Ñuble agrícola

El decidido impulso a la forestación iniciado en 1974 se puede observar en el paisaje rural, sin embargo, mientras esta industria crece, la agricultura tradicional desaparece. Según el último censo agropecuario, en 10 años la superficie de plantaciones forestales en la Región se incrementó 72,7%, y por otra parte, en el mismo periodo, la superficie agropecuaria con actividad se redujo en un 31,7%. 

Por otra parte, al revisar las estadísticas de exportaciones de las pymes agropecuarias y forestales entre 2014 y 2017, se observa una evolución positiva de las forestales y un retroceso de las agropecuarias, lo que se explica en buena medida por el comportamiento de los precios. Al comparar el periodo enero-octubre del presente año con igual periodo del año pasado, se registra una caída de 39% de los envíos agropecuarios, y un aumento de 67% en los envíos forestales. 

Una de las principales amenazas que enfrentan los exportadores agropecuarios es la volatilidad de los precios de los productos en los mercados internacionales, principalmente de aquellos cuyas variaciones de stock son significativas, como ocurre, por ejemplo, con la fruta congelada y los cereales, es decir, con los commodities agrícolas. 

Los especialistas coinciden que las pymes agroalimentarias de Ñuble están enfrentándose a una situación coyuntural, por el ciclo de los precios, pero también a un problema estructural.

Desde una perspectiva general, el precio de los productos agroalimentarios es el resultado de la abundancia o escasez de productos agrícolas disponibles en el mercado y de las expectativas futuras del comportamiento de la oferta y demanda. En ese escenario, no es una tarea trivial  predecir el precio futuro, salvo en el caso de los productos agrícolas tipo commodities, donde la incertidumbre genera decisiones erradas en las intenciones de siembra, y obliga a los productores a funcionar bajo la lógica de commodities, sin tener la escala de producción suficiente para alcanzar un costo medio competitivo, lo que termina siendo un problema estructural. 

Esta combinación de factores coyunturales y estructurales hace más complicado el análisis y la búsqueda de soluciones, no obstante lo real es que el sector transita por una zona de riesgo. 

Esta amenaza, además, pone de manifiesto la desigual atención que ha puesto el Estado con estas dos actividades y las enormes inequidades que han resultado de dicho error. Por lo mismo, el foco de la política pública debe cambiar. En vez de escuchar tantos argumentos para convencernos de prolongar el DL 701 o cambiarlo por otro instrumento que permita seguir entregando millonarias bonificaciones al sector forestal, el tema que debería movilizar las voluntades políticas es cómo evitar que la agricultura resulte disminuida como consecuencia del desarrollo forestal. 

Es un asunto de coherencia. Si se pretende ser potencia agroalimentaria, el Estado debiera comenzar por impulsar políticas de fomento al agro, tal como se hizo con la industria forestal, e incluso más. En Ñuble, la agricultura no es una actividad económica cualquiera, es una expresión cultural, una gran generadora de empleos y su desarrollo tiene un carácter estratégico para la naciente región.