Otro año perdido

Anunciar grandes iniciativas que finalmente terminan siendo acciones modestas tiene quizás el impacto cortoplacista de la novedad e incluso, durante un breve plazo, la imagen del dominio de la iniciativa política. Pero cuando se demora o posterga su concreción, los anuncios sonoros y reiterados terminan provocando una sensación de saturación por la repetición idéntica del rito y, finalmente, conduciendo a los ciudadanos al descreimiento y hasta al fastidio. 

El Plan de Descontaminación Ambiental (PDA) de la intercomuna Chillán-Chillán Viejo es un ejemplo claro de cómo en una política pública de tanta trascendencia se termina privilegiando lo efectista por sobre lo efectivo. Vigente desde 2016 y críticamente desfinanciado, en la anterior administración los programas de recambio de calefactores y de aislación de viviendas apenas alcanzaron un cumplimiento de 4% y 5%, respectivamente.

Pero lo que es peor aún, es que la compulsión por anunciar soluciones al mayor problema de salud pública que sufre esta conurbación fue heredada por el actual Gobierno. La promesa que hizo a principios de abril la nueva autoridad ambiental del Bío Bío, en cuanto a revisar el PDA y corregir su funcionamiento solo fueron palabras sin una correlación práctica. Hoy, de hecho, ya sabemos que en ésta -como en otras materias- a la región madre le importa bien poco lo que ocurra en Ñuble.

Por otra parte, el nivel local también parece estar contagiándose con esta compulsión a anunciar soluciones, ya que el delegado presidencial de Ñuble convocó a una comisión intersectorial de delegados ministeriales y les puso un plazo de 15 días para entregar un diagnóstico y propuestas, sin embargo, ya han pasado dos meses y a la fecha no hay noticias de esos informes. Mientras tanto, la intercomuna Chillán-Chillán Viejo sigue ubicándose entre las tres ciudades chilenas con peores índices de material particulado 2.5, el contaminante más fino y peligroso para la salud de las personas. 

Los resultados de cualquier análisis nos interpela a recordar que ya se cumplen dos décadas de debate sobre el problema y tres años de la implementación del Plan de Descontaminación Ambiental (PDA), sin embargo, al igual que el año pasado y los anteriores, los avances serán muy cercanos a cero. 

El PDA, la supuesta solución a todos nuestros males, le quedó grande al anterior Gobierno, pues el Ejecutivo nunca lo dotó de financiamiento para la ejecución de sus medidas estructurales. Y todo nos lleva a pensar que las cosas no cambiarán en el corto plazo, pues desde la actual administración reconocen que no tienen recursos, de modo que 2018 será otro año perdido. 

El camino para descontaminar la intercomuna puede ser extremadamente largo si le sumamos errores propios, y llegar a ser eterno si persiste este rito de prometer mejoras y cambios que nunca se concretan, como si la aparatosidad de los anuncios fuera suficiente para que los habitantes de Chillán y Chillán Viejo dejen de padecer el riesgo de contraer enfermedades cada vez que aspiran una bocanada de aire en otoño e invierno.