“Las salmoneras no pueden instalarse en Cobquecura”

  • Por: LaDiscusion.cl
  • Fotografía: Fernando Villa

La vida del bioquímico Romilio Espejo (79) garlardonado con el Premio Nacional de Ciencias Aplicadas y Tecnológicas, siempre ha estado ligada al mar.

Desde que era un niño de seis años y visitaba la casa de su abuela paterna en Buchupureo, impactándose por la intensidad de las olas, hasta que el mar se convirtió en su fuente de trabajo. “Mis investigaciones  siempre han estado ligadas al mar, que me ha permitido obtener muestras, he podido vivir del mar”. 

En su trayectoria en investigación, que le permitió ganar el reconocimiento, destacan tres proyectos principales. El primero lo desarrolló antes de los 30 años y consistió en el estudio de bacteriófagos -virus que infectan bacterias- marinos. En las aguas de las costas de Montemar, Concón, descubrió el bacteriófago PM2, utilizado posteriormente en todo el mundo para el estudio de la replicación y manipulación del ADN. Científicos norteamericanos le dieron el nombre de “Alteromonas espejiana”, en honor al apellido del científico. “El aporte a la ciencia es cuando uno modifica el conocimiento, pero hay que respetar a la naturaleza en función del conocimiento, derivamos de un organismo común del que venimos todos”, asegura. 

Espejo cultivó su interés por la minería y el conocimiento científico en pos del bien social desde que se radicó en el pueblo minero de Coronel. Eso lo llevaría en 1973 a trabajar en el Instituto de Investigaciones Tecnológicas de la Corfo y a iniciar su trabajo en la Biolixiviación, una técnica que desde la microbiología pretendía hacer la actividad minera “más amistosa con la naturaleza”. El golpe militar -estuvo dos meses detenido en el Estado Nacional- interrumpió su trabajo que continuó luego de regresar de México. 

El tercero se concentra en su trabajo en el Instituto de Nutrición y Tecnología de los Alimentos, donde investigó las causas que produjeron más de 1.200 infecciones por Vibrión Parahemolítico en Chile. “Íbamos todos los veranos a Puerto Montt para sacar muestras del mar”, recuerda. 

Hace tres meses regresó al mar de Buchupureo, desde donde monitorea a sus alumnos de la Universidad de Chile vía Skype y en el que ha encontrado pasatiempos como el remo y un club de cine arte. Su preocupación por generar conocimiento sigue mezclándose con la protección de la naturaleza, lo que hace que su atención esté en la posible instalación del proyecto salmonero Pelícano. 

-¿Qué opinión tiene de los proyectos acuícolas que se intalarían en Cobquecura?
-Debo confesar que trabajé un tiempo con la industria de salmones, y fue un desencanto, porque primero te presentan el salmón como un pez que viene de la naturaleza, limpio y sano, y no es así. Como estos peces crecen aislados de toda la naturaleza no pueden adquirir las bacterias normales, entonces teníamos un proyecto sobre cómo darles eso para hacerlos más sanos. Pero fui aprendiendo que para producir un kilo de salmón se requieren entre tres y cuatro kilos de pececitos, o sea mejor nos comemos los peces, pero los pececitos chicos no son un negocio, y el salmón sí. 

-¿Cómo crear un proyecto sustentable?
-La acuicultura no es sustentable. Es mucho más sustentable que aprendamos a comer todos esos pececitos chicos. Además, las condiciones de explotación del salmón acá son muy distintas de lo que se usa en Estados Unidos, Canadá o Noruega. Por ejemplo la concentración de peces en las jaulas es  cinco veces superior acá en Chile, como están tan aglomerados, hay tanta densidad de individuos tan cerca, que se contagian fácilmente, si uno se enferma, contagia a todos los demás, entonces qué es lo que hacen, tiran antibióticos, y están usando una cantidad de antibióticos mil veces más de lo que  ocupan en Noruega. Y esto es porque la ley chilena lo permite.  

-¿Cuál sería el daño ecológico que las salmoneras ocasionarían a Cobquecura?
-Uno es la parte turística, visual, teniendo las jaulas ahí, las bases flotando, eso contamina bastante. Hay lugares en el sur que parecen territorio bombardeado, donde han explotado salmones y después se han ido, y han dejado todas esas cosas tiradas. Es el turismo el que da trabajo, los únicos beneficios serán para los dueños que exploten eso. Apoyo totalmente al movimiento Todos Somos Cobquecura, no puede ser que se instalen salmoneras en su mar.