Más y más ego, y reformas

Renato Segura


La gran mayoría de las personas, muchas de ellas inscritas en el registro electoral, entiende el crecimiento económico como el camino más expedito para alcanzar el progreso y la equidad. Sin embargo, con igual convicción, rechazan el crecimiento económico como el origen de la acumulación de riqueza y de las prebendas que percibe un grupo reducido de personas. En palabras simples, la sociedad está cansada de seguir esperando que los frutos del crecimiento económico llegue a sus bolsillos, para una economía que ha crecido casi ininterrumpidamente durante los últimos 30 años con raudales de beneficios para unos pocos.

El segundo elemento que contribuye al hastío social, es la forma unilateral que utiliza el ego para cambiar la realidad. En los primeros 100 días del Gobierno anterior, a instancias del antecesor del actual ministro, se impulsó una reforma tributaria con el foco puesto en la redistribución, pero desconociendo en los hechos la relevancia del crecimiento económico como motor del progreso con equidad. En la vereda opuesta, la autoridad actual ha decidido en forma unilateral, impulsar una reforma tributaria que corrige los errores de la anterior reforma, profundizando el sesgo en el crecimiento económico sin ahondar en soluciones para corregir la mala distribución del ingreso. Así como vamos, mientras el ego predomine, tendremos cada cuatro años reformas tras reformas, que recojen la impronta del Gobierno de turno.

Con toda esta vorágine de reformas y más reformas, apenas se escucha las voces de quienes abogan por una solución permanente en la paradoja que significa optar por el crecimiento y/o la equidad. 

El crecimiento económico tiene sus propios caminos. La atracción de inversiones que se alcanza con reglas del juego bien establecidas (hoy día se cambian cada 4 años); el control y acción del regulador para corregir las imperfecciones de mercado que generan quienes tienen el monopolio (la integración vertical ha generado un terreno fértil a dicho poder); generar estímulos tributarios para promover la libre competencia y disuasivos para quienes se coluden; disminuir los impuestos que gravan la actividad empresarial y aumentar los impuestos a las personas naturales que, a través del sistema multirut, capturan las rentas en desmedro del beneficio colectivo, entre otras iniciativas.

Para avanzar en equidad, también existen recetas que no necesariamente son excluyentes con las medidas pro crecimiento. Invertir fuertemente en mejorar la calidad de la educación básica y prebásica; eliminar todo tipo de discriminación arbitraria en la contratación y empleo de los servidores públicos; desindexar las remuneraciones del sector privado con el salario mínimo, utilizando en su defecto un sistema que considere los resultados económicos de la empresa (valor de la empresa); reinvertir parte de los impuestos recaudados en el territorio que se originan y generar incentivos tributarios a las empresas que hagan uso intensivo de la mano de obra, entre otras medidas posibles.

En resumen, como ciudadano concurro con mi voto en contra al actual proyecto de reforma tributaria. Junto con ello, insto a que se instale un equipo de trabajo transversal de personas notables las cuales, en ausencia del ego, puedan contribuir en entregar a las próximas generaciones una estructura tributaria acorde con el Chile que soñamos y queremos.