“Fue un crimen por discriminación, queremos justicia”

  • Por: LaDiscusion.cl
  • Fotografía: Gentileza familia

La noche del sábado 18 de agosto los vecinos del sector rural  Roblería, Coihueco, esperaban la asistencia de José Ferrada (52), conocido como “Josecito” en la comuna, a la fiesta tradicional animada por el grupo El Canario Solitario. La familia de Josecito es originaria del sector de Miraflores, cercano a Roblería. Su presencia en celebraciones, actos y aniversarios era habitual. “Donde había música allá iba a cantar, donde había una fiesta iba a bailar”, recuerda Filomena Yáñez, quien le arrendó una pieza hace algunos años. 

La noche del domingo 19 el cuerpo de Josecito fue encontrado en un predio aledaño a las canchas deportivas del Liceo Yire. Según su certificado de defunción la causa de su muerte fue un “trauma encefálico complicado y compatible con golpes con objetos contundentes”. Cuatro kilómetros más arriba se había realizado la fiesta el día anterior. 

Josecito era una persona conocida en la comuna por su estilo de vestir: pantalones apretados, tacones, poleras ajustadas. “A los 15 años nos dimos cuenta que tenía un problema,  los doctores decían que era esquizofrenia en grado uno, más tarde la psiquiatra me dijo que él sufría  trastornos de personalidad severos”, relata su hermana, Regina Ferrada, quien asegura que no tiene certeza de que su hermano haya sido homosexual, como se comenta en la ciudad.

José seguía un tratamiento psiquiátrico que cumplía responsablemente según Regina. 

Entre los vecinos y sus amigos cercanos, lo recuerdan por su sonrisa contagiosa y porque les pedía que lo llamasen Morelia. 

“Yo lo llamaba Morelia, él quería ser mujer no hombre. Él sentía mucha impotencia, me decía que no lo dejaban ir a trabajar a la frambuesa, todos me discriminan y me humillan, me decía”, relata Beatriz Ortega, amiga de Josecito. José escribió una carta a la Presidenta Bachelet durante su primer mandato, pidiéndole una cirugía para cambiar de género.

 “La carta decía que él y su mamá sufrían mucho por su manera de ser, y por eso él quería ser una cosa, no dos cosas. La Presidenta mandó una orden para hacer la operación en el Hospital Carlos Van Buren en Valparaíso. Lo citaron a urólogo, el médico le explicó cómo sería la cirugía, y  después se arrepintió cuando le describieron en qué consistiría”, sostiene su hermana. 

“Regina vengo con tanta pena, con tantas ganas de llorar, me contaba. Yo le decía que llorara, pero que tratara de no hacerle caso a la gente: tú haz oídos sordos, haz cuenta que no te hablan a ti y sigue tu camino”, agrega. 

La familia de José solicitó la ayuda del Movimiento de Integración y Liberación Homosexual (Movilh), para que denunciara los hechos al Ministerio del Interior, bajo la hipótesis de un presunto crimen homofóbico. 

“La familia indica que hay elementos que pueden configurarse en un crimen homofóbico, pero eso no está consolidado aún con evidencia concreta de parte de la investigación. Lo que nosotros hemos hecho es entregar los antecedentes al Programa de Apoyo de Víctimas de Delitos Violentos del Ministerio del Interior para que les apoyen con psicólogos, abogados y asistente social a la familia”, enfatiza Rolando Jiménez, presidente del Movilh. 

En tanto la Brigada de Homicidios de la Policía de Investigaciones continúa realizando diligencias en la causa que lleva el fiscal Pablo Fritz. “Se siguen sumando testimonios del entorno familiar y social de la víctima”, afirma el comisario Luis Garrido. 

“Creo que fue un crimen por discriminación, queremos justicia. Toda la gente lo conocía, su muerte fue horrible, mucha gente lo quiso, algunos no tanto, pero él les dejó una enseñanza: siempre entregó amor y ayuda en la medida que él podía”, asegura Regina y comenta los mensajes que ha recibido sobre la muerte de su hermano. “Una mujer embarazada me agradeció porque José la acompañó de noche a su casa y ella estaba muy asustada. A él le gustaba mucho caminar”. 

“Él decía yo me voy a morir, me van a matar, pero  no me voy a entregar. Siempre tenía ese lema de que nadie podía abusar de su cuerpo”, relata su amiga Beatriz. 

“En una oportunidad mi marido escuchó gritos muy fuertes, era un grupo de jóvenes que querían maltratarlo, y él los ahuyentó”, recuerda Soraya Ferrada, dueña de una librería en Coihueco. 

A Josecito le gustaba fumar y tomar Coca Cola. Se le conocía porque pedía y vendía ropa. Uno de sus hermanos lo apoyaba económicamente y actualmente vivía con una hermana en Las Mariposas. Sin embargo siempre regresaba a Coihueco para visitar a su hermana Regina. La noche anterior a su muerte los vecinos recuerdan que fue a un pub, que estaba sobrio y solo compró una bebida. “A José le gustaba la libertad, podía caminar muchos kilómetros”, recuerdan los vecinos. La noche del sábado en Roblería se le esperaba en la fiesta con cigarros, los que solía colocar detrás de sus orejas, pero nunca llegó.