Schleyer y Circunvalación marcan la pauta en la integración social

La integración social es un tema que viene dando que hablar en Chillán desde hace varios años y tuvo como un hito fundamental el inicio de la construcción de la Circunvalación Oriente, vía rápida que unirá de manera eficaz y en corto tiempo barrios hasta ahora desconectados y con marcadas diferencias sociales, como Los Volcanes  con la Villa Barcelona y el Jardín del Este.

Un segundo punto de inflexión fue el inicio de las faenas para levantar cinco torres de departamentos en el sector de Schleyer, donde quedan unos pocos retazos del antiguo parque soñado por el filántropo Juan Schleyer, quien donó en la década del 30 el terreno al municipio. El proyecto generó oposición de vecinos del lugar y beneficiarios de los edificios acusaron discriminación, por tratarse de viviendas sociales.

Lo que encendió finalmente la discusión nivel nacional  fue la construcción de departamentos o viviendas sociales en un céntrico sector de Las Condes, Región Metropolitana,  a partir de lo cual surgieron detractores y partidarios de una política liderada por el alcalde Joaquín Lavín que apunta a hacer converger en un mismo espacio a familias de diferentes sectores sociales.

En el sector de Schleyer, donde en el pasado surgieron villas de profesionales de clase media como la Población Pedro Lagos, se instalarán edificios orientados a familias que por años vivieron de allegados a la espera de ser favorecidos por el Ministerio de Vivienda (Minvu) a través de planes habitacionales. Tras el anuncio de la construcción de los departamentos, que buscan una integración social en el sector, comenzó una campaña que defensa a ultranza de la idea del Parque Schleyer que se pretendía construir en la zona, que para algunos de los futuros propietarios de los nuevos departamentos correspondía a una fórmula encubierta para rechazar la presencia de los nuevos inquilinos.

Más allá de la polémica a esta altura estéril, pues los departamentos exhiben un avance notorio y pueden ser entregados a sus propietarios en marzo del año 2019 -antes de la fecha estipulada inicialmente-, el delegado de Vivienda de la Región de Ñuble, Rodrigo Saavedra, enfatiza que el plan de integración social es una realidad que está incrustada en las políticas habitacionales del actual Gobierno. Saavedra agrega que la integración social corresponde a una nueva forma de concebir la ciudad, donde el desarrollo de las urbes rompe las barreras sociales y se concibe a la ciudad como una unidad territorial homogénea.

El delegado recalca que “todas las personas que habitan en una ciudad tiene el derecho a los beneficios del progreso de la misma manera y por ello a viviendas de calidad y a entornos dignos y concebidos para el máximo disfrute de las familias”. En el caso de Schleyer, subraya que las familias que llegarán a vivir en el sector tienen por lo tanto el pleno derecho de disfrutar de los beneficios del progreso y los servicios disponibles para ellos.

El programa de integración social se basa además en la necesidad de que se ocupen “vacíos urbanos” o terrenos que en la actualidad se encuentran inutilizados y que perfectamente pueden ser usados para proyectos habitacionales.

¿Está Chillán integrado?

El sociólogo Daniel Fuentes Almendra destaca que “cualquier tipo de integración dentro de un sistema urbano fragmentado resulta positiva”.

El académico universitario recalca que en el caso del barrio Schleyer, lo que está ocurriendo es que un terreno privilegiado se potenciará un sector que tendrá sus propias particularidades.

Fuentes, que concibe un barrio como “un espacio diverso de convivencia social”,  valora la emergencia de estas construcciones avaladas por políticas gubernamentales.

“El hecho que aún en nuestra ciudad queden espacios para hacer barrio es notable, teniendo en consideración que el uso de suelo urbano está al arbitrio de la especulación inmobiliaria, que en demasiados casos construye pensando en maximizar la ganancia sin integrar los espacios urbanos, estableciendo unidades cerradas al entorno”, remarca el sociólogo.

Fuentes Almendra teme que lo que esté ocurriendo es que quienes habitan en la actualidad en los alrededores “ven en la plusvalía de la propiedad un fin en si mismo, entendiendo que el valor de  sus propiedades descenderá”.

El profesional agrega que la postura que debieran asumir es diferente y aceptar la convivencia “en espacios que perfectamente podrían recrear eso que llamamos barrio”.

El arquitecto Claudio González Oisel plantea una posición similar, apoyando la integración social en la ciudad,  presentando cierto desencanto respecto del rechazo de sectores más acomodados a convivir con personas de otro grupo social.

González explica que “las personas que se oponen, primero que todo prefieren mantener la plusvalía de su propiedad y luego vienen otros argumentos” que le dan forma a aquel rechazo.

Discriminación

Quienes saben mucho de rechazo son las personas que vivirán en los 100 departamentos que el Servicio de Vivienda y Urbanismo levanta en el sector Schleyer.
Maritza Flores, dirigente histórica del Comité Ángel Gabriel que tendrá casas en la zona tras casi 20 años de espera, reconoce que desde que se supo del proyecto se dieron cuenta del repudio de los vecinos establecidos, igual que ellos en terrenos de lo que pretendía ser el Parque Schleyer.

Maritza Flores remarca que “la integración en todas sus facetas, incluyendo la barrial, no puede sino ser un objetivo deseable, sino que inevitable”.

Flores y la directiva destaca que lamentablemente “hoy nadie públicamente se opone a algo que es tan evidente, sin embargo el doble discurso, también parte del alma chilena, lleva a disfrazar la oposición a estar cerca de supuestos pobres, a los que atribuyen los males asociados, pérdida de estatus, valor de sus propiedades, delincuencia. Prejuicios que también sabemos han sido causante de tantos males y dolores irreparables a las personas y familias”.

La dirigente alega que “en nuestro caso hemos sentido de muy cerca este rechazo, el que se ha disfrazado de una defensa del deseo del donante de nueve hectáreas a la ciudad de Chillán para un parque, lo que siendo un objetivo loable no da cuenta de hechos evidentes como que se nos pretenda presentar a nosotros, que ocupamos solo el último 4% del terreno donado disponible, como los que estaríamos impidiendo el objetivo de la donación, cuando sabemos que el restante 96% lo han ocupado, década tras década, los que hoy defienden el parque”. 

Agrega que el sitio en el que serán emplazados los departamentos corresponde a una “fracción menor que durante decenios ha estado abandonado, donde ni siquiera se han dado el trabajo de generar un proyecto en el pasado que los hubiera aproximado a un área verde. Quizá si la energía que hoy han demostrado para oponerse a nuestras viviendas la  hubieran destinado a invertir en ideas y trabajo para hacer proyecto, tendrían mejores resultados”.

Agrega que para oponerse al proyecto han levantado toda suerte de argumentaciones e incluso han llevado la iniciativa a la Justicia, para que ordene su paralización, lo que no ha ocurrido.

“Nos gustaría que nos dijeran en nuestra cara cuáles son las razones que llevan a esta oposición radical, para conversar y mostrar que no solo es un perjuicio dañino, sino que nos conozcan y vean que somos bastante similares, chillanejos y que no mordemos ni tenemos pestes. No nos escondamos en objetivos loables como parques y descontaminación, para no asumir que eso solo encubre prejuicios que debemos abandonar para darle a nuestros hijos una mejor forma de enfrentar la vida, sin ver enemigos ni amenazas fantasmas que solo existen en nuestras mentes”, concluye. 

Circunvalación integradora

El debate respecto de la integración comenzó en rigor en la ciudad el año 2012, cuando comenzó a tomar forma la Circunvalación Oriente y se planificaron vías alternativas a las actuales que acercarán por ejemplo la Villa Barcelona y las del sector nororiente a otros complejos habitacionales en desarrollo, ubicados en la zona oriente, integrando completamente a aquella parte de la urbe.

La nueva Avenida Circunvalación que se propone para la intercomuna Chillán y Chillán Viejo constituirá, cuando esté terminada por las empresas inmobiliarias que desarrollan proyectos en su trazado, todo un hito en materia de conectividad.

La arteria, que ya está completamente diseñada en el marco del Plan Regulador Intercomunal, tiene solo tramos construidos en el sector oriente, y su grueso debe comenzar a ser levantado por las constructoras e inmobiliarias en la medida que vayan generando nuevos barrios en la periferia de la ciudad. Desarrollar las millonarias obras vinculadas a la nueva circunvalación es una obligación de las empresas constructoras, pues su materialización está garantizada por el Plan Regulador Intercomunal. 

La circunvalación estará formada por una suma de avenidas ya levantadas y otras por construir. Una de ellas es la llamada Avenida Circunvalación Oriente, que cruza calles como Río Viejo, Alonso de Ercilla, el llamado camino antiguo a Coihueco y llega por el norte a la que se denominará Circunvalación Norte. En el caso de esta, va desde la Ruta N-45 camino a Cato hasta la Panamericana, para pasar desde ahí a la futura Nueva Poniente.

Por el lado sur, en tanto, los segmentos Oriente y Nueva Poniente se unen mediante el arco que forma la prolongación tanto hacia el este como al oeste, de la Avenida San Bartolomé en Chillán Viejo.

Para los alcaldes de Chillán y Chillán Viejo la circunvalación constituye un hito de relevancia, pues es la mejor fórmula para acortar los viajes dentro de la intercomuna, sobre todo en aquellas zonas con mayor desarrollo inmobiliario y que carecen de una adecuada conectividad, hoy las zonas oriente, norte y poniente, en el sector del Parque Lantaño.

En Chillán uno de los efectos de la avenida, definida como la “Américo Vespucio” local, en alusión a la circunvalación capitalina, es que atravesará barrios consolidados, uniéndolos con otros que tendrán un desarrollo exponencial en los próximos años.

Desde esta perspectiva hay una serie de proyectos inmobiliarios presentados a la Municipalidad que tendrán la obligación de construir la arteria.  A eso se agrega que el área norte verá desarrollarse a través de iniciativas de diversas empresas como Socovesa, que llevarán a que se levanten más de 1.500 casas.

Y para el sector poniente, Pacal ya presentó anteproyecto para levantar nuevas casas en terrenos ubicados en lo que sería el radio de acción de la circunvalación Nueva Poniente.

Uno de los efectos concretos de la circunvalación en la zona oriente es que unirá barrios que han estado separados y absolutamente incomunicados, como el oriente y el norte, pese a estar a corta distancia.

Ambos tienen perfiles totalmente diferentes, de tal manera que mientras hacia el este se levantan viviendas sociales y de clase media, el norte, en su prolongación hacia Coihueco, Cato y las parcelas Bernardo O’Higgins, está el polo de desarrollo inmobiliario de viviendas de alto estándar. Barrios como Los Volcanes y Lomas de Oriente quedarán a un paso de los conjuntos residenciales del Jardín del Este y las Villas Barcelona y Emmanuel.