Seguridad en la montaña

  • Por: LaDiscusion.cl
  • Fotografía: Socorro Andino

La cordillera es sin duda el mayor patrimonio natural y económico de Ñuble. En torno a ella se está generando un positivo desarrollo, aunque no exento de problemas variados, que van desde la actividad volcánica y los impactos ambientales, a cuestiones de seguridad entre quienes viven y visitan el vasto cordón montañoso, calificado desde 2011 como Reserva de la Biosfera y considerado el principal atractivo turístico de la Región del Bío Bío. 

Precisamente la seguridad de aquellos que desarrollan actividades al aire libre e incursionan en estos entornos se ha convertido en un tema de interés ciudadano por la atención mediática otorgada al caso de dos jóvenes que se extraviaron y murieron en el cerro Provincia, en Santiago, y que ha revelado que estos accidentes no son casos aislados, sino que hay una peligrosa actitud temeraria de muchos excursionistas. 

De hecho, en lo que va de este año, Carabineros y personal de Socorro Andino han debido rescatar a 27 turistas desde algún punto del Valle Las Trancas, los últimos cinco ayer, pertenecientes a un grupo de estudiantes de Turismo que se extravió la noche del domingo en el sector de la Laguna El Huemul. 

En este caso, como en  los otros, ninguno de los excursionistas notificó su presencia en Carabineros. En el estratégico retén de Las Trancas llevan un registro de 84 turistas en el mes de octubre, otros 67 en septiembre, siendo febrero el mes de mayor afluencia, con 145 personas. El problema es que tales cifras apenas representan el 20 por ciento de las personas que realmente ascienden.

A lo anterior, se agrega que la actividad volcánica ha generado un singular y peligroso interés por acercarse al macizo, sobrepasando el radio de tres kilómetros de seguridad que ha dispuesto el Sernageomin y que es la zona de mínima protección ante posibles expulsiones de rocas y otros materiales. De hecho, gente que vive en la zona admite que en cualquier momento esta actitud temeraria terminará en una desgracia. 

Detrás de esta inconducta subyace una falta de conciencia sobre los riesgos que conduce a enormes déficit de información en cuestiones básicas como itinerarios, tiempos de permanencia y el equipamiento necesario. En el caso de la cordillera de Ñuble se debe tener presente la variabilidad del tiempo y su compleja morfología sobre todo cuando se está a más de 1.200 metros de altura, donde el rescate de una persona puede tardar horas e incluso varios días, con lo que los riesgos de morir de hipotermia si no se cuenta con ropa y protección adecuada, son evidentes.

Lamentablemente, sobran ejemplos de personas que no sopesan la relación de su propia capacidad con el lugar a visitar, y se exponen a riesgos que son absolutamente evitables. Ello se explica también por el desconocimiento del principio básico por donde parte cualquier excursión de montaña, que es informarse.

Hemos reiterado desde estas columnas que algo evitable no es un accidente. Por este motivo, la concientización y el trabajo de prevención son herramientas valiosas para reducir las abultadas estadísticas que comienzan a generarse en torno a una actividad que debería ser solo sinónimo de salud y bienestar. 

Sería un error querer restringir o derechamente prohibir el acceso a la montaña. Lo que debe hacerse es acompañar este desarrollo positivo del excursionismo y las actividades out door con una estrategia clara de promoción del autocuidado y protección del medio ambiente. Y ello no solo recae en el Estado, sino que en las familias, en el sistema educativo y en nosotros mismos.