Jineteando el cimarrón de O’Higgins

Ziley Mora

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Hace tres meses conocí al ministro Alfredo Moreno, y por años seguí de cerca la causa del longko Norín, ganándole una injusta acusación de terrorismo al Estado de Chile. También sé muy bien de las historias de despojos que la familia Luchsinger y otros hicieron de sus vecinos mapuche, agrandando con engaños más y más posesiones. Por mis décadas de investigación en La Araucanía, conozco como nadie la historia, la mentalidad y la cultura mapuche precisamente porque soy mestizo. Esa otredad en mi sangre me permite ver lo que tenemos demasiado cerca. Por eso mismo, percibo tan valioso los inicios de acuerdo que este ministro está logrando. Y así, el diálogo entre los tres generó lo que parecía imposible: que el machi encarcelado volviera a su rewe.

¿Que ha tenido este hombre de Estado? Respondemos: empatía con la otredad y humildad para dejar Santiago y preguntar en el Wallmapu. Magnífica su actitud con cero arrogancia, lo que otros progresistas políticos vanguardistas (en el papel) no tuvieron y lo que es peor, ¡no quisieron tener! A excepción del senador Huenchumilla que ha recordado que con tanques  policiales se duda de la sinceridad del diálogo, esas cúpulas quisieron solo administrar el conflicto o dar mentirosos paliativos. Construyendo puentes ha hecho más en el sur que miles de horas de discursos en el Congreso. Restaura la política de los Parlamentos, la que por 300 años hizo la corona española en Chile, esa práctica del diálogo con los diversos lof mapuche y sus longkos. Ha tenido la valentía de exponerse a la palabra directa, a sus transformaciones, a la fuerza de los compromisos que emanan de ella. “Los seres humanos conversando y conociéndose son capaces de cualquier cosa”, dijo allí Felipe Gacitúa, presidente de CMPC. El ha entendido esto preclaramente: en La Araucanía hay muchos y distintos lof. Aparte de la contrapuesta diversidad intra-mapuche, hay un variopinto arcoiris de lof wingkas: chilenos mestizos, colonos con origen multinacional, tiendas de partidos, grupos con intereses y visiones de la política, de los negocios y del territorio muy diversos. Pues con toda esta complejidad, incluso desde antes de asumir, el ministro se ha sumergido a escuchar y a invitar verse como legítimos otros. Por eso todos le perciben confiable.

En una famosa carta  dirigida a “Araucanos, cuncos, huilliches” Bernardo O’Higgins  mostró el camino: “Os habla el jefe de un pueblo libre y soberano, que reconoce vuestra independencia, y está pronto a ratificar este reconocimiento público y solemne”. (19 de marzo de 1819). Nunca su intendente de Concepción llevó la Carta a un Trawun (encuentro) indígena, a pesar que España sumó 32, y le otorgó el estatus de “Nación de Arauco”. El Libertador quería la paz y el progreso, una alianza, un “muro inexpugnable de la libertad de nuestros Estados”. 

Se le puede acusar que, como representante del centralismo capitalista instrumentaliza el diálogo para favorecer los intereses de los poderosos, pero nadie había conseguido sentar en una mesa ni siquiera informal, en el corazón del sur, a un forestal Matte (CMPC) al lado de un movilizado Víctor Ancalaf, vocero de la CAM. Este acierto permite abrigar toda esperanza. Así como el Padre de la Patria fue el primero, el último y escandalosamente el único Jefe de Estado en hablar mapuche, redactando ese plan de autonomía, esa alianza para la libertad y el progreso, Moreno ha vuelto a juntar los “pares improbables”. Por eso pensamos que el tan chúcaro caballo de O´Higgins empieza a ser montado. Al menos le ha puesto lo más difícil: riendas conversacionales ¡y al lado del fuego! Acaso ese milagro ocurre por llamarse precisamente Moreno, pues él sí que está entendiendo la preciosa morenidad mapuche, mestiza y diversa de Chile.