La triste historia de las primeras trillizas del hospital de Chillán

Hace 65 años atrás, el nacimiento de las “Tres Marías” fue hecho que marcó la historia del hospital de Chillán, ya que tras ser inaugurado en 1945, ninguna mujer había dado a luz a trillizas. 

La edición del 7 de marzo de 1953 de diario La Discusión dedicó parte de sus líneas a Graciela Muñoz Sepúlveda, una joven, de 24 años, quien se había convertido en madre por segunda vez  de María Cristina, María Angélica y María Eugenia, quienes en el presente revelan una triste historia de carencias afectivas, pérdidas y esfuerzo.

“La matrona nos informó que en los últimos 15 años que trabaja en el hospital, no había conocido un triple parto. En 1941 le correspondió al doctor Verdejo un caso de siameses cuando recién se inauguraba el Herminda Martín. (…) “Es la primera vez que me tocan trillizos así que imagínese cuánta será nuestra alegría”,  señalaba en aquella época la profesional Dora González.

La historia hablaba de un modesto matrimonio de la Población Santa Elvira que requería ayuda, ya que Manuel Muñoz era trabajador de la construcción y ella una dueña de casa, ambos ya tenían una hija de 11 meses de edad y pasaban por serias dificultades económicas. El llamado en el diario fue atendido por decenas de personas que deseaban conocer a las trillizas y aportar a su bienestar.

Hoy lejos de ese trato solidario,  las trillizas cuentan que la vida no las trató bien. Su madre murió a los 26 años en medio de un embarazo complejo y parte de su infancia la pasaron en hogares de menores,  por lo que más tarde, siendo niñas aún se vieron forzadas a trabajar para poder vivir.

“Como mi papá nos dejaba solas, teníamos que trabajar por un plato de comida, nos mandaban a realizar el aseo y lavar los platos. Estuve en el hogar Buen Pastor, porque eran siete hermanos y mi papá no se podía hacer cargo de todos”, relató Eugenia Muñoz.

Hace 35 años, Eugenia se desempeña como asesora de hogar en San Joaquín, en Santiago, donde tiene su “segunda familia”, que la ha apoyado en momentos difíciles que vivió cuando fue diagnosticada de cáncer de mama por segunda vez.

“Mi padre tenía cosas buenas y malas, nunca lo traté como tal, solo como “Manuel Muñoz”, ya que con la segunda señora me pegaban mucho, ella inventaba muchas cosas de mi. (…)Nunca tuve hijos, porque no quería que pasaron lo mismo que yo, porque es muy triste cuando no tienes mamá y se aprovecha toda la gente de ti.  No recibí sueldo, me pegaron, no sentí la perdida de mis patrones que tuve en Chillán donde trabajé desde los 15 años, ya que no me trataron bien”, reconoció.

Angélica también encontró un “segundo hogar” en el sector de Quilamapu, donde trabaja hace 6 años. Allí trascurre la mayor parte del tiempo y el resto en su nueva casa que adquirió camino a Quilmo.

Su vida también ha tenido días grises. Su mayor tristeza fue la pérdida de su hija Graciela, quien murió a los 26 años en un accidente de tránsito, camino a Portezuelo. 

“Cuando nació mi hija le envié una carta a su papá que vivía en Concepción, pero nunca me respondió, no se quiso hacer cargo y yo no le rogué. Sin embargo,  Ella lo quiso conocerlo  tras egresar de cuarto medio, y cuando lo logró me dijo: “no me perdí de nada”. Graciela trabajaba en la Junaeb, cuando sufrió el accidente. A nadie le doy ese dolor”, reveló.

En Talca vive María Cristina junto a su hijo, de 34 años, quien es contador auditor, cuyos estudios fueron posibles gracias a su esfuerzo. Al igual que sus hermanas, ejerce como empleada doméstica y carga con el dolor de vivir con un cáncer al esófago.

“En su infancia sufrió lo mismo que nosotras, ahora está un poco más recuperada de su enfermedad, pero con problemas a la vista que han complicado su existencia, no ve casi nada”, comentó Angélica.