Lacalle y Mosquera piden transparencia al obispo

Andrés Lacalle, quien llegó a la Diócesis desde Burgos, España en 1960, un año después del nombramiento de Carlos Pellegrin como obispo de Chillán en 2006, envió una carta a todos los sacerdotes de Ñuble donde advertía un cambio autoritario en el proceder del obispo. 

Asegura que es un “cura de campo” y que en un año y medio solo ha asistido a dos de los encuentros reflexivos que se realizan el primer martes de cada mes en Casa Tabor, presididos por el obispo. Su desacuerdo se manifiesta en que él mismo pidió renunciar a dirigir la parroquia de Quirihue, ocupando solo el cargo de vicario auxiliar. 

 -¿Qué opinión tiene de la crisis que afecta a la Diócesis por las denuncias de abusos contra menores?

-Es una pena, pero por otro lado está bien, porque estamos pasando por un momento en el que ya es tiempo de que seamos más formales, más de Dios, dedicados a lo nuestro. Yo pedí mi retiro de párroco justamente porque no sintonizo con la forma en que se está llevando la Diócesis. 

-¿Son responsabilidad de Carlos Pellegrin los errores que se han cometido en la Diócesis?

-Es responsabilidad de él, del obispo, porque no es ningún cabro chico, así que si actúa mal agradezca que se lo advierten. En las reuniones hemos advertido lo que vemos mal, pero es responsabilidad de él actuar de manera correcta. 

-¿Qué es lo que está mal en la Diócesis?

-No me gusta opinar de los casos particulares porque cada uno es responsable de su actuar. Yo creo haber sido consecuente con mis principios, con mi voto de pobreza, autenticidad y sinceridad. Siempre he dicho que nos condenan tres palabras: el poder, el tener y el placer, cuando se ponen primero esos principios es cuando empiezan los problemas. 

-¿Le sorprendieron las acusaciones de abusos?

-No me sorprendieron los casos de abuso, lo que me sorprende es que no se hayan revelado los otros que dicen que hay. Un día apareció que de 16 había ocho, que no tenemos idea quiénes son, porque no se nos ha dicho. Desde entonces estamos seré yo o yo. No sabemos quiénes son, esto se debe transparentar. Porque esto afecta a los laicos, a los miles de cristianos que hay en Ñuble, que realmente merecen respeto y apoyarles, y pedirles perdón porque ellos son verdaderamente las víctimas. 

Casos deben pasar por tribunales

Manuel Mosquera, párroco de Coihueco, arribó a Ñuble desde España hace casi 50 años. Admite que le preocupa la ausencia del voto de pobreza en la Diócesis, que se debe demostrar “en el compromiso de mejorar el mundo”. Por esto, mientras estudia sus libros de psicología en su casa de madera al costado de la parroquia para sus clases del Colegio Lorenzo Mondanelli, del que es director y fundador, piensa en su próximo proyecto: cómo conseguir una lancha para  poder rescatar a las personas desaparecidas en El Tranque de Coihueco. 

En esta entrevista es cauteloso al nombrar al obispo, y prefiere no recordar un acto de rebeldía que demuestra su compromiso con la austeridad y que los laicos no olvidan: en la celebración de la clausura del Año de la fe en 2013, cuando Pellegrin convocó a una celebración ostentosa en el estadio, él prefirió celebrar con su comunidad en Coihueco. 

-¿Cómo evalúa el actuar del obispo al comunicar las denuncias?

-Mi impresión es que los obispos en general en estos casos de abusos, se han sentido confundidos. No han sabido cómo manejarse en esta situación, y esto les está enseñando a aprender. Este es un azote que de alguna manera nos hace reflexionar, y sobre todo evitar que esto ocurra. Se tiene  que revisar un poco la formación en los seminarios, el ingreso de personas al sacerdocio, y es un tiempo en la Iglesia difícil porque estos abusos no se producen de un día para otro, sino que hay todo un historial detrás que yo creo que hay que analizar.

-¿Cómo se debe revisar el sacerdocio?

-Los sacerdotes deben cuidar una vida de pobreza, de austeridad, de oración, porque no somos más que las demás personas, somos iguales, pero con una carga encima muy difícil. 

-¿Cómo se explica usted que ha estado siempre en contacto con niños que un sacerdote pueda abusar de ellos?

-Me parece terrible, lo considero un crimen. No me imagino cómo se pueda llegar a eso, es algo muy doloroso que se pueda abusar de un niño. 

-¿Deberían enfrentar la justicia civil?

-Por supuesto, tienen que enfrentarla, yo no sé por qué hasta ahora ha habido ese no llegar a la justicia. Es indudable que la justicia civil tiene que intervenir y que la información tiene que llegar a ella.

-¿El obispo debería decir la información a la justicia oportunamente?

-Sí, se debería actuar con absoluta transparencia, de modo de no ocultar nada.

-Esa penitencia de tres años -caso Renato Toro- que una autoridad eclesiástica puede aplicar es suficiente….

-No, se necesita que pase por la justicia. Yo creo que la Iglesia universal está un poco en una actitud en este sentido, en que las cosas pasen por los tribunales civiles, porque lo otro es como un privilegio.

-¿Tiene que cambiar esta visión en que el obispo decida todo y los sacerdotes no sean escuchados?

-Se ha perdido algo que creo que es muy importante en la función de un obispo:  el obispo debe ser una persona que acompañe a los sacerdotes de su Diócesis en todo orden. Ahora puede haber un obispo que no visite a un sacerdote en dos, tres, cuatro años, se olvidan de que eso es lo principal, y entonces se dedican a otra cosas que muy bien pueden delegar a otros. La cercanía del obispo con los sacerdotes debe ser de un hermano mayor.