Editorial | ¿Densificar o expandir?

  • Por: LaDiscusion.cl
  • Fotografía: Mauricio Ulloa

Las ciudades crecen y se desarrollan y existen diferentes formas de hacerlo, con mayor o menor planificación, con más o menos densificación, con mejor o peor infraestructura. En el caso de Chillán se ha dado una dinámica regresiva, ya que el crecimiento ha carecido de una mirada de planificación, desarrollándose de forma desordenada, generando costos que habrían podido evitarse si se hubiese realizado organizadamente. 

La semana pasada se conoció un informe del Ministerio de Vivienda y Urbanismo (Minvu), donde se constatan dos situaciones muy relevantes para una adecuada planeación de su crecimiento. Primero, que la capital de la nueva Región de Ñuble tiene una densidad de viviendas por habitantes de 22,12, la tercera tasa más alta del país entre las 16 ciudades incluidas en el estudio; y segundo, que ha utilizado solo el 51% de su área urbana disponible, que alcanza una superficie de 6.092 hectáreas. 

Este aparente triunfo de la densificación por sobre la expansión trae aparejado varios peligros. Primero, creer que la expansión y la urbanización de la periferia perdieron fuerza, cosa que está lejos de ocurrir. Segundo, pensar que dejar operar al mercado sobre la planificación resuelve los problemas de la ciudad y su configuración. 

Precisamente, el alto valor del suelo en el centro y zonas pericéntricas de Chillán ha llevado a los inversionistas a posar su mirada en grandes paños de terreno que se encuentran en la superficie urbana aún no ocupada. Lamentablemente, ese crecimiento se ha dado de manera inorgánica y sin la adecuada conectividad, tal como ha ocurrido con el sector suroriente y Parque Lantaño, cuyos habitantes sufren a diario la congestión vehicular. 

Se trata de una constante que se cumple a cabalidad: el sector privado va adelante de la planificación, lo que obliga a las autoridades a ir adecuando dicha planificación al crecimiento real, es decir, a ir detrás. Pero ello no debiera ser así, puesto que la ciudad puede definir con antelación los principios orientadores de su desarrollo urbano, que se plasman en instrumentos de planificación territorial.

¿Cuál debe ser entonces el modelo de crecimiento de Chillán? ¿Extenderse en las 2.970 hectáreas que le quedan? ¿Apostar por la compactación, asociada a una mayor densificación y fomento de la construcción en altura? 

Las ciudades compactas permiten aprovechar las obras de urbanización y servicios ya existentes, sin embargo, el crecimiento en densidad también deriva en alzas de precio del suelo y desplazamiento y segregación de las familias de menores recursos.

Por otra parte, apostar por el crecimiento expansivo periférico no parece recomendable, dado que la experiencia nos muestra que hasta ahora solo ha generado efectos adversos en materia de transporte, dotación de servicios públicos y equipamiento urbano. 

La realidad es que estamos a medio camino entre uno y otro modelo de crecimiento y lo razonable, más que plantear el problema desde un enfoque binario, sería avanzar hacia una planeación mixta que considere ambos fenómenos: la densificación de las áreas centrales y pericentrales, y una expansión regulada con instrumentos de planificación que anticipen ese desarrollo periférico. 

De la respuesta concreta y oportuna que se le dé hoy a esta problemática dependerá la ciudad que le dejemos a las futuras generaciones. Convertir el crecimiento habitacional en desarrollo y calidad de vida es posible, pero solo si la planificación urbana dirige y regula bien las fuerzas del mercado.