Los logros y desafíos de los inmigrantes radicados en Chillán

Empresarios, profesionales de la salud, vendedores y  estudiantes, son algunos de los múltiples roles que cumplen los que habiendo nacido en otros países, eligieron a la capital de Ñuble como su nueva casa Admiten que su estadía no ha sido fácil y que a diario lidian con el frío y la gastronomía. Han recibido comentarios negativos por ser extranjeros; no obstante, minimizan el tema y aseguran no querer volver a sus países de origen

-¿Te sientes acogida o cómoda de estar viviendo en Chillán?

-No. Responde seria y sin titubear la joven paquistaní de 19 años Mahnoor Sherazi, mientras su hermana Himal, dos años menor que ella, la mira asombrada por la respuesta que da y no tarda en increparle por su comentario y le formula la misma pregunta, pero en su idioma natal. 

Tras el intercambio de palabras en la exótica lengua, las hermanas Sherazi cierran la conversación entre ellas con una cómplice carcajada.

“Si, me siento bien viviendo acá. Llegué a Chillán cuando tenía once años y nunca les pregunté a mis papás para qué veníamos; yo era chica y no entendía nada”, comenta Mahnoor en un perfecto español.

Himal asegura que el idioma ha sido la barrera más difícil que han tenido que sortear para sentirse parte de la sociedad chillaneja. No obstante, admite que tras ocho años de vivir en la comuna, ha sabido asimilar parte de la liberal cultura occidental gracias a las clases de español y consejos que a diario le da su papá, quien radica en la capital de Ñuble hace casi dos décadas; sin embargo, muestra una controlada nostalgia al momento de referirse a su  país natal.

“Desde que nos venimos no hemos regresado a Paquistán. Me gustaría viajar a mi país, pero solo a visitar a mi familia; me gusta vivir acá, pero no me siento chilena aún y todavía no he aprendido a bailar cueca”, señala la joven estudiante de primero medio del Liceo Marta Brunet.

El emblemático establecimiento educativo actualmente cuenta con una matrícula de siete niñas inmigrantes agrupadas en dos paquistanís, dos venezonalas, una española, una brasileña y una boliviana, siendo esta última la única que admite haber recibido comentarios por su nacionalidad y por temas que ella ve de lejos y no termina de comprender a sus 13 años.

“Cuando pasó lo de La Haya me hacían bromas por lo del mar, pero yo no hacía caso; ahora ya dejaron de molestar”, señala la nacida en Santa Cruz de la Sierra, Daniela Añez, quien llegó a Chillán junto a su familia hace un año.

Ricardo Pérez, director del liceo, explica que frecuentemente el centro de estudios mantiene una matrícula de entre seis y ocho inmigrantes, para lo cual la institución tiene que adecuar la malla curricular en los casos que ameriten.

Integración
En la última década, la presencia de inmigrantes se ha hecho más que visible en la comuna, y su estadía en la ciudad ha marcado notablemente la actividad laboral referida a la prestación de servicios y venta de productos.

Un gran número de clínicas dentales atendidas por  profesionales ecuatorianos, al menos cinco restaurantes de comida peruana con personal casi completo del país vecino y casi una decena de importadoras de propiedad de ciudadanos chinos que durante su estadía solo han aprendido a saludar en español, es parte del panorama actual de la inmigración en la capital provincial.

Dalia Delgado, oriunda de Guayaquil, llegó a Chile hace diez años en busca de un espacio laboral que le brinde aquella estabilidad económica que ella y sus dos hijas necesitaban.

Si bien su primera parada en el territorio nacional fue Curicó, las condiciones profesionales que le ofrecía esa ciudad la obligó a enrumbar más al sur, pero Los Ángeles tampoco le satisfizo.

Luego de poco más de cuatro meses de incertidumbre, Dalia arribó a Chillán y nunca más dejó de itinerar.

“Desde que llegué, tuve la oportunidad de trabajar y me está yendo bien. Traje a mis dos hijas y ya tengo una que nació acá”, señala.

La gastronomía y el crudo invierno que ha tenido que soportar en la última década, constantemente le recuerda que está fuera de su terruño, aunque admite que con el pasar de los años se está identificando más con la comuna y el país.

- ¿Se regresaría a vivir a Ecuador?
- Creo que no. Acá tengo un buen trabajo, estoy consiguiendo lo que no hubiese podido allá y mis hijas están acostumbradas también. Aparte de eso, una de las cosas raras que me pasó la última vez que viaje a Guayaquil, hace tres años aproximadamente, fue que el calor me afectó mucho a tal grado que me dio como ahogo; pero lo más curioso yo diría es que me sentí como extraña, como turista en mi propia ciudad y país.

Aunque recién cumplió un año viviendo en Chile, el también guayaquileño, César Samaniego, tiene claro su objetivo principal; comprarse una casa, un vehículo y hacer que su esposa se realice como chef.

“Mi tiempo laboral lo divido entre Chillán y San Carlos; actualmente estoy viviendo en esta última comuna por las horas que tengo que cumplir en un consultorio público. En mi país no podría proyectarme profesionalmente ni económicamente, porque no hay trabajo y todo es caro allá”, replica César Samaniego, quien junto a sus colegas y compatriotas Dalia Delgado y Juan Valencia y una administrativa de nacionalidad colombiana, son parte del centro odontológico Dental Life, en donde la única no extranjera es la recepcionista del mesón de atención al público que es chilena.

Esfuerzo
Con una escuálida maleta como parte de su preciada propiedad, pero con el claro objetivo de sacar adelante a su creciente familia, llegó a Santiago el año 2003 Diovana Mamani.

Tuvieron que pasar 10 años para darse cuenta que la capital del país no era el lugar indicado para vivir.

Los viajes diarios que tenía que realizar entre su comuna de residencia Quilicura, y su lugar de trabajo en el centro de Santiago, le hizo decidirse cambiar de aires.

“Vivía muy estresada y con depresión en Santiago. Me demoraba más de una hora en llegar al trabajo y otra para regresar a la casa cuando había tacos en las calles y frecuentemente estaba la intención de vivir en otro lugar. Por temas de trabajo mi esposo siempre venía a Chillán a dejar mercadería a los comerciantes del mercado artesanal; se dio la coincidencia de que hace tres años una locataria le ofreció para la venta un local, vimos que era una gran oportunidad de cambiarnos de ciudad y decidimos comprarlo”, afirma la procedente de Chimbote, ciudad a poco más de 400 kilómetros al norte de Lima.

A la fecha, la familia Cáceres Mamani cuenta con dos locales en la Plaza Sargento Aldea y hace un año instaló en la cuadra siete de la Avenida Libertad el restaurante de comida peruana “Flor de Anís”.

El emprendimiento gastronómico fue más allá y ahora la orgullosa chimbotana menciona que ya cuentan con un segundo negocio de comina “Flor de Anís 2”.

- ¿Cómo analiza su estadía en Chillán?
- Vivir en Santiago fue duro y complicado, estoy convencida de que no regresaría. En Chillán todo fue más amigable, más cómodo y desde que llegamos nos ha ido bien en los negocios que hemos instalado.

- ¿Se siente parte de la sociedad chillaneja?
- No ha sido fácil para nosotros estar en un país que no es el nuestro, sobre todo para mi hija que va a cumplir 15 años. En el colegio en donde estudiaba en Santiago a ella la molestaban por ser peruana; tanto fue lo que le afectó, que un día me dijo que prefería estudiar la enseñanza media y la universidad en Perú. Ya estando en Chillán ella cambió de opinión y ahora no quiere irse de Chile.

Estigma
Antonio Cano llegó el 2007 a Chillán procedente del departamento de Chocó al nor poniente de Colombia, lugar que, según explica, es una de las zonas más pobres de Latinoamérica.

A pesar de que admite haber tenido un par de situaciones poco amigables asociados a su condición de extranjero, su carácter conciliador le niega creer que se debió a su acento caribeño.

- ¿Qué es lo primero que te comenta la gente cuando sabe que eres colombiano?
- Me han dicho cada cosa que yo prefiero no seguir la conversación con esa persona o hago como que no escucho. Antes me molestaba un poco, pero ahora ya no pesco, como dicen acá. Son cosas tan pequeñas dentro de tantas cosas buenas que he visto en la gente de Chillán que ni es necesario recordarlas; no le doy trascendencia simplemente. Creo que un principio lo chillanejos son un poco tímidos con los extranjeros, pero a medida que van conversando con ellos se van abriendo y la recepción en si termina siendo muy buena.

- ¿Crees que  la internacionalización de novelas y series colombianas ha sido bueno o malo para la imagen de sus inmigrantes?
- Es cierto que es parte de la realidad, pero como toda novela existe una exageración impresionante de las cosas. 

A sus 28 años, Antonio ya no se ve radicando en Chocó, y más considerando todo lo que ha alcanzado económicamente en Chillán.

“Tengo locales de venta de artículos para celulares y ahora estoy instalando un negocio de comida rápida en la calle Constitución, cerca a la Plaza de Armas. 

En la lucha diaria
“Mal, muy mal me ha ido en Chillán. Siempre me discriminan por mi color de piel y me insultan; hay otras personas que no quieren que las atienda y prefieren ir a comprar a otros locales”, comenta casi entre sollozos la dominicana Doris Viloria, quien atiende un puesto de arreglos florales en la Plaza Sargento Aldea.

La caribeña aclara que los actos discriminatorios se repiten en su centro de labores y entiende que se da porque la competencia no puede superar sus dotes de vendedora.
Hace cuatro años llegó a Chillán y más que pensar en el regreso a su país por los malos tratos que ha vivido, señala que no dejará atrás el objetivo que se ha planteado; construir una casa para su familia en República Dominicana.

Presencia inmigrante
El comisario del Departamento de Extranjería de la Policía de Investigaciones, Alejandro Beltrán, señala que en el 2015 la institución mantuvo un registro de 686 extranjeros en Ñuble.

De acuerdo al miembro de la policía civil, los colombianos son los que tienen mayor presencia en la provincia al sumar 109 personas, seguido de los ecuatorianos (72), peruanos (58) y mexicanos (44).

A entender del funcionario de la PDI, los inmigrantes que llegan a comunas como Chillán no solo buscan condiciones económicas favorables, sino que también priorizan la tranquilidad que les puede brindar la ciudad.

La encargada del Departamento de Extranjería de la Gobernación Provincial de Ñuble, Soledad Gazmuri, asegura que el año pasado su despacho tramitó 420 visas para inmigrantes, de los cuales predominaron los colombianos, ecuatorianos y peruanos.

Solo en lo que va del 2016, la funcionaria recalca 233 extranjeros han gestionado su visa lo que, a su parecer, la cifra del año 2015 podría superarse hasta diciembre próximo.