Caída de la inversión

Pese a que indicadores nacionales dan cuenta de una reactivación de la inversión, en la nueva Región de Ñuble aún no se perciben sus efectos, de hecho, las estadísticas locales muestran un deterioro del mercado laboral debido precisamente a las débiles cifras de inversión.

Al revisar los proyectos ingresados a tramitación en el Servicio de Evaluación Ambiental durante el primer semestre se advierte una caída de 37% en los montos involucrados en comparación con igual periodo de 2017, pese a que en dicha época se enfrentaba una desaceleración económica.
Sin embargo, hoy, con un Gobierno de derecha que cuenta con el amplio respaldo del mundo empresarial, el escenario en Ñuble, lejos de mejorar, ha empeorado.

Si bien hay elementos que se han transformado en grandes desincentivos a la inversión, como la reforma tributaria promulgada en la administración anterior o las trabas burocráticas que enfrentan las iniciativas, como por ejemplo, en los procesos de evaluación ambiental, es importante poner atención también a los factores que colocan a Ñuble en una desmejorada posición.

Desde los gremios empresariales de la nueva región existe cierta coincidencia en que Ñuble no ha sido capaz de generar un ambiente favorable para la inversión. El propio delegado presidencial Martín Arrau ha planteado que se requiere con urgencia de un plan integral de atracción de inversiones, que no solo apunte a promocionar las ventajas del territorio para el desarrollo de proyectos, sino que también aborde aquellas deficiencias estructurales que impiden a la región convertirse en un destino atractivo para los inversionistas.

Y es que más allá de contar con características geográficas favorables para el desarrollo agropecuario, agroindustrial y turístico, por nombrar algunos sectores, el déficit de infraestructura vial, de conectividad digital y de capital humano calificado, hacen difícil la misión de conquistar capitales o de empujar el emprendimiento local.

Por ello, los líderes de la zona han sido enfáticos en plantear la necesidad de impulsar inversiones públicas que sean capaces de apalancar proyectos privados. Eso, como un primer paso. Sin embargo, la deficiente capacidad profesional de la mayoría de las entidades públicas para postular proyectos bien formulados a financiamiento estatal constituye una debilidad estructural que hay que abordar.

Por otro lado, si bien son escasas las herramientas que existen a nivel regional y comunal para generar incentivos directos, como las exenciones o rebajas tributarias, éstas no se usan. Por ejemplo, los 21 municipios cobran la tasa máxima de gravamen por patente comercial, es decir, 0,5% del capital propio, pudiendo rebajar dicho impuesto a la mitad.

La realidad muestra que hoy los inversionistas están más cautelosos y que la atracción de inversiones supone un esfuerzo mayor que el necesario hace cinco años, lo que le impone a Ñuble un desafío de gran envergadura, que requerirá de un liderazgo que logre sumar a los actores locales en torno a esta misión, un esfuerzo ineludible para una región que no puede ni debe condenarse a vivir en un rezago crónico.