehículos.

Según cálculos entregados por Christian Doering, gerente del local, casi el 50% de ellos solicitan la reposición total, mientras que la otra mitad solo opta por una o dos ruedas.

De la estimaciones del ejecutivo se calcula un aproximado de 1.500 neumáticos dejan de usarse al mes y se convierten en desechos solo en ese local.

A pesar de que muchas personas prefieren ellas mismas reemplazar las baterías eléctricas de sus autos, el gerente afirma que no menos de 260 unidades son las que se venden mensualmente en el negocio, lo que deja un igual número de piezas inservibles.

Pese a la notoria cantidad de desechos que se acumulan al mes en Antumalal, Christian Doering explica que el impacto ambiental producido es mínimo, ya que la firma mantiene una política de responsabilidad social con el tema.

“Nuestra empresa tiene certificación ambiental. Los neumáticos viejos que cambiamos son reciclados por GoodYear y lo que sé es que de ellos se extraen algunos insumos para ser usados en la industria cementera. Lo mismo pasa con las baterías, que son enviadas a los mismos proveedores para que las reciclen”, sostiene.

En los 40 años que tiene prestando servicios Antumalal, el ejecutivo admite que el aumento exponencial del parque automotor le ha significado a la firma ganar una importante cantidad de clientes. Las estimaciones de Doering es que actualmente atienden un 50% más de vehículos que hace 10 años.

Tomás Sanhueza, administrador de Comercial Automotriz Alasan, indica que hasta su centro llegan un promedio mensual de 200 persona para cambiar las cuatro ruedas de sus vehículos y un número casi parecido solo va por una o dos, lo que deja al menos 1.000 neumáticos como residuo cada 30 días.

Otro de los servicios que presta Alasan, ubicada en Avenida Collín, es el cambio de aceite. Tomás Sanhueza comenta que aproximadamente a 300 máquinas le renuevan ese material, acumulando unos 1.800 litros de aceite de desperdicio cada mes.

“Todos los desechos que se generan se reciclan; son las empresas proveedoras las que lo retiran para que les den una segunda oportunidad de uso”, afirma.

El administrador de Alasan dice haber sido testigo de cómo en los últimos 15 años las calles del centro de la comuna se han saturado de vehículos, lo que deriva en el incremento de centros de mantenimiento y servitecas.

Tomás Sanhueza coincide con Christian Doering al calcular que en la intercomuna existen al menos 10 locales que prestan el servicio integral como los de sus negocios  y casi una docena de otros que solo cambian aceite y baterías.

El ingeniero en medio ambiente, Juan Luis Novoa, si bien destaca la política de reciclaje que se manejan en los grandes centros de mantenimiento de vehículos, duda que los cientos de negocios pequeños e informales de la intercomuna completen ese ciclo ambiental.

“Es recurrente ver que en algunos lugares vierten aceites y desechos al suelo, por eso creo que debe haber mayor preocupación de parte del municipio para evitar estos casos”, puntualiza.

Pocos espacios
Mil parquímetros suma Chillán dentro de las cuatro avenidas, los que se concentran especialmente en el perímetro de las 10 cuadras más céntricas.

La cantidad de espacios pagados se hace insuficiente para el parque automotor intercomunal, situación que ha sido aprovechada por emprendimientos locales que dan vida a las llamadas playas de estacionamientos.

Según antecedentes de la Municipalidad de Chillán, son 39 las propiedades privadas de aparcamiento que existen en la comuna, negocios que irrumpió sobre todo en la última década.

Además de ese efecto, el aumento del parque genera un notorio incremento en la contaminación acústica.

“Chillán es una de las peores ciudades para manejar. Se hace mucho uso de la bocina y no se respeta al peatón y al entorno que lo rodea; párate una hora en la esquina del hospital y te darás cuenta. Lo peor de todo es que el estrés que lleva consigo el conductor lo traspasa al peatón con todo el ruido que provoca”, sostiene Rubén Aliaga, director ejecutivo de la escuela de conductores Incap.

La calle 5 de Abril (entre Arturo Prat y El Roble), Maipón (entre Sargento Aldea y Arauco) e Isabel Riquelme (entre Arturo Prat y Cocharcas) son los puntos donde más impacta la contaminación acústica.

De hecho en Isabel Riquelme en diferentes horas de la mañana los interminables bocinazos terminan acabando con la paciencia de feriantes y compradores, quienes con gritos igual de fuertes que los vehiculares tratan de que se calme el ambiente.

Contaminación del aire
Respecto a la saturación del aire producto del material particulado grueso (MP10), las viviendas siguen siendo las que más contaminan con la combustión de leña domiciliaria y son responsables del 86% de ella, mientras que las fuentes móviles de la intercomuna (vehículos) aportan un 7%, según el inventario de emisiones del Ministerio de Medio Ambiente.

El secretario regional de la cartera, Richard Vargas, recuerda que el Plan de Descontaminación Ambiental (PDA) que está vigente para Chillán y Chillán Viejo desde el 28 de marzo pasado no solo considera la disminución de los niveles de material particulado fino (MP2,5) conocido como el más peligroso y tóxico, sino que el texto también se orienta a prevenir que el MP10 se convierta en un nuevo problema para la zona saturada de Ñuble.

Ante esto, precisa el funcionario de gobierno, el documento ordena al Ministerio de Transporte entregar subsidios para la chatarrización de al menos 100 antiguos buses en un plazo de cinco años y no esperar que las grandes máquinas impacten con sus emisiones el ambiente respirable local.